Job Rosales, estudiante de la EAS, audiciona y logra su espacio como miembro de la OSG


Job Rosales, estudiante de la EAS, audiciona y logra su espacio como miembro de la OSG
07 de septiembre de 2020

“Para mí tocar un instrumento musical es lo más cercano a tener un súper poder con el que influencias a las personas, compartes sentimientos, puedes maravillar o asustar a quien te oye; lo que hagamos definirá el legado e influenciara en el futuro de la sociedad”, Job Rosales. 

Entró a la Universidad de las Artes sin saber tocar el contrabajo, instrumento que había decidió estudiar. Tampoco leía partituras y menos tenía conocimientos de teoría musical. Ahora, Job Rosales Yagual cursa el séptimo semestre de la carrera Artes Musicales y Sonoras en la Escuela de Artes Sonoras y tras presentarse a una audición a la que fue convocado figura ya como miembro de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil (OSG).

Es probable que su caso no sea el único en la UArtes, en cuanto a ingresar sin necesariamente saber tocar un instrumento y tras recibir preparación académica lograr un espacio en orquestas y sinfónicas. No obstante, vale destacar que es por el esfuerzo, la perseverancia y los conocimientos y directrices recibidos de sus maestros que Job Rosales superó que a pesar de haber sentido desde niño vocación para la música, el canto y el arte en su natal Santa Elena no ingresó en un conservatorio, puesto que no lo hubo ni lo hay hasta la actualidad.

Vía correo electrónico InfoUArtes lo entrevistó para conocer de sus procesos y del significativo logro de integrarse como profesional a la Orquesta Sinfónica de Guayaquil.  

“Hace un par de semanas me llegó un correo de la OSG indicándome que estaba convocado a una audición. Yo formo parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Guayaquil (OSJG) y ciertamente era mi primera audición para una orquesta profesional y la segunda de mi vida como contrabajista”. Para entrar a la OSJG audicionó en 2018; esta surgió como un proyecto dirigido y fundado por Dante Anzolini, con el principal objetivo de crear una orquesta joven para que sus integrantes vayan ganando experiencia y aprendiendo desde teoría musical hasta la historia y morfología de la música, “una experiencia para mí en extremo fructífera”.   

En la OSG tocará el contrabajo y ser uno de sus miembros implica tener las mismas responsabilidades que cualquier trabajador y más, ya que junto con el cumplimiento de horarios, trabajo en equipo y eficiencia, como músico deberá estudiar las obras de manera detallada, trabajarlas de forma colectiva y ajustarlas a la concepción del director, para finalmente presentarlas al público.

“Los repertorios cambian al menos dos o tres veces por mes, por lo que los músicos deben preparar estas piezas en una o dos semanas. En la música, la Orquesta Sinfónica se piensa como un instrumento enorme, conformado por muchos otros instrumentos. Así, para el día en que la música llega al público, todos sus ejecutantes tienen la misma concepción de las piezas en mente. Desde características tan básicas, como el tempo y la afinación, hasta ideas más complejas, como fraseo, dirección y sonido. Estas características son definidas en su mayoría por el periodo al que pertenece el compositor y por una gran cantidad de conocimientos morfológicos, armónicos, melódicos, entre otros, siendo el director de orquesta el responsable de unificar la interpretación de los músicos durante los ensayos y el performance”.  

Agrega que a nivel personal formar parte de la OSG es un logro importante y una alegría tremenda, “pues desde que empecé a tocar el contrabajo anhelaba alcanzar esta meta en un país donde la educación musical es casi un privilegio y donde para interpretar estos instrumentos se recomienda empezar bastante jóvenes”.

A nivel profesional, marca una línea llena de cambios y desafíos. “Podría decirse que es mi primer trabajo formal para el que he tenido que redactar una hoja de vida, sacar RUC, facturar. Como músico me acerca a la meta de ser profesional porque me brinda una valiosa herramienta: la experiencia. Aunque aún me siento como un principiante y se me juzgará como profesional, asumiré el reto”, expresa Job Rosales. 

Presentarse a una audición es siempre un desafío, añade y revela que Dante Anzolini, director de la OSG, ha sido amable y paciente con los músicos de la OSJG, “aun así, rendir una audición ante él es un gran desafío. Hay que estar listos para cuando llegan las oportunidades. El correo (que lo convocó) llegó dos días antes de la audición y mientras estaba en exámenes. Estudié tanto como pude y hasta el último día de esperar los resultados estuve en suspenso, preguntándome si lo había conseguido o no”.  

Desde que salió del colegio su objetivo fue entrar a la UArtes, lo cual considera una gran oportunidad para quienes no pueden pagar una institución académica privada. En la Universidad de las Artes, Job Rosales se ha formado con académicos como el docente Paul Velasco, quien dicta la cátedra de contrabajo clásico, y así como él otro de sus alumnos, Pablo Maldonado, audicionó y entró hace un par de años a la OSG.

El profesor Paul Velasco comenta que los artistas docentes de la Universidad de las Artes tienen como propósito procurar que sus estudiantes lleguen a estándares mundiales para que puedan conseguir ser insertados en el ambiente laboral sinfónico de cualquier país.

Paul Velasco se ha desempeñado como instrumentista principal de varias sinfónicas y ensambles de cámara, entre ellas, la Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador, la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador, la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, la Orquesta Sinfónica de Cuenca, la Orquesta de Cámara de la Universidad de Cuenca y Guayaquil Consort. También ha liderado la A.E.C., Asociación Ecuatoriana de Contrabajistas.

Entre sus metas, además de obtener el título de licenciado en Artes Musicales y Sonoras y estudiar una maestría fuera del país, Job Rosales manifiesta tener composiciones solistas para contrabajo, tomando influencias musicales importantes en su vida: géneros autóctonos y clásicos como el metal, rock, pasillo, albazo y sanjuanito.

En su familia no hay músicos profesionales o dedicados por completo a la música. Su abuelo, Epifanio Yagual, toca empíricamente el saxofón e integra una banda de pueblo; recuerda que en su infancia escuchó a su mamá cantar en contados eventos escolares y sociales. “Al inicio mis padres no estuvieron de acuerdo con que estudiara música, pero nunca dejaron de apoyarme y tener fe en mí. Me educaron con espíritu de lucha y perseverancia; suelo perseguir mis metas con persistencia y terquedad. Con la música he aprendido que la disciplina y la constancia valen más que el talento y que las metas sin acciones solo son sueños”.  

La fe que su familia, profesor de instrumento, amigos y novia han depositado en él ha sido fundamental para su crecimiento. Que tiene talento y aptitudes para el camino que decidió tomar le señalan con frecuencia. Job Rosales prefiere tomarlo como un cumplido y una clara muestra de confianza hacía él.  

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