Cristhian Godoy, el artista ganador del Salón de Julio que vino de Machala a buscar su espacio y lo ha conseguido

Los nombres de Cristhian Godoy, Francesca Palma y Harold Maridueña están ya inscritos en la historia del Salón de Julio, la muestra con la cual el Municipio de Guayaquil celebra todos los años a la ciudad en sus fiestas julianas. Lo están por haber logrado el Primer y Tercer Lugar y una Mención de Honor, respectivamente, en la edición de este 2022 –la número 61–, caracterizada, según sus organizadores, por alcanzar un máximo histórico de 254 inscritos.

Godoy y Maridueña son alumni de la Escuela de Artes Visuales de la UArtes y Palma está en proceso de titulación. En el día de la premiación, registrada el pasado viernes 22 en el Museo Municipal, a los artistas los acompañaron el rector William Herrera y el director de la EAV, Xavier Patiño, quien destaca que de los 254 artistas que respondieron a la convocatoria del Salón de julio 2022 y que de las obras que quedaron seleccionadas más del 40 por ciento eran de estudiantes y graduados de la universidad.

“Hay una constante en los últimos años en Guayaquil y el país: la participación de los estudiantes UArtes y, puntualmente, de la EAV en salones nacionales, como Mariano Aguilera, de Machala y de Octubre”, precisó y agregó que de los seis premios entregados tres hayan sido para la UArtes refleja la incidencia que estamos teniendo en el escenario artístico. “Significa que estamos haciendo bien el trabajo, que contamos con un buen staff de docentes y de un programa de estudio importante. Tomamos estudiantes que llegan de cero y terminan su carrera y están trabajando en la producción de arte”, expresó Xavier Patiño.

Al Salón de Julio, Cristhian Godoy, de 26 años, llevó la obra La paradoja del sueño, trabajada en acrílico, lápices de colores, marcadores, grafito y collage sobre lona. De su propuesta, un jurado internacional integrado por Giada Lusarde, quien dirigió la edición 61 del certamen, Carolina Castro (Chile), Direlia Lazo (Estados Unidos) y Alma Cardoso (México) resaltó que se le otorgó el Primer Premio por “reflejar poéticamente las condiciones anímicas y de salud de nuestro contexto, así como por construir metafóricamente los paisajes internos y externos a través de una composición fuera de las formas convencionales”.

Xavier Patiño destaca en el alumni UArtes ganador su heroica decisión de dejar Machala para establecerse en una ciudad más grande como Guayaquil. Un acto de valentía y de amor por lo que cree, quiere seguir e interesa. “Christian Godoy vino a buscar un espacio y lo ha conseguido relativamente rápido. Ya tiene un lugar en la historia del Salón de Julio, ganado por grandes artistas como Enrique Tábara, Araceli Gilbert y otros de mucho renombre en el país”.

El día de la premiación, Patiño dijo haberle señalado a Cristhian Godoy que lo más difícil del logro obtenido era mantener su nivel. “Estoy seguro de que así lo hará porque tiene talento y mucha voluntad de trabajo. Es muy crítico consigo mismo y permite que otros también lo sean con él, lo cual es raro. Él escucha con mucha humildad. Y así hay muchos otros estudiantes y graduados”.

La muestra de la 61 edición del Salón de Julio estará expuesta hasta el 27 de agosto en el Museo Municipal de Guayaquil (Sucre entre Pedro Carbo y Chile).

La paradoja del sueño del ganador del Salón de Julio

A continuación, en primera persona lo que escribió Cristhian Godoy para InfoUArtes:
Reconocer un camino en la biología otorga luz y alumbra aspectos desatendidos por la especie humana: vivimos sin saber quiénes somos y de qué estamos hechos, pensarse en ese sentido a la biología nos conduce a una serie de derivas que, bajo la mira de las poéticas visuales; estudia y propone al interior del cuerpo como un paisaje; una biblioteca, un laboratorio, un subterráneo. En fin, una biología fantástica, básicamente estética.

La paradoja del sueño habla de dos organismos, dos estructuras, dos mundos, el uno biológico y el otro científico. Por un lado, la vulnerabilidad del cuerpo como ente pasivo, en trance, y vivo, que es sometido a este proceso de artificialidad, transformando la condición del individuo en estado de reposo. La plástica de mi trabajo deviene de una serie de referencias audiovisuales como la serie animada llamada Il était une fois… la Vie (1987), el filme Fantastic Voyage (1966) y Osmosis Jones (2001), que en sí plantean una gama de paisajes y situaciones utópicas que ocurren dentro del cuerpo como escenario, que de algún modo me ayudan a construir la mirada sobre la tensión que existe entre el interior y exterior del cuerpo.

Al mismo tiempo el acervo visual que he explorado en mi trabajo surge en parte de un estudio ontológico, así como de las artes visuales, ya que por un lado los dibujos del doctor Fritz Kahn (1888) me permiten entender a detalle la forma, la estructura orgánica y la noción de profundidad, cueva o cavidad. Y, por otro lado, las pinturas de Frank Moore (1946), contienen escenarios sólidos y coloridos relacionados a la medicina con el mundo exterior, cuyo constante diálogo entre lo médico, el cuerpo, la forma y su entorno, manifiestan una serie de cataclismos que me interesan abordar en mi propuesta.

Es decir, en mi obra, cuerpos y espacios derivan de la acción delirante de la pintura excitada por el registro matérico. Finalmente, la obra que presento se monta visualmente sobre la controversia que despierta el uso de los medicamentos, de su cuestionable pertinencia en la supervivencia de la especie humana y de la modificación de su ecosistema biológico. La pastilla como metáfora cultural se abre paso y garantiza el estado de la humanidad, regula la vida a través de su consumo, que no solo es químico, sino también ideológico.

Siendo la segunda vez que envío una obra para el Salón de Julio, lo que me animó (a hacerlo) fue la persistencia y disciplina con la que he venido desarrollando mi trabajo en los últimos años, en esta ocasión todo el compromiso dentro del proceso artístico con la madurez que ha tomado mi pintura me despertó esa confianza. Además, no puede faltar el apoyo de la gente con la que trabajo el equipo de El Observatorio y mi colectivo Los Manchas.

Igualmente, poder participar en otro evento a nivel local como el salón de dibujo en la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Guayas con mi obra Panic o mi serie que se llama Anticuerpos me pareció un diagnóstico muy importante frente al contexto en que estamos viviendo con relación a la salud. Conjuntamente, las exposiciones que he venido ejecutando han sido un detonante perfecto para la ejecución de mi obra.

Haber ganado en esta edición (la número 61) del Salón de Julio me parece muy importante para mi carrera profesional, ya que me va a permitir seguir fortaleciéndola y espero que no solo sea a nivel local, sino también a nivel internacional.

En imágenes, Cristhian Godoy, ganador de la 61 edición del Salón de Julio. Fotos. Cortesía

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