Hacia un equilibrio del ecosistema cultural desde los territorios

Para el diseño de políticas públicas por fuera de la centralidad es importante que la balanza no solo se incline hacia el factor económico de la cultura. Es necesario tomar en cuenta los aspectos sociales, y que estas sean diseñadas en alianza con distintas comunidades para favorecer los valores de la interculturalidad y la preservación de los saberes ancestrales.

La Constitución de Ecuador del año 2008 lo dice: el Ecuador es un país diverso donde la riqueza intercultural y plurinacional se expresa en una gran variedad de prácticas artísticas y culturales a lo largo de su territorio. Esta variedad de manifestaciones demanda la institucionalidad y creación de políticas públicas desde una visión intersectorial en diálogo con ellos. En numerosas ocasiones, las manifestaciones, encuentros y rituales de carácter patrimonial que tienen lugar por fuera de las ciudades más pobladas suelen ser relegados a un enfoque turístico, dejando de lado su trascendencia para las comunidades que preservan determinadas prácticas. ¿Cómo recuperar la cultura desde los territorios?

Dentro del primer Encuentro de Economía y Política de la Cultura, un proyecto de la UArtes en colaboración con la OEI, cuya agenda continúa en desarrollo hasta el día viernes 25 de junio, se ha abierto un diagnóstico para dar cara a posibles propuestas para enfrentar los efectos de la pandemia y otros problemas estructurales que existen desde hace décadas y que tienen que ver con una incomprensión de las funciones de las manifestaciones culturales en sus determinados territorios.

ecosistema cultural
Diablada de Píllaro. Fuente: turismo.gob.ec

Desde los territorios, la gestión se mueve entre dos esferas: la gestión cultural desde las instituciones públicas y las prácticas culturales comunitarias. Fernando Cerón, Presidente de la Casa de la Cultura Núcleo de Tungurahua, remarcó durante la segunda jornada del Encuentro que la práctica cultural es una red muy compleja, y que la palabra “territorio” —con la que se nombra a aquello que está fuera de los centros donde tradicionalmente se articula lo público— “invisibiliza la responsabilidad del Estado hacia ciertos sectores”. Según Cerón, detrás del término “territorio” se esconde un Estado que no se ha podido acercar al desarrollo económico comunitario. En las periferias de la centralidad cultural reina el olvido de un estado excluyente.

Por ejemplo, la industrialización de la ‘Diablada de Píllaro’ es un ejemplo del efecto nocivo que pueden tener las políticas públicas cuando son diseñadas sin tomar en cuenta a sus actores. En esta fiesta, los indígenas salen de su tierra para tomarse la plaza central del pueblo en una reivindicación política. Sin embargo, ahora es común su promoción por parte de marcas cerveceras para atraer turistas, con lo que de alguna manera se ha roto con el sentido sagrado que implica esta tradición. Según el sociólogo, esto afecta a los lazos de la comunidad indígena y, por lo tanto, a su subsistencia desde la comprensión de su sentido original.

Hablar de lo comunitario remite a las personas y a las artesanías que estos colectivos producen y con los cuales construyen sus identidades. Fausto Ordóñez, director ejecutivo del Centro Interamericano de Artes Populares (CIDAP), comparte la situación actual de los saberes artesanales en relación a la producción de artesanías, donde él detecta sus mayores amenazas: la falta de espacios dignos de comercialización, el abandono de los talleres de artesanos, la migración del conocimiento que fractura el tejido social. Esto sumado a la falta de equilibrio en el ecosistema cultural y la ausencia de política públicas, agudiza aún más la pérdida de un conocimiento generacional. Ante este panorama, Ordóñez apunta la necesidad de que existan espacios de formación para los artesanos a nivel superior que no dependan únicamente del aprendizaje en el taller.

Desde una visión más optimista, Isabel Rohn, directora de desarrollo de Cultura y Patrimonio del GAD de Portoviejo, destacó la labor que realizan las instituciones públicas al asumir la competencia del patrimonio y con ello la posibilidad de su puesta en valor, desde una visión educativa e integral. Sin embargo, considera que es necesario que se articule el Sistema Nacional de Cultura y se ancle a sectores estratégicos, y este es uno de los desafíos que se plantea desde su gestión.

Los tres gestores coinciden en la necesidad de que se articule un espacio académico para el fortalecimiento de saberes ancestrales ante la necesidad de un recambio generacional. Para Ordóñez esto es fundamental pues la migración, piensa, ha roto con esa posibilidad. “Tenemos que equilibrar el ecosistema cultural: hay mucha inversión en un sector y muy poco en otros. Si no se equilibra el sistema estaremos celebrando unas cosas y lamentando otras”, dijo refiriéndose a la posibilidad de que el sabor de artesanos se ancle en la exhibición de los museos ante la falta de producción tras su crisis económica.

Según Fernando Cerón, la construcción de políticas públicas culturales puede hacerse desde diferentes miradas, ya sea desde un enfoque comunitario o vinculado al mercado. Sin embargo, no se logra un balance al momento de su creación y se toman en cuenta solamente las cifras y estadísticas cuando existe la posibilidad de crear desde la participación colectiva entre comunidades e instituciones públicas, como es el caso de la construcción de la Agenda Cultural de Tungurahua.

En esta línea, Isabel Rohn resalta que el desafío desde la institucionalidad es la creación de políticas públicas participativas, mas no de escritorio, que puedan generar un impacto a mediano y largo plazo. También considera que desde las instituciones públicas es indispensable la planificación territorial en temas de cultura. Según Rohn, la planificación territorial y la cultura son divergentes, la cultura no es prioritaria en los municipios, por lo que es necesario alinearla a la planificación nacional desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Al mismo tiempo, es necesario que la cultura sea vista de forma transversal con otros sectores como la salud, la educción, la construcción, etc.

Los gestores coinciden en que la implementación de políticas alrededor de sectores estratégicos no excluye la posibilidad de que se mantenga el sentido de sus prácticas si la construcción de las políticas culturales se equilibra con sus actores y no los toma como parte de una periferia desde la que actualmente se construye lo “intercultural”.

Texto: Réplica de La Barra Espaciadora

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