En la ceremonia de graduación de los nuevos magísteres de la Universidad de las Artes, que tuvo lugar este viernes 21 de agosto en la Plaza Pública del MZ14 Centro de Producción e Innovación UArtes, el doctor Andrey Astaiza, vicerrector de Posgrado e Investigación en Artes, inició su intervención con una profunda reflexión sobre el rol de la masa crítica en el campo de la creación cultural. Nuestra autoridad universitaria utilizó la metáfora del fuego para describir la transformación de los profesionales, dando paso a un emotivo discurso.
Lo inició revelando haberse estado preguntando, en estos días y recurrentemente, qué significa hacer una maestría en artes hoy por hoy. Confesó no tener una sola respuesta, al menos no una respuesta cerrada. Sin embargo, una imagen volvía una y otra vez: “La idea de lo que se conoce como masa crítica”.
“Pienso en algo tan simple como encender unos carbones. Al principio cuesta. Uno, luego otro, parece que no se prende, sale humo y de pronto llega el punto en el que todo se enciende, ya no hay vuelta atrás, es irreversible. Creo que una maestría es algo así: llegar a un punto donde ya no puedes volver a mirar el mundo de la misma manera”, dijo.
Una maestría no empieza el primer día de clases o inclusive con la matrícula, añadió. “Comienza cuando algo deja de ser suficiente, cuando aparece una incomodidad que no se va, cuando un músico quiere entender más allá de la técnica, cuando alguien que hace un documental se pregunta desde dónde cuenta una historia, cuando un gestor cultural entiende que se trata de abrir más posibilidades para otros”.

Esa incomodidad, detalló, fue el verdadero inicio de este camino y por ello felicitó a los graduados y graduadas. “No solo por concluir la carrera, sino por haber sostenido esa pregunta y porque sobrevivieron a las tareas imposibles, las correcciones infinitas, el recurrente ‘esta es la última vez que me desvelo’. Sin embargo, esas noches duras para ustedes y los suyos hablan de la decisión de no conformarse. Por eso quiero reconocer a sus profesores y profesoras, quienes con amor y paciencia han sabido acompañarlos en este viaje”.
Enseñar en una maestría es acompañar y plantear dudas, leer borradores mil veces, abrir caminos donde todavía no se ven, expresó el doctor Andrey Astaiza. “Muchas de esas conversaciones e intercambios quedarán para siempre. Esas maestras y maestros hoy son sus colegas. Y todo eso pasó aquí en Guayaquil, esta ciudad donde San Martín y Bolívar se reunieron y nos permitieron soñar en una América unida”.
Desde aquí se piensa, crea y dialoga con el mundo. La Universidad de las Artes es un puente entre Ecuador y toda América Latina. “Compartimos memorias, música, colores y sabores, desafíos y sueños, y también se construye una manera de mirar al mundo, de mirar el futuro. Hoy reciben un diploma, pero, sobre todo, la responsabilidad de llevar esas preguntas a sus comunidades, a sus obras y proyectos, porque el conocimiento, la investigación, el arte, solo tienen sentido cuando vuelven a encontrarse con la sociedad”.
El vicerrector dijo concluir su discurso como lo empezó: con la imagen de los carbones. “Quizás nunca tengan todas las respuestas y está bien. Lo importante es que algo ya se encendió, que ese fuego alumbre, caliente y convoque; que no se apague nunca, el mundo necesita artistas encendidos por el arte”.
Edición: Carmen Cortez/Dircom. Fotos: Tyrone Maridueña/Dircom.







