La Biblioteca de las Artes fue el punto de encuentro para la ponencia plenaria con la poeta, narradora y pianista ecuatoriana Sonia Manzano, en el marco de la vigésimo séptima edición del congreso de ecuatorianistas, que tuvo como sede y en la coorganización a la Universidad de las Artes, y que reunió durante cuatro días a investigadores, docentes, estudiantes y creadores alrededor de “Literatura, arte y culturas del Ecuador”.
Con Solange Rodríguez Pappe, directora de la Escuela de Literatura, como mediadora, la cita derivó rápidamente en algo más que un acto académico. Fue un diálogo performático sobre la escritura, el cuerpo, la memoria y la violencia simbólica de la experiencia femenina. Una cita que convocó a la comunidad universitaria, a los vicerrectores Yulianela Pérez y Andrey Astaiza, así como a los miembros de la Asociación de Ecuatorianistas y escritores invitados como ponentes.
Uno de los ejes centrales de la sesión fue la lectura crítica de la obra de la invitada, especialmente su narrativa breve. La moderadora dio cuenta de Bastard@s, una publicación de la Universidad de las Artes que recopila ensayos críticos, artículos y reflexiones sobre la literatura ecuatoriana contemporánea. Nació como una iniciativa de la Escuela de Literatura, bajo la edición y convocatoria del docente Andrés Landázuri, para cartografiar y analizar la producción literaria, impresa, publicada y difundida en el Ecuador en los últimos 25 años.


En esa obra, Solange Rogríguez está presente con “Prodigios, monstruos y metamorfosis en los cuentos de Sonia Manzano”, que eligió para enfocarse en una sola línea: la narrative y los cuentos, porque a la ponente invitada se la asocia a la poesía por su numerosa obra poética.
“Para este enfoque personal he elegido sus libros de cuentos: ‘Flujo escarlata’ (Libresa) y ‘Trata de viejas’ (Eskeletra). Revisitar sus relatos breves es adentrarse en una materia reluctosa e incómoda que acompasa perfectamente la radicalidad de sus tramas”, agregó, subrayando su lugar como una figura “audaz, rebelde y experimental, cuya obra exige aún mayores estudios críticos”.
Sonia Manzano respondió con una mezcla de ironía, gratitud y autoconciencia literaria: “Me ha dejado realmente anonadada… usted se ha pasado la frontera de los elogios y ha dicho que soy un titán. Me gusta que mi literatura incomode, que sacuda, que estremezca porque creo que de eso se trata la literatura”.

La escritora reivindicó así una poética del impacto, donde la incomodidad no es un efecto colateral, sino una intención estética. En la reconstrucción de sus inicios como afloró el seudónimo de Katiuska Delta, mencionado como un acto de exploración identitaria, donde la escritura se separa del nombre propio para ensayar otras voces posibles. Lo adoptó, dijo, porque le parecía que sonaba medio ruso (…). “Mandaba mis poemas románticos, amatorios, en esa época admiraba muchísimo a los modernistas”, reveló.
La autora confesó también su transición hacia su identidad literaria definitiva: “Me decían por qué no se pone Sonia Manzano, es un nombre muy bonito… y desde ahí empecé a escribir como Sonia Manzano”.
Frente a la inquietud de la moderadora sobre su proceso creativo, Manzano defendió la continuidad entre ambos registros: “Mi poesía nunca ha estado distanciada de mi narrativa, siempre ha estado muy bien ensamblada… dentro de mí la voz que me habita es la de una poeta”
La autora insistió en que su escritura no responde a una separación disciplinaria, sino a un flujo constante de imágenes: “Me apoyo muchísimo en las metáforas… no lo hago deliberadamente, muchas veces es espontáneo, pero eso si a cuenta gotas, admiro a los escritores de largo aliento en un periodo tan corto”. En ese sentido, su literatura aparece como una práctica híbrida donde la narrativa se contamina de lo poético sin jerarquías, como a un hijo no planificado se podría decir.

Uno de los puntos más intensos del encuentro fue el análisis de su tratamiento de lo corporal y lo abyecto en obras como “Heces fatales”. La moderadora destacó la forma en que la autora trabaja lo orgánico, lo incómodo y lo extremo sin perder fuerza estética. Sonia Manzano defendió esa decisión narrativa desde la fidelidad a la experiencia: “Lo hice porque era verdad… Cristina Rosas ve a su madre comiendo sus propias heces fatales. Esa es una de las metáforas de la novela”.
Para la autora, lo “terrible” no es un recurso provocador, sino una forma de representación de la realidad emocional y social.
El diálogo también abordó la figura de la “vejez” como eje narrativo recurrente en su obra reciente. Lejos de tratarse de un tema marginal, Sonia Manzano lo definió como central en su visión del mundo: “Los grandes temas de la narrativa son el tiempo, el amor y la muerte… todos esos tiempos están vinculados con la vejez”.
Su interés por las mujeres mayores, el cuerpo envejecido y la experiencia postmenopáusica fue interpretado como una ruptura con los modelos tradicionales del heroísmo literario, después de todo la pasa más arrugada es la más jugosa y fogosa. En uno de los momentos más filosóficos de la conversación, la autora propuso una idea contundente: “El duelo viene cuando nacemos mujeres… nacemos para la vida, pero también nacemos para la muerte”. Esta afirmación, lejos de ser pesimista, fue planteada como una reflexión sobre las estructuras de género, la vulnerabilidad y la resistencia.

En la recta final de la ponencia plenaria, que fue en la práctica un diálogo con la palabra viva, Solange Rodríguez invitó a la audiencia a participar en la lectura colectiva de una letanía dedicada a la Sonia. Ante cada invocación simbólica se debía repetir ritualmente: “pide por nosotros”. El gesto transformó la ponencia en una experiencia coral, donde la crítica, la devoción y la literatura se fundieron en un mismo acto performativo.
“Madre fundacional” — pide por nosotros
“Animal totémico” — pide por nosotros
“Pianista infinita, piazzoletera” — pide por nosotros
“Sangre de mango” — pide por nosotros
“Apuatera sulamita que se puso tacones” — pide por nosotros
“Minotaura de oro” — pide por nosotros
“Sirena morena que hace lo que pocos se atreverán” — pide por nosotros
“Paraíso extraño” — pide por nosotros
“Mierda de riachuelo” — pide por nosotros
“Reina corazonada del full de reinas” — pide por nosotros
“Palmera del estero” — pide por nosotros
“Demonia huracanada que hoy se casa con el diablo” — pide por nosotros
“Hilo lúbrico de alúmina” — pide por nosotros
Finalmente, la escritora leyó un fragmento de su novela “Viento de ocaso”, ambientada en un asilo de ancianos, cerrando la sesión con una escena de memoria, deseo y fragilidad humana.
La jornada dejó una impresión clara: la obra de Sonia Manzano no se limita a la página, sino que se expande como conversación, cuerpo e interrogación constante sobre lo que significa escribir desde lo vivo, lo incómodo y lo profundamente humano en el contexto cultural de Guayaquil. Siempre hay algo que escribir desde adentro esa fue la plenaria que rece en mis adentros para mis futuros textos.
Texto: Eleinn Rivera Solís, estudiante de la Escuela de Literatura. Edición y fotos: Carmen Cortez/Dircom.







