Compañeros, nos están contando mal la historia

Entrevista a Tony Balseca @tony_balseca para Tangente Octubre

por Laura Nivela

Captura de la entrevista realizada por Laura Nivela a Tony Balseca a través de Zoom

Le digo a Tony Balseca que me disculpe por no tener la cámara prendida todo el tiempo, pero mi internet es muy malo. Tengo miedo de que prenda la cámara y me deje de escuchar. Estamos por entrar a un tema que es tan fuerte, tan denso y que él vivió. Entonces, le digo que habrá momentos en que yo prenda y apague la cámara. 

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Laura: Sin entrar en mucho detalle, si tuvieras que hablar de octubre del año pasado en una sola palabra, ¿cuál sería? 

Tony: La primera palabra que me viene así es ‘colapso’. No sé si es apropiada, pero creo que yo y mucha gente colapsamos de alguna forma y que es algo que va sucediendo poco a poco. Tal vez algunos colapsen antes y otros después, dependiendo hasta de su estabilidad económica. 

L: ¿Qué te recuerda octubre? 

T: Lo vi muy parecido a lo que sucedió en el 93, el 92 y cuando hubo el feriado bancario que lo viví antes de los veinte años, terminaba el colegio y lo vi igual. 

L: Para ti, ¿cómo se sintió octubre? 

T: Lo vi de la misma forma amenazante contra nuestra sociedad, con lo poco que de alguna forma habíamos progresado. Creo que de alguna forma colapsó todo el sistema en el que hemos estado hasta ahora viviendo, ¿no? 

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Tony Balseca es artista visual; ha trabajado también en monumentos, como el de Noguchi, de la mano del Municipio. El año pasado llevó su trabajo de la plástica a las calles en las marchas de octubre. Veo su perfil de WhatsApp y noto que aparece la foto de su obra, por la que fue apresado. Mientras me habla, muchas ideas me rondan la cabeza: quiero saber qué sintió en las marchas, qué representa la figura que portaba en aquel momento de su apresamiento, cómo fue lidiar con la policía.

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L: Quisiera que hablemos de tu trabajo. 

T: Creo que debemos conversar un poco de lo que he hecho en la ciudad a lo largo de unos quince años. En ese tiempo me he acercado a diferentes museos y, dentro de eso, se me ha llamado para hacer bustos porque de alguna forma he podido hacer esculturas de lo más figurativas, diría yo, que se pide de personajes. De alguna forma, estamos ante esa remetida de que nos contraten. Hay ese trabajo oficialista que se ha ofrecido. 

A mí me han llamado para eso y, entre muchos, ha habido de alguna forma un concurso interior de artista visuales de la ciudad —y hasta del país— que nos movemos y nos conocemos. A mí me han convocado y les ha gustado la forma en que lo que he hecho, pero más allá de eso siempre hubo una cosa que muchos compañeros me decían: yo siempre estoy haciendo críticas políticamente desde el arte. El artista de alguna forma trabaja en la comunidad. Falta trabajo cultural en el espacio público. 

Me he considerado escultor y artista visual autodidacta. Por eso me parece importantísima la Universidad de las Artes en la ciudad de Guayaquil: un espacio que estuvo vacío para muchos artistas que nos construimos durante estas décadas vacías. Eso justo lo conversaba con un amigo que me visitó hoy, un cineasta. Y conversábamos de lo valioso de la construcción de la Universidad de las Artes en esta ciudad por haber, de alguna forma, llenado ese vacío. Decidí entrar a la universidad porque siempre me pareció importante. Siempre luché por eso: estuve en la creación de las mallas y, de alguna forma, siempre he estado activando con grupos políticamente; yo creo que cada artista tiene que decir algo, desde cualquier rol. 

Entre muchos compañeros se nos ha llamado para hacer retratos, así como retratos pictóricos, retratos escultóricos, lo mismo con lo de los bustos. Nunca me he acercado ni me ha interesado trabajar en grandes monumentos donde se manejan grandes cantidades y donde la opinión del artista ni siquiera es importante. Así me ha gustado manejarme hasta ahora y, dentro de eso, creo que encuentro un espacio donde yo puedo, puedo hablar, puede decir desde lo que pienso, desde mi arte, desde mi espacio. Siempre he querido tener esa solvencia y sí, dentro de ese ejercicio, eso sería como algo más, hacer un cambio desde mi identidad. 

L: ¿Cómo se llama este trabajo que llevaste a la calle?

T: El letrero que llevé en octubre es el personaje de Tumbalá, del que he trabajado una escultura y terminó siendo una foto en una pancarta. De pronto fue censurada. Me vieron provocativo y pasó lo que pasó en octubre. Cuando me cogen preso, me dicen: «oye, te van a coger preso por llevar una pancarta, por llevar una pintura o dibujo, lo que sea». ¿Qué pasa? Yo hubiera respetado que cualquiera lo llevara y que me hayan llevado preso por eso. No me dice que yo debería asustarme, sino, más bien, me están asustando. ¿Qué está pasando a mi alrededor? ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy viviendo? El ambiente está fachista. ¿Por qué van a coger preso a alguien que lleva un dibujo, pancarta o un cómic o, no sé, una caricatura? Me hace pensar, no sé, en una dictadura donde mataron gente por hacer caricaturas. 

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Lo interrumpo. Escuchar hablar a Tony me hace pensar en los casos de cuando mataban a la gente, cuando les secuestraban por portar cámaras en mano. Me hace pensar en cómo se persigue gente cuando trata de obtener un registro no oficial, personal, de lo que está pasando: un registro que contraste con lo que dicen los medios y su oficialidad. Junto a Tony, varios de mis amigos con cámaras también fueron perseguidos, fueron golpeados. Creo que para los policías y para quienes les apoyan es sospechoso querer guardar un registro y que lo perciben como una amenaza. 

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L: Sigue, por favor. 

T: El 9 de octubre fue el día del pico más alto. Obviamente, los días posteriores fueron superfuertes, pero, recuerdo que salí solo los dos días anteriores, recuerdo haber estado en el Centenario. Me encontré con compañeros, entre docentes y estudiantes de las artes. Y, de alguna manera, uno se vincula con los compañeros, los ve por ahí y uno se siente fortalecido y yo vi amigos míos, que trabajan en los derechos humanos, que decían «tengan cuidado». 

Yo veía cómo la policía pasaba y golpeaba los celulares, no me lo creía. ¿Qué pasa? En algún momento me creí con el derecho de estar así, filmando y venía una moto. Me botó el celular y yo le dije: «¿qué te pasa?». Era un trato impresionablemente mal. Vi cómo metieron gas a gente mayor —había gente de la tercera edad que estaba en las calles—, policías en moto golpeando y yo me sentí trasladado a la época, de verdad lo digo, a la época de León Febres Cordero, cuando yo veía eso y era un chico de dieciocho o veintipico de años y lo recuerdo así.

Y, ahora, recuerdo ese golpeo, ese atropello y vemos a la gente cómo se metía; cogíamos a la gente para que no la metieran presa, pero ¿qué les pasa? 

A mí me lanzaron el teléfono, que no se destruyó, pero vi celulares destruirse en la calle y todo era de alguna forma tan siniestra, daba temor entre la gente que estábamos ahí. Cuando hablábamos del toque de queda decíamos ¿qué nos pasa? ¿Toque de queda? Por Dios… Eso fue cuando tipo 9-10 de la noche, la gente se disolvió ahí en el Centenario y supe que habían cogido amigos presos y, al siguiente día, en la 9 de Octubre, acordamos salir de la Universidad de las Artes porque había esta marcha blanca que salía del Municipio. Fue una autoconvocatoria entre amigos, como yo lo vi. 

Entre amigos nos sumamos para ir a la Casa de la Cultura para manifestarnos, igual, creo que debíamos pronunciarnos: sentíamos esa solidaridad entre todos los compañeros. Entonces, decidí imprimir en una lona de un metro o un metro y medio creo, esto de Tumbalá y, claro, le hice un pequeño cambio porque me sentí traicionado, como todos, y puse el rostro de Lenín en la caricatura. ¡Como una caricatura! Ya había visto qué habían hecho con un caricaturista aquí y veo la falta de democracia. Censurar: eso ya me consumía. La verdad es que yo no pensé «eso lo voy a vivir». Realmente no creía que fuera algo por lo que mereciera ir preso. 

Imprimí —no pensé que me fueran a coger preso— y salí. Salí con compañeros de la Universidad de las Artes hasta la Casa de la Cultura y, bueno, viví un momento superdetonante que me chocó porque no era justo que pasara algo así.

L: Regresando un poco a este tema de los policías, quisiera que me comentaras cómo fue esta experiencia en la cárcel. ¿A dónde te llevaron? Yo sé que estuviste algunos días, me parece que fueron una o dos semanas, hasta que hubo un juzgado, ¿verdad? 

T: Estuve casi tres semanas y los cinco días primeros estuve en el Cuartel Modelo. Bueno, antes se le decía la Lagartera y me puse a pensar hasta en su cuestión histórica. Allí estuvo Daniel Santos. Sabemos que a él le pasó de todo en Guayaquil. Cuando llegué, dije «me van a liberar, esto es cuestión de una mala noche». Sentía miedo por un lado y por otro no. Más allá de todo, estamos en un estado de derecho. Yo creo que tengo mis derechos y nadie me va a violentar mis derechos. Yo puedo hablar desde ese lugar y sentía de alguna forma que podía hablar y defender a otros. Siempre me sentí así, porque mientras otro callaba, yo reclamaba.

L: Cuando te cogieron preso, ¿te dijeron «te vamos llevar acá o acá» o te llevaron en silencio? ¿Cómo fue esa experiencia? 

T: Bueno, antes de llegar a la 9 de Octubre, me cogen militares. De ahí, me llevaron policías, tal como está escrito, policías de civil, y nos llevaron a todos en ese momento a la avenida de las Américas. Yo ya estaba preparado de alguna forma, había hablado con un amigo de lo que podría pasar: «Bueno, si tú te estás manifestando y obstaculizas la calle y eso, tienes una contravención». Sabiendo esto, yo pensé que nos iban a soltar. Cuando nos llevan a fiscalía, nos tratan de ustedes ‘correístas’ y blablá. Yo digo en ese momento: «Yo no soy correísta, soy un estudiante y artista, reclamando sus derechos». —«No, tú eres correísta». Era imposible razonar con el fiscal de turno y los policías, todo era una paranoia. Y bueno, la cosa se puso peor porque, en un momento, el fiscal dijo: «Estos correístas deben ir a limpiar las calles o ir a limpiar las paredes que ensucian», o sea, los manifestantes éramos correístas. Yo lo sentí así.

Pasaron las horas. Los compañeros que estaban en la manifestación estaban pendientes de lo que me pasó. Había un compañero de los derechos humanos y la defensoría del pueblo. «¡Por dios!, de alguna forma —dije— vamos a pelear, ellos desde afuera y yo desde adentro». Pero nunca imaginé lo que iba a pasar después. Al final, creo que cansaron a todo el mundo, nos retuvieron hasta las una y media de la mañana, nos mintieron y nos cambiaron el parte, que fue de lo que se dieron cuenta los abogados, y nos dijeron que ya en la mañana nos llevarían a la fiscalía de turno. Había bastantes personas que habíamos caído en ese momento. Yo vi gente de muchos lados. Decían que nos iban a acusar de terrorismo, de destrucción del espacio público y eso se iba convirtiendo en alguna especie de pandemónium. A la vez, toda la gente que estuvo ahí en ese momento, no sé, de doscientos que éramos esa noche, treinta eran de las manifestaciones y las demás personas habían caído con los saqueos. Se podía ver el contexto de todo lo que estaba pasando en la misma ciudad. Yo fui asimilando eso en el trayecto, adentro fue más chocante y golpeador. 

L: ¿Qué pasó cuando ya estuviste allá? 

T: Sucedió algo superfuerte adentro: ver golpear a la gente, el maltrato, ver cómo funciona el sistema, el poder y el Estado, porque yo veía a esos policías después de las cámaras, cuando dejan de sonreír adentro y te empiezan a tratar como si fueras un animal. Pero no creo que traten así, perdona que lo diga de esta forma, cuando cogen a un aniñado de mierda, así como trataron a la gente que estaba allí conmigo. Ya en ese momento, adentro, pasé cinco días en la Lagartera y eso es asfixiante para cualquier ser humano. No sabes si es de día o de noche, no puedes entrar al baño, pero, bueno, esa fue la experiencia. De alguna forma, uno coge fuerza con la gente y te unes a ella. Yo les decía a los amigos, «compañeros, ¿por qué te cogieron?». Eso nos preguntábamos entre todos. Nadie coge a nadie que roba de verdad en este país, cogen pequeños traficantes, a gente que son muchachos. 

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Para conocer más sobre lo que vivió nuestro compañero Tony puedes visitar el siguiente link:

Un baño en el CDP, por Tony Balseca

Laura Nivela. @crimesvenus Actualmente, cursa una licenciatura de Literatura con mención en Edición, en la Universidad de las Artes de Guayaquil. Es parte del grupo de investigación VIP Trágico y Tránsito. Cuenta con la publicación de “Vehículos amatorios”, en la antología Tela de araña, muestra de textos y pre-textos (Editorial El Rasguño) y varias publicaciones de poemas en revistas online como Cráneo de Pangea. Cuenta con una editorial fanzinera desde el 2019, llamada Crímenes en Venus, en la que se destacan los sellos de poesía y crónica. Sus actuales temas de interés son la investigación en artes y el compostaje como una alternativa a la vida y a lo literario.

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