Recorrer el Museo Interactivo Océano Vivo instalado en la sala Ría de la Biblioteca de las Artes es realmente una invitación a experimentar el mar en tierra, escuchar el canto de las ballenas jorobadas, explorar la Reserva Marina El Pelado a través de la realidad virtual, descubrir la magia de la bioluminiscencia y dejar huellas construyendo corales.
El museo se inauguró ayer, martes 7 de julio. La iniciativa es un trabajo conjunto entre la Universidad de las Artes y la Fundación Amiguitos del Océano, representadas en la labor articulada por el docente Juan José Ripalda con el respaldo del Departamento Transversal, la Biblioteca de las Artes, Mediaco Lab y El Recinto Lab; y Daniela Hill, directora de la ONG ecuatoriana dedicada a la conservación y cultura oceánica.
Previo a la apertura de la propuesta hubo un acto inaugural, al cual asistieron el rector Saidel Brito, la vicerrectora académica Yulianela Pérez y el vicerrector de Posgrados e Investigación en Artes Andrey Astaiza; la viceprefecta del Guayas, Ana María Gallardo; y los representantes de varias instituciones aliadas del arte, la cultura y la conservación ambiental, conjuntamente con la comunidad universitaria.


Daniela Hill, fundadora y directora de la Fundación Amiguitos del Océano, comentó conocer desde hace varios años a la Biblioteca de las Artes y que ha llevado a la Sala Ría a su hija pensando que en un espacio tan lindo algo tenía que hacer y el día llegó. Agradeció el recibimiento y el trabajo de los equipos para convertir en realidad el museo.
Adriana Coloma, directora del repositorio de la Universidad de las Artes, brindó las palabras de bienvenida destacando que para presentar la muestra se juntaron varias manos y que muchos de nuestros estudiantes pusieron sus esfuerzos en el montaje. “Una biblioteca universitaria es un espacio de encuentro y un espacio provocador para distintas discusiones desde el ámbito académico, artístico y práctico. Se requirieron de varios días y noches para levantar el museo”, contó y recordó que el 8 de junio fue el Día Mundial de los Océanos y que en la Ría esa celebración se mantenía porque no es solo de un día o un mes, sino todo el tiempo.
Coloma adelantó que en los espacios de mediación lectora se leerán libros relacionados a las ballenas y los océanos. “Activaremos de diferentes formas nuestros fondos bibliográficos para la celebración. Sean bienvenidos con su familia ampliada, con sus niños, niñas y adultos mayores, que estoy segura también disfrutarán mucho de este espacio”, refirió Adriana Coloma.

Daniela Hill celebró haberse encontrado en la UArtes con personas abiertas a los proyectos y recordó el festival “Sinfonía de Ballenas”, desarrollado en 2025 con la cooperación alemana GIZ. Dijo también que con la propuesta regional Save The Blue Five se pudo explorar un poco más la parte acústica y la biocultura. Con la Fundación Amiguitos del Océano han tratado de divulgar, difundir e interiorizar de diferentes maneras la conservación marina, lo cual los llevó a explorar las artes vivas. Es así como se contactó con la universidad y el festival fue la oportunidad para el trabajo conjunto.
Que se exploró mucho la biocústica, con los cantos de las ballenas y los inspiró. Hablaron de ancestralidad, cultura, identidad. Querían ver cómo llegar a más personas. “En los nueve años de la fundación hemos recorrido y sabemos que hay mucha gente que pese a vivir frente al mar no sabe nadar ni lo ha explorado”. Los llevó a analizar qué pasaría con quienes habitan las ciudades. El Museo Interactivo Océano Vivo surgió de esa idea, refirió, invitando al vicerrector Andrey Astaiza a compartir la experiencia con el proyecto que dirigió “Por los vientos que soplan”, la puerta para el trabajo conjunto que llevó a querer traer el mar a la ciudad.
Andrey Astaiza compartió la experiencia personal de que conoció a su esposa en el mar, en una tabla de surf disfrutando del entorno. Allí comprendió sobre la relación del ser humano con el océano, con el agua. La segunda historia de amor, como denominó a su relato, fue haber asistido al Museo de Conchas y tocó una caracola, puesto que es músico, y conoció a otra persona apasionada por el mar, la educación, el arte, la cultura. Hablaron de emprender proyectos y así nació “Por los vientos que soplan: capacitación de elencos y bandas musicales para el fortalecimiento de la formación artística de niños, niñas y adolescentes”.




Se invitó a niñas y niños a aprender música de una manera diferente. Quizá no tienen una trompeta, pero están aprendiendo los principios básicos de la ejecución musical. Se cumplieron muchas fases y hubo resultados como la conformación del Coro de Sonoridades Ancestrales de Ayangue.
“Creo que mi trabajo de vicerrector de Posgrado e Investigación en Artes es el de promover encuentros”, expresó, agradeciendo a Ripalda. Hill, a los estudiantes en prácticas preprofesionales, a la biblioteca… “A todos, vamos juntando puntos para hacer una línea infinita que se llama arte, educación, ciencia, cultura y diversión”.
Daniela Hill contó que a Juan José Ripalda lo conoció el año pasado y le agradeció porque empezó a entender y aprender cómo es la sonoridad y lo que presenta el Museo Interactivo Océano Vivo. El docente UArtes mencionó el proceso de lo que se ve ya instalado; tiene un trasfondo, un equipo, mucho tiempo y energía, y un aprendizaje para muchos sentidos.
“El proyecto tiene muchas aristas y este evento, es como la inauguración también de un evento hito de la universidad, como lo es la Minga Multimedia de Arte y Tecnología, en que de manera colaborativa intervienen todas las escuelas de la universidad”, indicó en torno al museo, donde esculturas luminosas de ballenas jorobadas reciben al público, en una propuesta visual y sonora, pues se puede escuchar el sonido de su canto.

Son nueve las estaciones que tiene el museo, como el de realidad virtual, donde los visitantes pueden sumergirse en el paisaje de la Reserva Marina El Pelado, de la provincia de Santa Elena. Hay también un simulador de las profundidades del océano, donde no llegan los rayos solares y las especies han desarrollado bioluminiscencia en sus cuerpos. Un videojuego diseñado para la muestra, donde los visitantes deben liberar especies capturadas. Un área de mapping sirve como espacio para talleres con arcilla. Y una instalación reflexiona sobre la contaminación de los océanos mostrando todo lo que se encuentra en sus fondos.
Lo presentado, indicó Ripalda, responde a los principios que se comparte con la fundación y también los proyectos de investigación y de vinculación con la sociedad de la UArtes.
Seguidamente, Daniela Hill invitó a los presentes a recorrer el museo, anticipando la diversidad de sus propuestas. “Para nosotros es importantísimo poder difundir y que la gente conozca lo que es el patrimonio natural y cultural; hay códigos QR en algunos lugares para que conozcan más de la cultura oceánica y lo qué pasa debajo del agua”. Adelantó que varias instituciones educativas serán invitadas a la muestra y que está contará con integrantes de la fundación brindando información y acompañando en los recorridos.
Justamente, un grupo empezó a recorrer el museo y una de las voluntarias de la fundación les explicó, señalando a las estructuras de ballenas jorobadas entronizadas en la sala Ría, que son una especie migratoria que recorre desde la Antártida hasta acá. «Siempre nos visitan; migran por nuestras aguas que son más calientes para ellos. Vienen a reproducirse. Se cree que llegan en familia y así está representada en muestra, pero es la hembra, cuyo tamaño es mayor a la del macho, que trae a su cría”, explicó una de las guías a un grupo que inició el recorrido por la Ría. Añadió que la gestación de las ballenas suele durar de once a doce meses. “Estamos en la temporada de apareamiento.
Texto; Carmen Cortez/Dircom. Fotos: Tyrone Maridueña y Rocío Martínez/Dircom. Las imágenes recogen la inauguración del museo, con la participación de autoridades, la viceprefecta del Guayas y la comunidad universitaria; también, varias de las estaciones implementadas. En la imagen de portada, el equipo de la Fundación Amiguitos del Océano y de la UArtes, integrado por docentes y estudiantes en sus prácticas preprofesionales.







