Estudiantes muestran resultados de sus aprendizajes sobre creación en medios electrónicos y herramientas tecnológicas

Tres exposiciones colectivas de estudiantes de la Escuela de Artes Visuales de las asignaturas Introducción a las Herramientas Tecnológicas y Taller de Creación en Medios e Imagen Electrónica, que dicta la docente Ruth Cruz, mostraron en fin de semestre los resultados de los aprendizajes dentro y fuera de las aulas de la Universidad de las Artes. “Protocolos Somáticos”, “Displacement: Cuando l – Data sale de casa” y “Grados de latencia” estuvieron en las galerías El Garaje del edificio Tábara y en el CIF del MZ14 Centro de Producción e Innovación UArtes.  

“Grados de latencia”

De la clase Introducción a las Herramientas Tecnológicas, sus estudiantes presentaron la muestra “Grados de latencia”, inaugurada este martes 3 de febrero en la Galería CIF del MZ14 Centro de Producción e Innovación UArtes. En la propuesta artística y colectiva, resultado de lo trabajado durante el semestre, participaron los alumnos  Andrea Bastidas, Alessandro Carranza, Elena Castro, Emily Constante, Eduardo Ferrín Rodríguez, Madeleine González, Fabiana Logacho, Kerly Moreira, Nacho Olaya, Cindy Parra, Andrés Toala, Fátima Vélez, Christian Vera, Ana Linda Yupa. Curaduría: Leslie Cruz.

“Protocolos Somáticos”

La muestra colectiva “Protocolos Somáticos”, inaugurada el 27 de enero en la Galería El Garaje, reunió obras que toman el cuerpo como un territorio atravesado por normas, memorias y sistemas que rara vez elegimos de forma consciente. El protocolo aquí no es neutral: ordena cómo recordamos y qué borramos, cómo habitamos la pérdida, cómo heredamos gestos y palabras, cómo nos hacemos legibles para máquinas y para otros cuerpos.

En el espacio referido expositivo de la UArtes presentaron sus obras Isaac Rodríguez, quien a su trabajo tituló “Memoria encarnada”; Brigitte Mendieta, intervino con “Sin título”; Christian Cepeda, con “La plaza”; Mary Burbano, con “El peso sobre ti”; Leonardo Llerena, con “Intersticio Frágil”; Andrea Holguín, con “Vestidor”; Isaac Villacrés, con “Bitácora de luto”; Geovannoty Arana, con “La cuasi gente”; Paola Pereda, con “Zona de captura”; y Wilson Muguersa, con “Geometría del colapso”.

Cabe anotar que, cada una de las piezas presentadas, activan distintos protocolos somáticos, tecnológicos, afectivos, sociales, simbólicos, y muestran también dónde fallan. El cuerpo aparece como archivo incompleto, como superficie de inscripción, como error, como resto. La memoria no se presenta como un relato estable, sino como algo que se desgasta, se fragmenta o persiste de formas inesperadas: en textos breves destinados a desaparecer, en sistemas que registran la presencia corporal y devuelven residuos sonoros, en mallas digitales colapsadas, en prendas impuestas, en pesos sostenidos, en objetos resguardados dentro del cuerpo, en palabras heredadas, en espacios que recuerdan incluso cuando ya no hay testigos.

“Las obras invitan a entrar, cargar, vestir, escribir, escuchar, recorrer. El espectador no solo mira; ejecuta y se deja operar por lógicas que lo exceden, incomodidad, duelo, vergüenza, extrañamiento, para que el cuerpo deje de ser representación y pase a ser máquina de experiencia. ¿Cómo aprendemos a vivir en estos sistemas y qué huellas dejan en la sensibilidad, la identidad y la memoria? Los protocolos se hacen visibles, se tensan, se desarman o colapsan. El cuerpo no como unidad estable, sino como campo de negociación entre lo impuesto, lo heredado y lo vivido”, señala el texto curatorial.

Galería El Garaje del Tábara

También en la Galería El Garaje del edificio Tábara se inauguró el 28 de enero “Displacement: Cuando l – Data sale de casa”, la cual, según lo anotado al inicio del texto, mostró los resultados de fin de semestre de la clase de Taller de Creación en Medios e Imagen Electrónica que dicta la docente Ruth Cruz. Participaron los estudiantes Valeria Pineida, con la obra “Había un pájaro en tu oído”; Chris Chicaiza, con “Anatomías invisibles”; Julio Calle, con “Zona intermedia”; Mariela Cano, con “Topografías del inconsciente”; Eliot Zambrano, con “Entidad RGB”; Ariana Correa, con “Nothing ever stays the same”;  y David Oviedo, con “Después de la vida”. La curaduría corrió a cargo de Leslie Cruz.

En su texto curatorial, Cruz señaló a “Displacement” como una exploración de los retos emocionales que habitan en una casa suspendida entre lo que fue y lo que permanece en construcción. A través de la confrontación entre tecnologías obsoletas y dispositivos contemporáneos, la muestra activó una arqueología del afecto donde el habitante se manifestó como una resonancia de i-data; un eco que emerge de lo doméstico para enfrentarse a encuentros subjetivos. En este escenario, se nos invitó a imaginar las vidas de quienes se han descorporeizado, pero continúan proyectándose por inercia.

“Como sugería Virginia Woolf al considerar que el ‘yo’ es apenas un término para referirse a alguien que no existe, la muestra propuso una atención sensible hacia los objetos y momentos que nos definen dentro de un espacio de intimidad”, indicó la curadora. Agregó que el recorrido funciona como una construcción simbólica donde las obras actúan como metáforas del cuerpo, transitando desde el plano mental hasta la arquitectura medular que nos sostiene.

“La propuesta buscó involucrarnos en la sensación que el ser emite, partiendo no solo de su aspecto físico, sino del devenir del cuerpo a través de los espacios y los lugares. Un diálogo que va desde la construcción de memorias hasta la formación de una estructura liminal, donde la fragilidad habita el espacio”.

Bajo esta premisa, “Displacement” incitó a escuchar las frecuencias de nuestro entorno que suelen pasar desapercibidas, estableciendo un diálogo con paisajes latentes y con aquellas articulaciones del ser que, aun invisibles, sostienen nuestra existencia. Es aquí donde el rastro de la esencia humana se encuentra con el espectador, quien asume el rol de activar el pulso de lo recurrente. De este modo, nos sumergimos en la atmósfera de un organismo vivo, donde la experiencia sensorial cede su lugar a la contemplación de la permanencia.

Texto y fotos: con la colaboración de la estudiante Leslie Cruz. Edición: Carmen Cortez/UArtes.

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