En la calle incendiada de octubre hay una imagen intacta

por Bryan Almeida

Foto: Andrés Yépez, del Colectivo Fluxus @pre_des_ido

Las nociones de realidad e imagen son complementarias. Cuando cambia la noción de realidad, también cambia la de imagen y viceversa. 

Sobre la fotografía 

Susan Sontag

Dentro de la jerarquía de imágenes, la fotografía y el video, desde su invención, permitieron que el tiempo —espacio replicado sin ilusionismos— provocara un miedo primitivo a los más críticos, por la «posada e insuficiente» captura de la realidad. Para qué la fotografía si la literatura alcanza la descripción más profunda, se preguntaban Balzac, Kafka y lo reflexionaba Sontag. Sin embargo, dentro de la sociedad de reproducción en masa de las cosas, la fotografía objetiva de la realidad se volvió una ‘fascinación’ y una ‘necesidad’ por observar al otro y observarnos en el tiempo, reproducirlo infinitas veces, hacer dialogar al presente instantáneo de la foto con la incertidumbre del pasado. Es decir, desde un encuentro familiar hasta una rebelión de multitudes agitadas en caos. Al que observa con una cámara, instintivamente, le sudarán las manos y sentirá pulsaciones en el pecho por disparar para capturar el acontecimiento.

CADENA TELEVISIVA 

Hace exactamente un año —escribo esto el 1 de octubre de 2020— Ecuador, después de muchos años de silencio, pasividad e indolencia colectiva, despertó de su sueño, que a veces lo pienso eterno. Las televisiones ojerosas de todos los hogares proletarios y burgueses amanecieron con la noticia: el precio de los combustibles Extra, Ecopaís y Diésel aumentarían su precio desde las 00h00 del jueves 3 de octubre, con la aprobación del Decreto 883. En cadena nacional el presidente se enorgullecía de ser él quien tomó la ‘valiente’ decisión que, básicamente, el anterior gobierno no se atrevió. Desde la pantalla, vimos a Lenín Moreno convencido de que la ‘forma de compensar’ el costo del combustible sería reducir los aranceles a los productos de tecnología y vehículos de trabajo agrícola que sean importados, con la excusa del desarrollo social. La justa incredulidad y la incertidumbre empezaban a caminar nerviosas por las calles urbanas y a trotar furiosa en los barrios rurales. 

Al día siguiente, miércoles 2 de octubre, nuevamente la televisión, integrante favorito de las familias (después del celular), nos daba las imágenes matutinas. En rueda de prensa: Richard Martínez (ministro de Economía), Juan Sebastián Roldán (secretario de Gobierno) y Andrés Madero (exministro de Trabajo) explicaban los supuesto beneficios para el sector popular, el apoyo a la no precarización del trabajo, el desarrollo del conocimiento con el acceso a la información desde los dispositivos tecnológicos. Para el jueves 3 de octubre no hubo discurso de falso progreso que los salvara de la paralización de transportistas, el bloqueo de carreteras y avenidas con manifestaciones enfurecidas, agresiones entre policías, periodistas y civiles, y saqueos de locales comerciales en la ciudad de Guayaquil. Yo me encontraba en pleno Suburbio, zona de alto riesgo, protegido en la casa de un compañero de trabajo, esperando que los ruidos de fuera pasaran para unirme a la manifestación de inconformidad que se concentraba en la Av. 9 de Octubre. La realidad empezaba a distorsionarse, a retorcerse como una serpiente que ha pasado en inmóvil silencio digestivo y ahora es devorada por las fauces del caos. Cámaras de aficionados, cámaras de celulares reproducían las imágenes de los acontecimientos que los camarógrafos de televisión, dirigidos por un ‘discurso oficial’, dejaban fuera de cuadro. En ese momento se empezó a regar el término:

II 

ROMPER EL CERCO MEDIÁTICO 

Imaginen lo inmediato: una foto. 

Imaginen una revolución proletaria: revolución Alfarista (1895). 

Imaginen un medio de comunicación de esa época: El Telégrafo. 

Imaginen el privilegio económico y social de tener una cámara plegable de rollo* en el Ecuador de 1895 para fotografiar la llegada de la turba montubia, negra e indígena a Quito, liderada por Eloy Alfaro. Imaginen el proceso de tomar las fotografías con cámara plegable que, por mencionar algunos pasos, se debía ajustar la distancia de la imagen con guías y pasos de rosca, insertar una placa fotográfica de cristal, retirar una lámina metálica protectora y shaks, la foto. Luego de otro largo proceso de revelado para, finalmente, en el mejor de los casos, publicarlo en El Telégrafo. Hoy está a mucha técnica y dinero de distancia. La facilidad de tener un smartphone con cámara incorporada permitió transmitir la llegada indígena de Sierra y Amazonía a la capital a través de lives en Facebook durante el levantamiento popular en octubre de 2019. 

Con esta facilidad de difusión de imágenes, el lunes 7 y el martes 8 de octubre, usando cámaras de celulares, se grabaron en Quito, en el puente del Mercado San Roque, los golpes brutales de policías a los jóvenes Marco Oto y Daniel Chaluisa y su posterior caída desde este mismo lugar. Los chicos murieron un día después en el Hospital Carlos Andrade Marín. 

La réplica de la realidad compleja que se grabaron desde tres celulares, en distintos lugares del Mercado, deja una memoria fatal que ninguno de los que grabaron estos asesinatos se lo esperaban. 

El artificio inmediato y objetivo de la fotografía y el video permitieron que el nombre de estos dos jóvenes se incrustara en la demanda constante sobre el abuso de poder, la brutalidad, la obediencia servil que marca profundamente a la identidad de la Policía Nacional. 

Bajo la noche intoxicada de smog del jueves 9 de octubre, un perdigón reventó en la cabeza de un manifestante. Varios caballos que tenían como jinetes a policías terminaron de destrozar el cuerpo del dirigente indígena de la Comunidad Yanahurco de Jigaua en Cotopaxi, miembro de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), Inocencio Tucumbi. Antes de acompañar a sus dos hijos a la manifestación de aquella noche, ellos le pidieron que descansara. Tucumbi se encontraba al mando de la cocina comunitaria ubicada en las instalaciones de la Universidad Salesiana que se había solidarizado con el levantamiento popular, como otras universidades de Quito. Ahí se alimentaba a cientos de familias indígenas que descansaban luego de la jornada de lucha. 

Para el viernes 10, la rabia de los manifestantes se encendió como un gran llano en llamas. En el Ágora de la Casa de la Cultura capturaron a varios policías. La gente desde las gradas los rechazaba con gritos de «¡asesinos!». En el escenario, las autoridades mayores de la CONAIE, como Leonidas Iza (presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi) y Jaime Vargas (presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas), todos bajo la mirada de cámaras de televisión y cientos de celulares en la multitud expectante. En mi búsqueda de información sobre el hecho encontré varios archivos audiovisuales de este día histórico. Dos de ellos me interesaron. En el primero, un hombre grabó con su celular durante 45 minutos su llegada a la Casa de la Cultura. En la parte exterior del lugar, sin cortes de video, se veía a las personas aglomeradas, con los rostros perdidos, agotados. Un grupo de mujeres mestizas e indígenas formaban cadenas con sus brazos, caminando y gritando «¡Únete pueblo, únete a luchar contra este gobierno antipopular!». El tipo logró entrar al Ágora de la Casa de la Cultura. Aquí, la turbamulta era menor, menos de la mitad del espacio estaba lleno. El hombre descendió las gradas circulares y se quedó cerca del escenario preguntando por momentos quién era la persona que tomaba la palabra en el escenario. «Ahora habla Leonidas Iza», decían. «Don Leonidas, estamos en directo», anunciaba un periodista, desde la altura del escenario, amplificado con parlantes en los costados. Esto es parte del segundo video extenso que encontré, pero esta vez de un canal de televisión que durante una hora grabó desde el escenario a la multitud hondeando banderas del Ecuador, las luces de celulares, cientos de cabezas y bocas furiosas que de a poco llenaron por completo el Ágora. «Compañeros, sí está saliendo, sí está saliendo, por favor», avisaba Leonidas Iza a la multitud que no bajaba sus celulares, confirmándoles que por televisión estaban transmitiendo su denuncia. El periodista no alejó el micrófono de la boca del dirigente Iza, preguntándole sobre la situación. El dirigente en ese momento denunció que la noche anterior, mientras ya se encontraban descansando, llegó la Policía Nacional «a asesinar a los compañeros, bajo la violencia exacerbada, promovida por la ministra del Interior y el ministro de Defensa», continuaba el dirigente, refiriéndose a la muerte de Inocencio Tucumbi. Durante toda la reproducción del video, Leonidas Iza, por momentos, continuaba preguntando si estaba saliendo por televisión. La multitud respondía un retumbante «¡¡No!!». Él, junto al otro dirigente, Jaime Vargas, en ese momento, exigieron a los periodistas que transmitieran la verdad que los medios oficiales filtraban desde su posición hermanada con el poder de los políticos.

III 

DESDE LA CALLE 

Un grupo de jóvenes, cubiertos los rostros con camisetas, mostrando solo sus ojos, con cámaras sujetas en las manos, corren por la calle Patria llena de humo. Sudan bajo los ojos de los presidentes militares y sanguinarios de Latinoamérica en los 80, el Escuadrón Volante del expresidente León Febres Cordero, divididos por un río de sangre. Al lado derecho, gente del pueblo cargando el rostro de Salvador Allende, Jaime Roldós, Eloy Alfaro plasmados en un mural. Los jóvenes agitados y furiosos cubren sus ojos irritados por el ácido gas pimienta con la mano que no sostiene la cámara. Uno de ellos dispara el flash entre el humo.

Pude conversar con Estefanía Donoso Guevara, fotógrafa y documentalista, miembro del colectivo de activismo audiovisual Contrapique, de la ciudad de Quito. El colectivo busca mostrar la realidad desde abajo, «porque antes que artistas somos seres sociales de las clases oprimidas y entendemos muy bien cuál es la lucha social», me comenta Estefanía al preguntarle cómo fue su participación durante el levantamiento popular de octubre. «Algunos días sí salíamos a registrar, pero al siguiente decidíamos estar ahí sin cámaras, guerreándola», continúa. 

Si bien para construir una parte de la memoria histórica de octubre son imprescindibles las imágenes con las que se pueda generar un debate público, el colectivo Contrapique se posiciona, además, desde la lucha en la calle, apoyando no solo como un espectador con cámara, sino también como actor colectivo junto a la masa urbana, mestiza e indígena, en este caso, manifestándose en calles aledañas a la sede central de la Casa de la Cultura, que también sirvió como refugio temporal para los indígenas que llegaron a pie y en distintos medios de transporte desde sus comunidades. 

En la Av. 12 de Octubre y Patria, aledaña a la CCE, amaneció un grafiti plateado. La figura de un indígena sosteniendo una molotov. A su costado, en letras gruesas, la consigna ¡Únete pueblo! Durante varios meses después de la protesta permaneció ahí, haciendo un sonoro eco, con mucha puntería, debajo del mural El grito de la memoria, del artista plástico Pavel Egüez. En una entrevista televisiva, días después de la develación de la obra, en diciembre del 2014, el autor comentó: «Este mural de alguna manera es un testimonio donde los ciudadanos de Quito y las personas que la visitan, sepan que hay un espacio de memoria, donde recordar los hechos sirvan para que la sociedad ecuatoriana no vuelva a cometer los crímenes, las violaciones a los derechos humanos». 

Recuerdo visitar Quito dos meses después de octubre del 2019. Ya había contemplado en una fotografía la unión de tiempos, la ironía, el asombro que me produjo el mural de Egüez y el grafiti de un manifestante, capturado, seguramente, por otro manifestante con su celular, de forma horizontal, con el pulso firme, encuadrando una foto de memoria y olvido, archivada en la mente de los que sin miedo alguno estuvieron resistiendo desde el 3 hasta el 13 de octubre. Una jornada donde las imágenes, como se ha visto y he compartido, serán los que cuente la Historia cuando nuevamente decidamos olvidar.

*http://www.camarassinfronteras.com/historia.html

Bryan Santiago Almeida. @diablo_llucho Estudiante de cuarto de semestre de Licenciatura en Cine en la Universidad de las Artes. Cocreador de la revista de cine Cámbrica, donde escribe y coordina la investigación temática.

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