Sus secciones son “Espejo de agua”, “Sereno Sueño”, «Vacíos  Vivos”, “10 Poemas no sonoros” y “Plastic bodies”. El 20, a las 10h00, habrá un taller de collage participativo.

¿Cómo se hace un poemario expandido? Es la pregunta de investigación que plantean los estudiantes del Laboratorio de Poesía Expandida, que dirige la docente de la Escuela de Literatura, Cristina Morales. Las respuestas la tendrán quienes acudan a la muestra que se abre hoy, miércoles 17 de julio, en el marco del Encuentro de Editores Independientes y Feria de Libros, Libre Libro, cuyas actividades y Simposio están dedicados a Medardo Ángel Silva, el escritor, poeta, músico y compositor ecuatoriano de quien se conmemora 100 años de su muerte.

La muestra tiene lugar en el primer piso, junto al Rectángulo, del pabellón Humberto Salgado de la Universidad de las Artes. Desde hoy hasta el viernes 19 se puede visitar de 13h30 a 15h30; y el sábado 20, desde las 10h00 hasta las 13h00.

Cristina Morales comenta que el Laboratorio de Poesía Expandida surgió como experimento en la cátedra de Lingüística 2 y que de allí ahí pasó a lo que es ahora, manteniendo siempre su sentido investigativo. La poesía en el campo expandido se afianza en un concepto que surgió en los años 70 con la crítica norteamericana Rosalind Krauss y en el campo de la escultura. Dejan de ser objetos que se meten en lugares, para ser lugares donde se mete la gente, anota la docente.

La pregunta planteada pretende indagar sobre las posibilidades de la expansión del libro, en este caso del poemario, como agregado de piezas de poesía expandida que asume como escritura y junto a los grafos, la performance, las artes visuales, las artes sonoras y el arte de instalación.

Es por ello que Morales y los estudiantes del laboratorio llevan la poesía hacia el sonido, el sentido, el ritmo, el espacio, la oralidad de la lengua, los soportes y los gestos de la escritura, la plástica y la plasticidad de la expresión, el movimiento, los cuerpos, las relaciones, la subjetividad, la aleatoriedad, el caos, el orden. “Experimentar los límites y no para decidir lo que es la poesía, sino para saber a dónde podemos llevar la poesía”.

El Laboratorio de Poesía Expandida ya tuvo la primera muestra de su trabajo. Sucedió en Interactos 2018. Experiencia grata, señala la estudiante Mery Guillén, una de sus miembros, quien explica que en su práctica han desarrollado habilidades de las que antes no estaban seguros, como el liderazgo. “Antes no creía que podía salirse del texto. La métrica en la poesía se desvincula en la contemporaneidad y se pueden hacer proyectos muy creativos. La gente interactúo en esa instalación sonora y en vivo”.

En la entrevista estuvieron también los estudiantes Miriam y Gaby, de Artes Escénicas; Alan y Víctor, de Artes Sonoras; y Paola Salazar, quien no es alumna UArtes, pero interviene por del Vínculo con la Comunidad que impulsa la universidad. “Me llamó la atención la idea de experimentar más allá del texto, por ello propongo seis collages, tres vacíos para que la gente manipule con palabras en su interior”, explica.

Para hallar respuesta a ¿Cómo se hace un poemario expandido? se debe experimentar recorriendo las secciones:

“Espejo de agua”, de Nicole Coronado, José Maldonado, Brenda Castillo y Bryan Almeida. Ellos realizaron la selección cuidadosa de poemas pertenecientes a cuatro poetas del simbolismo francés: Mallarmé, Verlaine, Rimbaud, Boudelaire, y a poetas ecuatorianos que han trasgredido el lenguaje, como Efraín Jara Idrovo, Fernando Artieda y Pedro Gil, para crear una instalación artística diseñada en forma de túnel, donde la selección de poemas funciona como un de juego de azar. Al concluir el recorrido el visitante puede registrar su visita mediante la composición un texto poético. 

“Sereno Sueño”, de Daniel Vega, Alan Arízaga y Mery Guillén. Es una instalación sonora en la que se visualiza un poema de Mery Guillén en décimas octosílabas. Junto a un dispositivo de reproducción de audio que tendrá en bucle, la propuesta inédita de musicalización de Daniel Vega y Alan Arízaga. La intención es concentrar al lector-oyente, a quien se le proporciona un cuaderno, algunas notas y esferos para que escriba su percepción sensorial y narre su experiencia. 

«Vacíos Vivos”, de Joanne Picoult, trabajo de Paola Salazar. En las siluetas de esta muestra se expone un extracto de algo que la define. Su interior está lleno de ecos de ideas que son expresadas mediante palabras e imágenes aleatorias, símbolos que dan formas. El único puente a una exploración caótica, de un vacío vivo, de nuestra silueta incógnita. 

“10 Poemas no sonoros”, de Lila Murillo. Esta instalación se hace uso de la lengua de signos ecuatoriana para mostrar una perspectiva de la literatura a la que no estamos tan acostumbradxs. Aquí se traspasa la barrera del sonido y explora lo visogestual para descubrir su fuerza expresiva. Esto permite un trabajo de reinterpretación y traducción de los textos poéticos y el acercamiento a la comunidad no oyente. 

“Plastic bodies”, de Cristina Morales, Saro y Roberto Frizone. Es una instalación luminosa hecha con las botellas de plástico que han albergado el agua que he consumido en Guayaquil durante los últimos cinco meses. Reflexiona sobre las cosas esenciales sin las cuales no podríamos continuar viviendo y la gestión que hacemos de ellas, tantas veces como si no importaran nada. La poesía funciona como el agua para algunos cuerpos, circula por dentro de ellos, los irriga y vitaliza y si falta, éstos se descomponen sin remedio. ¿Qué hacemos con la poesía como cuerpo social? ¿Y con el agua?