Alguien mira por (una de) las ventanas

Martín Torres 

La pintura de la pared de enfrente se descascara, pero sigue igual. Puedo verla a través del cristal abierto. Mi ventana da a otras ventanas. Las llevo todas en la palma de mi mano. Las siento sobre mi piel. Algunas vibran, otras se deslizan lentamente, como el tiempo, como cuando todavía pasaba y no dejaba más que polvo a su paso. Ahora ya no pasa nada, solo pasan las ventanas frente a mi ventana, las ventanas y la pared, y la pintura de enfrente que se descascara.  

Este mundo se ha vuelto azul y amarillo. Amanece de uno u otro color. Tengo macetas llenas de tierra seca, de paja y hojarasca. Carritos metálicos permanecen abandonados aquí, como si alguien los hubiera dejado encendidos y poco a poco se hubieran apagado, uno a uno, con las puertas cerradas, sin ningún ocupante. Los miro de cerca cuando camino por este cuarto, que se parece a tantos otros. Las paredes son delgadas, pero nunca he escuchado nada. 

Miro por la ventana, la luz entra por mis ojos. Veo rostros acalorados, cubiertos, exhaustos, veo otros ojos también. Sé que hay incendios, sé que llegarán primero a esta ventana y luego a la otra. Han pasado varias ventanas desde que todo empezó a ir mal. Algunos rostros sufren más que otros. Gritan, pero no los escucho, no escucho nada. Reclaman ante mis ojos llenos de luz y me la quitan.   

Veo todos los climas en mi ventana, veo otras paredes, congeladas, veo su pintura que ha dejado de caerse. Así sé que el tiempo ya no importa. Sé que para cuando vuelva a ver, todo será distinto; sé que las cosas cambian de lugar, incluso si no están en ningún lado. Debemos quedarnos en casa, debemos resistir la tentación de salir por la puerta. Solo podemos ver por las ventanas, tratar de pensar en otra cosa, pero nunca en algo más. 

Camino hasta el baño, cierro la puerta aunque no haya nadie más aquí. Veo otros como yo en mi ventana, veo animales lejanos y playas coloridas, bosques, montañas, gente sonriendo, veo cuadros y aviones, máquinas de otros tiempos, caricaturas que se mueven en ciclos eternos, personas sirviendo el té y el té volviendo a la jarra. Tengo que imaginar los olores porque son demasiado lejanos, unirlos a otros que sí conozco. Dicen que la carne de pez sabe como a la de una rata, que se quema parecido, pero que no suelta tanta grasa. Nunca he visto el mar, solo a través de mi ventana, la que cabe en la palma de mi mano. Mi otra ventana solo da a la pared de enfrente, solo da a otras ventanas.  

Camino hasta mi cama y me dejo caer sobre las rodillas. El colchón cada vez está más plano, habrá que darle la vuelta. Mis dedos acarician la ventana hasta que se triza.  Alguien ha estado mandando mensajes. Palomas mensajeras anidan en la palma de mi mano. Golpean el cristal. Traen símbolos que se repiten: estrellas, círculos, líneas y espirales sobre humo blanco, arena y desiertos. 

No entiendo a los disidentes porque siempre he estado solo. Vi por la ventana cuando empezaron a fusilarlos, creo que han sido ya demasiados para contarlos con una sola mano. Alguien debería hacer algo. Alguien debería colgar carteles en su ventana hasta que todo quede atrás, hasta que no podamos ver más por las ventanas. El fuego se come a la ciudad, en algún lugar de mi ventana, en algún lugar más allá de la pintura que se infla y se descascara frente al azul o al amarillo, o al negro, al día y la noche, o la madrugada. El olor llegará antes que el humo y la luz. Los cristales reventarán y las varillas de acero se torcerán como los huesos ennegrecidos que no aparecen por las ventanas, pero no oiré nada. Desde afuera nadie puede verme, sólo desde dentro, sólo desde mis ojos. Alguien desliza un periódico por debajo de mi puerta. El titular en la primera plana de La Hoguera dice: 

¡CULPABLE GRUPO TERRORISTA  
“LA COFRADÍA”! 

Alguien, en otra ventana, en otro lugar, responde: 

—Ya lo sabía. 

Pero yo no escucho nada, solo veo a través de mi ventana. 

Martín Torres @La__cofradia

Quito, 1991. Ha publicado El síndrome de mi entropía (2010) y Ciudad de concreto (2015) con editorial El Conejo. Ganador del XX Concurso Nacional de Literatura Luis Félix López, género Cuento, con Pequeña enciclopedia de seres incompletos (2019). Ha participado en varias antologías como El despertar de la Hydra (2017) Ritornello Vol. 1 (2019). Miembro encubierto de la Cofradía. 

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