En búsqueda de una identidad musical


Noticia
Por Fredy Vallejos

Si tomamos como punto de partida, la teoría de Jaques Attali, en su libro llamado “RUIDOS, ensayo sobre la economía política de la música”, la cual propone que: “…la música es un medio extraordinario de preveer el futuro de las sociedades y de prevenir su suicidio”; la evolución de la obra de Maiguashca es una especie de profecía de la actual coyuntura cultural —no tan solo ecuatoriana sino latinoamericana e incluso universal—, de la búsqueda de una identidad propia. Reflexiones de algunos de sus textos como “¿Existe lo nuestro?”o aun “¿Qué es ser Latinoamericano?,” dan prueba de ello.

Efectivamente en la sociedad actual, donde a causa del mercado global todo tiende uniformizarse, surgen nuevas expresiones con un objetivo común: promover expresiones colectivas hasta entonces menospreciadas o —por lo menos— ignoradas por la gran mayoría del público. No obstante, si no existe un trabajo de investigación serio (¡entre otras cosas!), ciertos elementos se transforman y dan a luz formas que en lugar de resaltar lo propio, no hacen más que adaptarlo a formatos preestablecidos, con la consecuente pérdida de dichas tradiciones, o el surgimiento de un cierto Voyeurismo cultural.

Al respecto, Mesías Maiguashca, insiste constantemente (tanto en sus escritos como en sus conferencias o entrevistas) en la importancia de lo que el llama sus “dos almas musicales”: de un lado, el folclor y la música popular ecuatoriana; y del otro, la tradición de la música europea. A lo anterior yo añadiría la importancia de una búsqueda reflexiva propia, una manera de pensar el mundo que se inscribe dentro de la herencia del pensamiento occidental, pero sin olvidar, sin perder contacto con “las raíces”, con el mundo Ancestral. Esto se ve reflejando —como lo expuso Mesías en su conferencia del lunes 9 de noviembre: A la búsqueda de una estética musical Andina—desde la primera etapa de su producción en obras como Ayayayayay: pieza electroacústica donde el mundo sonoro ecuatoriano (naturaleza, urbe, voces humanas, música…) es puesto en un primer plano junto a un discurso que explora nociones claves de la pensamiento musical de la época como el paisaje o el objeto sonoro (en el sentido Shaefferiano del término), o aun la asociación de las hasta entonces opuestas música concreta y música electrónica.

La confrontación de las dos almas musicales continúa en obras como Agualarga (para dos pianos, percusión y electrónica, inspirada en la música de la costa ecuatoriana), El oro (para flauta, chelo y cinta magnética, reflexión sobre los 500 años del mal llamado “descubrimiento” de América), El Nahual, Cholyadas-Tarkyadas-Sikuriyadas, el Boletín y elegía de las mitas, La canción de la tierra o aun en el muy reciente ...por el Yasuní (para violín, chelo y electrónica) donde el pensamiento musical converge con elementos sociales y políticos de la realidad ecuatoriana.

Todo lo anterior nos hace pensar en la célebre frase de Aimé Cesaire: “Hay dos maneras de perderse: por segregación amurallada en lo particular, o por disolución en lo universal”. El trabajo compositivo de Maiguashca es una respuesta esperanzadora a la advertencia de Cesaire. No debemos cerrarnos al mundo pero tampoco debemos perdernos en el —y menos aun de manera inconsciente—. Encontrar una voz propia que sea capaz de dialogar con otras maneras de interpretar el mundo no es una tarea fácil, pero es la tarea. Bien nos de recordaba Mesías en la ya mencionada conferencia:

“Creo que nosotros los indios andinos no hemos llegado a reconciliarnos con las historia”

Ya en 1976 Jorge Enrique Adoum lo sugiere en su célebre novela Entre Marx y una mujer desnuda:

«… cuando queremos librarnos de la infección cultural de la moda, europea o norteamericana … lo que hacemos es exaltar un proletariado nacien(inexisten)te, que no tiene conciencia de clase y menos aún de sus posibilidades de futuro, que va a misa, que se avergüenza de sus manos con callos y de su ropa con remiendos, que aspira a que sus hijos sean abogados y sus hijas secretarias … O describimos al indio que sólo conocemos por fuera o de paso, como si siempre lo hubiéramos mirado desde la ventanilla de un tren en marcha, árbol, piedra, vaca o choza: elemento de la geografía pero no de la historia… Ya antes de que naciéramos Mariátegui nos ponía en guardia contra el realismo que se aparta de la realidad: se basa en ficciones estéticas, simple postal de viaje, estampa folklórica, anuncio de turismo. Y en ficciones políticas, que es lo peor, porque es un realismo que idealiza. »

De otro lado quisiera anotar que —personalmente—, encuentro en la música de Maiguashca, una invitación a abrir nuestra mente, a negar los dogmas, los sistemas tan atrayentes y aseguradores. Es claro que no es un camino fácil, sobre todo ahora, donde todo está al alcance de la mano —basta tan solo con apretar un botón—, donde se nos impide pensar por nosotros mismos y se nos bombardea de una manera indiscriminada con imágenes y sonidos que nos ordenan que música escuchar, que estilo de vida adoptar.

Así, entre más fuerte, más tiránico sea el sistema, mas espontánea será la reacción del auditor, hasta entrar en el dominio, no tan bienvenido, de lo previsible. Si por el contrario el sistema es fluctuante, estaremos expuestos al libre albedrío, nuestra percepción deberá pasar por la reflexión, la voluntad de apropiar, la necesidad de re-escuchar para poder apreciar. La libertad en la acción de componer-escribir conlleva ineluctablemente hacia una escucha activa, capaz de analizar, de comparar.

La música de Maiguashca logra llevarnos hacia terrenos desconocidos, hacia lugares donde debemos derivar en estado de alerta, de manera crítica y activa. Y es en este punto donde su visión artística converge con los principios y valores de la Universidad de las Artes: pensamiento crítico, interculturalidad, innovación, descolonialidad, libertad artística, Inter y transdisciplinariedad. Gracias Mesías por compartir su valiosa experiencia con nuestra comunidad, pero sobe todo, gracias por su obra, la cual simboliza la articulación de un momento histórico en la vida de nuestro continente: la búsqueda de una voz propia. Parafraseando a Mesías “parece que después de un largo dialogo de sordos, las diferentes partes del alma musical latinoamericana comienzan a dialogar”.

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