En visita guiada por su curador: nuestro rector Saidel Brito, la comunidad UArtes recorrió la Sala Permanente de Arte

Con la curaduría e investigación del artista visual y doctor en Ciencias sobre Arte, Saidel Brito, rector de la Universidad de las Artes, Guayaquil inauguró en el Centro Cultural José Joaquín de Olmedo su primera Sala Permanente de Arte, un espacio concebido para exponer parte de la reserva histórica del Museo Municipal de esta ciudad.

“Estamos frente a un hito para la gestión cultural de Guayaquil”, dijo en el acto inaugural nuestro rector, revelando que las investigaciones tomaron cuatro años y que sus resultados están cristalizados en la muestra, la cual busca convertir la colección del Museo Municipal en un espacio vivo de acceso público, investigación y difusión cultural.

En su propuesta curatorial, el doctor Saidel Brito plantea un recorrido que revisa la evolución del arte moderno local y los procesos culturales que marcaron a la ciudad entre finales del siglo XIX y la década de los 70 del siglo pasado. Su presentación es una invitación a entender la colección del Museo Municipal de Guayaquil como un relato en constante movimiento, atravesado por la memoria cultural, la pedagogía artística y las transformaciones sociales; fundado en 1908, las indagaciones sobre sus archivos incluyeron la revisión de documentos históricos, catálogos, registros periodísticos y material inédito.

La inauguración tuvo lugar el jueves 21 de mayo y al día siguiente, el viernes 22, la comunidad UArtes fue invitada a recorrerla. Admiración y orgullo se respiró en el ambiente. Como guayaquileños nativos y/o acogidos tener una Sala Permanente de Arte nos posibilita conocer la obra de grandes exponentes que hicieron historia; y como parte de la universidad, tuvimos el privilegio de que nuestro rector, como su curador e investigador, sea quien brindará la guía.

El recorrido realizado fue enriquecedor. El doctor Saidel Brito compartió información y el proceso de investigación. En el Centro Cultural Olmedo, dijo, la muestra está organizada en tres salas principales, dos espacios de transición y una pared rotativa destinada al arte contemporáneo, donde se incorporarán periódicamente obras de la reserva del museo correspondientes a los últimos 45 años, a fin de mantener activa la colección y generar nuevas lecturas curatoriales.

La Sala Permanente de Arte reúne obras de artistas como Bolívar Peñafiel, Oswaldo Guayasamín, Yela Loffredo, Mariella García, Eduardo Solá Franco, Enrique Tábara, Mario Kirby y Jorge Velarde, además de piezas históricas pertenecientes a la colección del Museo Municipal de Guayaquil.

Aborda los inicios de la modernidad artística en Guayaquil y la construcción de nuevos lenguajes visuales desde finales del siglo XIX. Allí se exhibe La vendedora napolitana (1889), de Delfina Pérez de Rendón, considerada una de las primeras mujeres artistas reconocidas en Ecuador. El recorrido incluye obras como Nevados, atribuida a Juan León Mera; Paisaje de la costa, de Luis A. Martínez; y Vista al Cotopaxi, del austríaco Rudolf Reschreiter. A través de estos trabajos se evidencia el tránsito desde la tradición romántica hacia nuevas formas de representación del paisaje y la identidad.

La exposición también dedica un espacio a la formación artística en la ciudad y al papel de las escuelas de bellas artes en Guayaquil. En ese contexto, constan figuras como José María Roura Oxandaberro, Enrico Pacciani y Antonio Bellolio. Sobresale, asimismo, Personal de la Superintendencia de Bancos de Guayaquil, de Teobaldo Constante, una pintura de 1955 que retrata escenas cotidianas con precisión técnica y atención al detalle. La caricatura tiene un papel importante dentro del recorrido, especialmente a través del trabajo de Galo Galecio, cuyas piezas recuperan figuras fundamentales de la cultura ecuatoriana y permiten reconstruir parte de la memoria artística de la ciudad.

Texto curatorial

El texto curatorial de sala del doctor Saidel Brito fue uno de los lugares más concurridos durante la visita UArtes, debido a la riqueza de la información artística e investigada. A continuación, extractos de una lectura imperdible: Las obras expuestas pertenecen a un período dorado del arte ecuatoriano. A contrapelo del indigenismo, los jóvenes artistas que orbitaron en el movimiento ancestralista sacuden las estéticas instituidas del realismo social para cristalizar uno de los momentos de mayor esplendor, rigor investigativo y exploración plástica en la historia del arte nacional.

Para la colección del Museo, que contiene obras de altos kilates de esta generación, fue determinante los premios adquisición del Salón de Julio, a partir de su creación en 1959. La obra Danzantes del estadounidense Lloyd Wulf, ganadora del primer Salón, inicia la sala frente a La libertad de Humberto Moré, primer premio en la cuarta edición del Salón en 1962. Ambas piezas dialogan de manera especial.

En el centro de la sala se despliega una de las obras insignes de la exposición: Gris Precolombino de Enrique Tábara, que fue primer premio del Salón de Julio en 1967, constituyendo una de las piezas más importantes del arte ecuatoriano del siglo XX. En ella, la iconografía prehispánica se sintetiza en un lenguaje contemporáneo, donde textura y estructura evocan vestigios arqueológicos resignificados desde la modernidad.

En la pared frontal, junto a Danzantes, está Esplendor de Segundo Espinel y Filigrana de Aníbal Villacís. Espinel fue un artista versátil, incursionó en la pintura, caricatura, afiche y muralismo, siendo un pionero en varias de estas disciplinas. Fue un artista transgeneracional. Su obra es prolija, con solidez y solvencia en sus diversas incursiones plásticas. Fue estudiante de Roura Oxandaberro en la primera Escuela de Bellas Artes. Obtuvo numerosos reconocimientos en salones nacionales como el Mariano Aguilera y el Salón de Julio, donde obtuvo el primer premio con Esplendor en 1966.

Por su parte, Villacís se formó en Madrid, donde bebió de forma directa del informalismo europeo. Fue un gran innovador en la pintura: sus técnicas mixtas con materiales como polvo de mármol, arena, metales y pigmentos para construir superficies densas resultan aún indescifrables. Su obra es exuberante en el uso de símbolos abstractos y formas que evocan antiguos relicarios o lenguajes ancestrales. Filigrana es una obra pequeña pero mayor, galardonada con el segundo premio del Salón de 1964 Villacís exploró la visualidad precolombina para traducirla en una imaginería profusa, impactante y profundamente evocadora de la herencia andina. En 2007 fue galardonado con el Premio Nacional Eugenio Espejo, uno de los más altos reconocimientos culturales en Ecuador.

La escultura Homenaje a la piedra # 2 de Estuardo Maldonado completa la sala. Sin dudas, fue uno de los grandes artistas de su generación, un investigador excesivo que alteró la escena artística del Ecuador. Tuvo una longeva carrera marcada por una sucesión de estilos y movimientos, integrando el ancestralismo y el arte cinético con magia creadora. La pieza de la muestra pone su acento en la piedra, con un sutil juego de color y estructura metálica, materiales que empleó con maestría e innovación científica a lo largo de toda su obra.

Las apuestas expresivas de los artistas de los años sesenta modificaron no solo el arte, sino toda la institucionalidad cultural del país. Después de ellos la estética del realismo social perdió su hegemonía y las políticas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, junto a sus pretensiones de marcar un eje único para la práctica artística, sucumbieron frente a los embates poéticos del VAN. Con la recuperación de la imaginación y el descubrimiento de nuevos derroteros artísticos, los imperantes conceptos estrechos de identidad nacional fueron pulverizados.

Por ello, el recorrido de la segunda sala propone entender estas valiosas obras como respuestas diversas, pero interconectadas a una misma pregunta: ¿cómo construir, desde el arte, una identidad moderna capaz de dialogar con la historia, el territorio y las transformaciones culturales de su tiempo?

El espacio expositivo

Vale anotar que la Sala Permanente de Arte ocupa parte del edificio que durante décadas albergó al Club de la Unión, institución fundada en 1869 y considerada una de las más antiguas de Guayaquil. El inmueble, construido entre 1939 y 1944 por José Antonio Gómez Gault, fue escenario de encuentros sociales, políticos y económicos de la ciudad.

En el Centro Cultural Olmedo la Sala Permanente de Arte se puede visitar de martes a sábado, desde las 09:00 hasta las 17:00.

Texto: Carmen Cortez/Dircom. Fotos: Rocío Martínez/Dircom.

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