Ganadora de la Residencia Escena Colonche en Estación 2050 Olón, un programa de interaprendizajes para las artes vivas en territorios liderado por la docente UArtes Mariuxi Ávila, la artista mexicana Priscella Uvalle dictó en nuestra institución el taller “Cuerpo y Decolonialidad” a los estudiantes de la carrera de Danza de la Escuela de Artes Escénicas.
El taller se realizó en coordinación con la carrera de Danza y la Dirección de Relaciones Internacionales UArtes, indicó Marixui Ávila, quien en el 2025 resultó beneficiaria de los Fondos IberEscena, iniciativa de cooperación cultural iberoamericana que apoya a las artes escénicas mediante ayudas económicas y técnicas para fomentar la creación, coproducción, distribución, investigación y profesionalización de artistas y proyectos en la región.
Aunque la fecha de realización del taller data de finales del 2025 (6 de noviembre, en dos jornadas), Priscella Uvalle comparte desde su natal México en este 2026 sus apuntes de la experiencia vivida, reflexiones que no se desactualizan porque la suya fue una invitación a pensar y sentir el cuerpo desde otro lugar. “No como una técnica a aprender, sino como un territorio vivo atravesado por historias, memorias y formas de control. Mi intención fue abrir un espacio teórico–práctico para cuestionar la performatividad colonial que habita nuestros cuerpos, especialmente en el campo de la danza y las prácticas corporales occidentales”.


Agregó que su intención fue abrir un espacio teórico–práctico para cuestionar la performatividad colonial que habita nuestros cuerpos, especialmente en el campo de la danza y las prácticas corporales occidentales. “Durante el encuentro compartí una serie de ejercicios que partieron de la entidad anímica ihiyotl, concepto desarrollado por pueblos originarios del territorio mexicano, como el nahua, para nombrar las energías vitales que habitan el cuerpo. Lo propuse no como categoría fija, sino como centro de experiencia desde donde articular respiración, emoción, conciencia e intención, en contraste con la fragmentación mente–cuerpo del paradigma cartesiano”.
A través de la respiración, la atención y el movimiento, la tallerista indicó que fueron desplegando una cartografía somática que les permitió reconocer cómo circula la energía y la conciencia en el cuerpo. “Me interesaba abrir formas de percepción interna donde sentir, pensar y actuar no aparecieran como procesos separados, sino como un mismo gesto encarnado. La Cartografía del Ihiyotl Necoc –el aliento entre dos mundos– fue el umbral principal para habitar ese cruce entre lo fisiológico y lo político. Trabajamos la relación entre plenitud y vacío sosteniendo la inhalación hasta el borde del estallido y colapsando después en una exhalación total, soltando el control.
En ese vacío, cuando el cuerpo se aproxima a la “nada”, apareció para una potencia distinta: la posibilidad de una resurrección colectiva, lejos de la lógica de eficiencia, productividad y rendimiento que el sistema nos exige, incluyendo la danza misma. “En la práctica La espiral frente a la norma, invité a dejar que cada hueso –cráneo, columna, pelvis– exhalara su propia curva. Frente a los movimientos rectos, limpios y normados, la espiral interna emergió como un mapa del cosmos que habita en nosotras y nosotros, recordándonos que cada giro guarda la memoria del primer soplo del mundo”.

Una pregunta atravesó todo el taller, reveló Priscella Uvalle: “¿qué cuerpos son reconocidos como válidos? Al conectar nuestras espirales internas como un gran Atecocolli–Churo (caracola), el trabajo se desplazó del autocuidado entendido como consumo hacia una experiencia de sincronía compartida. En los ejercicios en pareja apareció el encuentro real y la posibilidad de cultivar un lenguaje de movimiento propio, sin artificios técnicos y sin el miedo a no ser o no pertenecer. Renunciar a las presiones y expectativas que no nacen de nosotras mismas fue un gesto político central. Para mí, el taller se sostuvo como un ejercicio de rehabitación decolonial: una respuesta táctil a la memoria de los cuerpos que hemos sido y el reconocimiento de los cuerpos que, a través del aliento y la desobediencia, aún podemos volver a ser”.
“En el cierre, el espacio se abrió al compartir colectivo. Cada cuerpo desplegó el movimiento que su propio deseo habitaba, entre cantos, contagios y vibraciones comunes. Lo individual apareció solo como un tránsito para disolverse en lo colectivo. La respiración sostenida nos llevó a un estado de conciencia profunda, mientras las voces y resonancias nos exigían escucha mutua. Entre risas, timideces y actos de valentía, construimos un espacio seguro que culminó en un círculo de palabra para nombrar cómo la colonialidad atraviesa nuestros cuerpos desde cada disciplina y contexto”.
“En lo personal, este taller no fue una búsqueda de instrucción técnica, sino una práctica de investigación–acción sobre las preguntas que sostienen mi trabajo: ¿qué cuerpos seríamos si nuestras formas de sentir y movernos no hubieran sido colonizadas? ¿cómo desestabilizar los valores hegemónicos desde la carne? Frente al cuerpo domesticado –disciplinado, vigilado y subordinado–, sigo preguntándome cómo nuestras prácticas pueden convertirse en dispositivos que no se anclen únicamente en la razón, sino en el aliento, como fuerza vital y política que sostiene la vida”.

Texto: colaboración de la artista mexicana Priscella Uvalle. Imágenes: fotógrafo Vicho Gaibor, cortesía de la docente Mariuxi Ávila/Residencia Escena Colonche en Estación 2050 Olón. Las imágenes corresponden a las jornadas que tuvo el taller, dictado el pasado 6 de noviembre.







