Ingrid Polanco, mejor graduada de Artes Sonoras, llamó generación de valientes a la cohorte de este año

En la segunda ceremonia de graduación de la promoción 2021, que la Universidad de las Artes realizó el sábado 11 de diciembre, le correspondió a Ingrid Polanco, hoy licenciada en Artes Musicales y Sonoras, pronunciar el discurso como la mejor graduada de su carrera y de la Escuela de Artes Sonoras. 

Señaló que muchos eligen la carrera porque heredan de la familia la pasión para alguna expresión artística. Otros, por el contrario, “lo hicimos sin tener ningún antecedente musical familiar y quizás nos tocó luchar contra prejuicios de conocidos, familiares y amigos, quienes constantemente nos repetían que ser artista significaba tener una vida económica y emocionalmente inestable y que moriríamos de hambre”.

Ella y sus compañeros de promoción debieron luchar contra esos comentarios y con sacrificio constancia y dedicación alcanzar la meta. “Cumplimos con este primer desafío convertidos ya en licenciados. Algunos dejamos un hogar, una ciudad más pequeña, a nuestra familia y llegamos a Guayaquil por nuestro objetivo. En diversas ocasiones, todos hemos tenido que dejar de lado la diversión e incluso el descanso para invertir ese tiempo en investigación, estudio, elaboración de proyecto y de práctica constante de una misma pieza musical, a fin de perfeccionarla”.

Que muchos se han encontrado en situaciones difíciles, como tener que escoger entre tomar el bus o la metrovía, decidir entre una empanada o un pan, sacar copias o comprar un almuerzo. “Algo tuvimos que sacrificar algo para llegar a donde hemos llegado, sudando la gota gorda y dejando huella al andar (…). También nos hemos enfrentado a decisiones de adultos, cambios que surgen por inestabilidad financiera o emocional, que forma parte del día a día de un estudiante”.

A su promoción, Polanco la llamó generación de valientes, que con entusiasmo tomaron desafíos, los cumplieron, superaron y aprendieron. “(…) Sabemos sentir, pensar y actuar y por eso somos diferentes y no aguantamos nada que no sea para nuestro progreso”.

Expresó gratitud hacia los docentes que les revelaron el conocimiento, que los motivaron a no desmayar. También a los compañeros de otras carreras que estuvieron dispuestos a intercambiar conocimientos, fueron una fuente de apoyo muy importante para alcanzar la meta. A los padres y familiares que, de alguna forma, les dieron impulso para continuar.

Polanco anotó que culminaban una etapa y empezaban nuevos retos, que pronto se reencontrarían en un ambiente laboral competitivo, que había que ser responsables del caminar emprendido, dejando huellas sin victimizarse porque cada quien es responsable de su felicidad, tranquilidad y cumplimiento de metas. Frente al temor sugirió respirar profundo, acallar la mente para actuar y salir de la zona de confort desafiándose aprender y crecer para sentirse plenos. 

Invitó a recordar que la sencillez y la valentía van de la mano con la superación, que ser soberbio o prepotente solo lleva a la oscuridad. “En esta nueva etapa es importante enfocarnos en lo que queremos lograr. Si es algo que aún no tenemos, con más razón salgamos y tomemos la iniciativa. Que no se nos olvide practicar el amor propio, sin que se convierta en un narcisismo. Hablemos de nosotros mismos reconociendo nuestros méritos y virtudes. Ahora seremos nuestros managers, patrocinadores, publicistas. (…) Somos lo mejor que le puede pasar a la otra persona, es vital hacernos necesarios en este mundo tan competitivo, somos parte de todo este universo, reclamemos nuestra parte de prosperidad y abundancia, y vivamos queriendo cada día lo mejor (…). A todos quienes fueron parte de este gran viaje, muchísimas gracias”.

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