¿Existe la industria musical en Guayaquil?, Marcos Vergara investigó el tema


¿Existe la industria musical en Guayaquil?, Marcos Vergara investigó el tema
08 de marzo de 2019

Por su experiencia como productor musical de oficio, Marcos Vergara siempre tuvo inquietudes acerca de la industria musical en el país y si esta tuvo o no fuerza en Guayaquil. Del tema trató de buscar información y lo único que hallaba eran recortes de periódicos y revistas donde en su momento se analizó la situación. Por ello, cuando debió trabajar una tesis, previa a la obtención de la licenciatura de Producción Musical y Sonora, optó por una teórica, más que por una técnica, para poder desarrollar así una investigación propia que sirviera incluso como documento para próximos investigadores.

Se enfocó en la industria musical en Guayaquil en las décadas de los 80 y 90 para delimitar geografías y por el salto que hubo en ese lapso hacia la tecnología y lo digital y los cambios de visión en la venta de discos y estilos de música. Para documentar su tesis entrevistó a personas que estuvieron relacionadas con la industria musical ecuatoriana. Otto Franco, ingeniero de sonido de Fediscos desde 1975 hasta su cierre, a finales de los 90. Elizabeth Flores, promotora y relacionista pública de Fadisa (Fábrica de Discos S.A.), de 1981 a 1983. Y Teresa Brauer, quiteña que a mediados de los 80 estuvo al frente de multinacionales, como Sony Music, y empresas vinculadas a Warner Music, como Universal.

Si bien con lo indagado Marcos halló respuesta a algunas de sus inquietudes acerca de la industria musical en Guayaquil, también surgieron nuevas interrogantes "y seguirán apareciendo", señala. Esto porque las opiniones y experiencias son diversas. Para unos no ha decaído y se mantiene; para otros, la debacle empezó en los ochenta, se afianzó en los noventa y ahora no existe.

Marcos revela que de a poco, y como herramienta de trabajo, fue montando desde hace 10 años MV Studio. De allí la necesidad de saber no solo de los procesos de grabación, sino del mercado musical. "Cuando terminas un producto lo empaquetas con la seguridad de que tiene la calidad para ser consumido, pero ¿sabemos lo que pasa luego con ese material? Hay muchos proyectos artísticos que se quedan estancados y no salen justamente por falta de conocimiento de cómo hacer las cosas".

Convertirse en baterista e inscribirse desde el 2008 en cuanto curso y taller había en el Itae (Instituto Tecnológico de Artes del Ecuador) fue lo más cercano que Marcos asegura llegó al anhelo que abrigaba desde los 14 años cuando se veía como ingeniero de sonido o productor musical. "En el 2003 me titulé como ingeniero agrónomo, pero no era lo mío", dice y agrega que cuando se abrió la Universidad de las Artes (en el 2015) no dudó en apuntarse. Y el esfuerzo tuvo recompensa, anota agradeciendo a su esposa, hijas y padres por el apoyo y ánimo que le dieron para seguir y culminar la carrera en la Escuela de Artes Sonoras. El último peldaño fue la sustentación de tesis que hizo el pasado 28 de febrero.

Tras la defensa de su investigación, Marcos escuchó la calificación del tribunal. Hubo felicitaciones. William Herrera, secretario académico, destacó el proceso y el resultado final, así como el esfuerzo del estudiante. "Sabían que soy padre de familia y que entre el trabajo y los estudios estaba copado; en año debí hacer todos los módulos de inglés para salir en esta promoción", revela con cierto respiro.

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