El diálogo virtual con el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán abrió una jornada que prometía poner a sus participantes a arder, desde casa, desde dentro. Lo condujo la también autora Solange Rodríguez, directora de la Escuela de Literatura de la Universidad de las Artes, quien empezó la XI edición de “País para cuentistas” con una introducción que terminó con sentidas arengas por el cuento y la educación pública en artes.
“Comunidad de Guayaquil ardemos, nos prendemos, nos sujetamos al entusiasmo que nos causa escuchar historias. ¡La casa está encendida para todos!”, dijo previamente y con entusiasmo, alentando a que se vea el humo de entre quienes estaban congregados para la cita en la Biblioteca de las Artes y en alusión al tema de la edición 2026: “¡Que arda la casa!”, cuya jornada se desarrolló el pasado viernes 30 de enero.
Bienvenidos habitantes de este país de cuentos. Desde el 2018 se vienen ejecutando jornadas de propagación y de análisis que obedecen a algunas preguntas: ¿Es Ecuador un país para cuentistas? ¿Es un lugar donde el género cuento puede mantenerse? ¿Qué circunstancias se requieren para su existencia? Muchos escritores ecuatorianos han intentado hablar y hoy también los vamos a escuchar, anotó, dando cuenta luego de una programación que tendría más diálogos entre escritores.
De Ecuador, el también reconocido autor Dalton Osorno y jóvenes narradores locales, graduados en la UArtes, quienes serían entrevistados por quienes siguen sus pasos: los estudiantes de la Escuela de Literatura.

“Pasaremos también de las palabras a los hechos con un taller de cuentos dictado por las estudiantes Paola Salazar y Cecibel Cortez, quienes van a experimentar con la idea de que los personajes son una forma de autodescubrimiento”, precisó Rodríguez, revelando al invitado, conectado desde Estados Unidos a través de la plataforma de Zoom.
Añadió que la edición estaba dedicada a los cuentistas entusiastas y naturales. A los cuentistas que nacen y mueren sin contar… Para las que se enamoran de los cuenteros. Para los que se enamoran de las platicadoras cuentistas de boca roja. Para los que temen pasar una noche en vela, vacíos e intranquilos. “Calma, hay un cuento para ustedes”, dijo antes de revelar la primera inquietud para Paz Soldán.
¿Cómo funciona esta sinergia entre el investigador y el creador de historias?, preguntó Rodríguez tratando de ahondar en la experiencia del invitado, autor de catorce novelas y un también abultado número de cuentos, ganador de premios como el Juan Rulfo de cuento y el Nacional de Novela de su natal Bolivia.
El docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell atribuyó que la fusión indagada era resultado de la práctica y sacó a cuentas sus inicios como profesor y su gustó por la sincronía, aquella que lo llevaba a enseñar con lo que escribía. Ahora prácticamente todo está concentrado. A veces una clase lo lleva a un cuento o viceversa, explicó.

Paz Soldán puso ejemplos, resultado de lo vivido. Repasó lo experimentado como docente de doctorado y los hallazgos que él mismo fue haciendo de los autores del mundo cuando preparaba sus clases, de sus propias inquietudes, de sus muchas preguntas, de las respuestas obtenidas. Habló de cómo surgieron sus obras, publicadas dos en el año como indicó la entrevistadora tratando de descubrir su fórmula.
El escritor boliviano no se reservó nada, contó que lo llevó a sus obras concebidas al calor de la ciencia ficción ecológica y distópica, las relaciones entre tecnología, naturaleza mutante y política. “(…) En los últimos cinco o seis años me di cuenta de que los nuevos estudiantes del doctorado venían con intereses sobre cuestiones ambientales. Entonces, como no había en ese momento ningún especialista simplemente me ofrecí de voluntario a dar un curso en un seminario doctoral. Estamos hablando de 2018, 2019, tenía cero idea del tema y preparé la base teórica del curso, y formé una genealogía de textos latinoamericanos que tuvieran que ver con cuestiones ambientales hasta llegar al presente”.
Vas leyendo esos libros, vas preparando la clase y el concepto comienza a disparar la imaginación, dijo, Y puso un ejemplo que en su preparación del curso descubrió a un escritor que no sabía que existía y su forma de describir el Amazonas. “Invierno Verde”, un libro de cuentos de 1910, un eco-horror porque eran cuestiones de horror relacionadas con la naturaleza.
Describió Paz Soldán el viaje mental que ha hecho en los últimos años frente a publicaciones como la citada y su entorno.



El diálogo fue extenso, pues también fue consultado sobre la producción literaria y los sellos editoriales. Si por ser grandes no prestan tanta atención como lo anhelan los autores, justamente por tener muchos a publicar casi a la par; o si son pequeñas y manejables, pero no formales en cuanto a regalías y viceversa.
Pero no solo Solange Rodríguez llevó consigo interrogantes y las planteó, también invitó a los presentes a formularla y aprovechar la presencia de un autor reconocido sobre quien existen en red numerosas publicaciones que destacan, por ejemplo, que “es en el océano de la incertidumbre, de lo inquietante, donde (él) bucea y coloca a sus personajes, tantas veces perplejos, en fase de descubrimiento. Es hacia ese lugar, fruto de la invención, pero anclado en datos, en imágenes, en circunstancias que nos resultan familiares, porque ya están acaeciendo, hacia el que nos dirige, en un trayecto que se va armando con un sentido de unidad, haciéndose más atrayente a medida que avanzamos y vamos experimentando sensaciones diversas: desasosiego, curiosidad, temor, rechazo, resignación hacia el imparable devenir evolutivo, ciertas dosis de ternura, comprensión, empatía…”.
Texto y fotos: Carmen Cortez/Dircom.







