Nació de la experiencia guayaquileña y la transformación personal. El poemario del escritor y docente Andrés Landázuri congregó en la Plaza Pública del MZ14 Centro de Producción e Innovación de la Universidad de las Artes a una audiencia ávida por conocer detalles de la construcción creativa de “El perro del alba”, publicado por Sur Editorial (Cuenca, 2026).
La participación de Landázuri y su obra se dio en el rubro de las presentaciones de libros que se programaron en el XXVII Congreso Internacional de la Asociación de Ecuatorianistas, del cual la Universidad de las Artes fue del 16 al 19 de junio su sede y coorganizadora conjuntamente con la Université Paris-Nanterre y el IFEA (Instituto Francés de Estudios Andinos).
La presentación de “Perro del alba” se desarrolló como un espacio de conversación íntima en torno al proceso creativo de la obra, acompañado por la lectura de fragmentos y un diálogo sobre las motivaciones y diversas anécdotas que se desarrolla en los escenarios y las experiencias que dieron origen al libro.
Antes de abordar el contenido del poemario, Andrés Landázuri dedicó unas emotivas palabras a su hijo recién nacido, Gaspar, y a su esposa Sammy. Con más de quince años de trayectoria vinculada a la UArtes, el docente de la Escuela de Literatura recordó que llegó a Guayaquil para formar parte del proyecto Universidad de las Artes desde sus inicios, aseguró que es una experiencia que marcó profundamente su vida y su trabajo creativo.

“Es algo a lo que he decidido dedicar mi vida. Me parece extraordinaria la existencia de esta universidad y lo que propone”, manifestó el escritor, quien tiene una licenciatura en Comunicación y Literatura por la PUCE (Ecuador), una maestría en Filología Hispánica por la UNED (España) y un doctorado en Literatura Latinoamericana por la UASB (Ecuador).
Landázuri contó que retomo un poema llamado “El cascarrabias”, que publicó en Blogger hace 10 años y lo que hizo en los últimos 2 años fue darle más forma y expansión a la estructura narrativa, aportándole más crónicas de la vivencia de Guayaquil.
Añadió que “Perro del alba” se construye a partir de la experiencia cotidiana de habitar un Guayaquil caótico y gótico más que una colección independiente de textos. El autor explicó que se trata de un único poema extenso, organizado en cuatro secciones: “El cascarrabias”, “Metrópolis”, “El Banquete” y “Asunción”.
El recuento del proceso de escritura de la obra llevó a su autor a compartir un breve fragmento de la obra, donde la relación conflictiva entre el individuo y el mundo aparece como una de las principales tensiones del poemario. La lectura abrió paso a una conversación sobre el origen del título y la construcción narrativa del libro. El escritor explicó que la ciudad se convierte en un personaje central, un cascarrabias alimentado por escenas observadas en la vida cotidiana.

El diálogo permitió ahondar también en que uno de los capítulos, “Metrópolis”, surge precisamente de ese ejercicio de observación urbana, donde sucesos aparentemente ordinarios se integran a la escritura, muy común en el dialecto guayaquileño de expresar con “obscenidades de manera lirica y metafórica” de la vida misma.
“En los días en que estaba escribiendo esto imaginaba una especie de paseo por esta ciudad medio infernal, que es Guayaquil, y me iba nutriendo de esas cosas que veía. Eso inmediatamente entraba al texto”, comentó Andrés Landázuri.
El poemario propone así una travesía que acompaña a un personaje a lo largo de un día entero: despierta, recorre las calles, se encuentra con amigos y atraviesa distintos espacios que revelan una mirada crítica, sensible y profundamente humana sobre la experiencia urbana. Compartió Landázuri su perspectiva y presentimiento de que su libro era una adaptación de la novela “Ulises”, de James Joyce (publicada en 1922 y considerada una obra maestra del modernismo literario). A medida que lo leía, dijo, se reflejaba en el personaje del cascarrabias.
La presentación concluyó con una invitación a los asistentes a acercarse a comprar la obra y esta acogida removió la memoria afectiva y la compleja de la relación entre los guayaquileños con su ciudad contemporánea y extraña.
Texto: Eleinn Rivera Solís, estudiante de la Escuela de Literatura. Fotos: cortesía de la Escuela de Literatura.







