TRIBULATIO, proyecto expositivo de Pedro Jaime Gavilanes Sellán


TRIBULATIO, proyecto expositivo de Pedro Jaime Gavilanes Sellán
20 de mayo de 2020

Analizar las diferentes posturas que posee el arte al abordar la mística y el simbolismo religioso; producir una exposición que muestre cómo las imágenes pueden ser mediadoras entre arte y religión; y dejar que mis tendencias artísticas y creencias religiosas pasen por las imágenes con la aspiración de generar una emoción, ojalá, mística en el espectador. Son las razones que Pedro Jaime Gavilanes Sellán, estudiante de la Escuela de Artes Visuales, señala lo llevaron a proponer TRIBULATIO como su tesis de grado, la cual sustentó el 28 de abril vía videoconferencia.

En el texto de su trabajo final, entregado a la Secretaría Académica de la UArtes, el ahora egresado señala: “Constantemente reflexiono en cómo el ser humano posee saberes y una conciencia crítica que, simultáneamente, pueden dialogar con el mundo material, esta combinación se volcó en la imaginación mística, tanto de oriente como de occidente y en las antiguas culturas americanas. Sin que necesariamente fueran calificadas como religiosas, sino como arquitectura y producción material, las distintas civilizaciones nos han dejado templos, construcciones que fueron y son espacios sagrados para la adoración de aquello que no conocemos y que generalmente se lo atribuye a un Creador”.

Explica que, a través de la investigación sobre los arquetipos que se manejan en producción visual-cultural, realiza un proyecto expositivo con obras que busquen dialogar con la imágenes más difundidas de la religión y la fe cristiana, aquellas que pueden ser reinscritas en el diario vivir, enfrentándolas a escenarios que dé la razón y el conocimiento humano; dichas obras utilizarán las formas y el lenguaje religioso para buscar otro lugar en el mundo, pues muchas han sido reemplazadas por la contemporaneidad consumista.

Su propósito, agrega, es crear una escena accesible a todo público, que carezca de discursos de extrema complejidad, utilizando la producción de objetos artísticos, de preferencia pictórica; y contando historias, anécdotas, ficciones, sucesos particulares. “Este proyecto me permite mostrar que las experiencias personales pueden construir posibilidades de cambio para cada individuo”.

Pedro Jaime Gavilanes indica ser parte de un grupo de trabajadores artesanales de gran tradición que vive y trabaja en los sectores marginales de Guayaquil. “Se trata de una gran escuela de intercambio. El pasado no solo es historia escrita desde la academia, para mí el pasado está en constante diálogo con el presente y puede dejar frutos a futuro, tal vez esto sea una cualidad que el arte aporta al mundo”.

Que no se considera un pintor academicista, añade, “aunque utilizo técnicas y materiales clásicos, prefiero combinar procesos y materiales de fuentes no artísticas. Aprendí a esculpir y pintar en los talleres automotrices y de ebanistería, tuve la oportunidad de trabajar con herreros y albañiles, con ceramistas y artesanos”.

Por ese motivo, a pesar de utilizar mucho la pintura, revela que prefiere entender que su trabajo tiene una factura artesanal en vez de considerarse netamente pintor. “Siendo así, mis obras  dialogan constantemente con objetos escultóricos y poseen soportes diversos, en algunos casos es visible la relación con la fotografía pero los procesos proceden de la combinación de materiales. El mundo de las imágenes me apasiona, pero ante todo me fascina manipularlas para otorgarles otro sentido, aquel que las desvincula de su lugar natal, la pintura, el dibujo. La manipulación digital es un medio de experimentación, los soportes son sus lugares de reposo, al final todo cuenta dentro de una producción dirigida a los sentidos”.

En el epílogo de su trabajo escrito, Pedro Jaime Gavilanes detalla el concepto cristiano del latín Tribulatio, el cual es traído al español como Tribulación. “Se trata de un padecimiento espiritual y moral, un dolor, una pena. La exposición tiene como hilo conductor este concepto, el momento crítico que atraviesa todo ser humano a lo largo de su vida (…). Para el desarrollo de este concepto me he apoyado en anécdotas diversas, propias, locales y universales, en la historia del arte, en imágenes referenciales del ámbito religioso que choca con lo cotidiano, procurando reunir un grupo de obras que muestren una mirada íntima de la dicotomía religión y mundo”.

De la parte práctica de su propuesta, el ahora egresado de la UArtes revela que un espacio ideal que concibió para su proyecto es una sala adjunta al mini-teatro del ITAE. “Posee una luz tenue y un tanto amarillenta, paredes amplias que resultan adecuadas para la distribución de las obras. El escenario que propongo  brinda a las piezas un aspecto que puede ser percibido como pasivo. Con iluminación leve las obras tomarían un aspecto de levedad, cercano a la contemplación y al aura que poseen las iglesias”.

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