Para Nohla Lynch Sacoto, llevar a escena “Un hombre es un hombre” de Bertolt Brecht dentro de su formación en Creación Teatral en la Universidad de las Artes representó una transición decisiva entre su amplia trayectoria previa como actriz y su consolidación como creadora. A través de una propuesta no naturalista inspirada en Robert Wilson, en la que asumió la interpretación de la viuda Begbick, la narración y el canto, la estudiante de la Escuela de Artes Escénicas exploró la construcción del personaje desde el cuerpo, el ritmo y la imagen escénica.
La obra se presentó en el marco de “Aula Escena”, evento hito de la escuela UArtes, en el Museo Municipal, donde tuvo más funciones de las programadas, logrando trascender el espacio académico con proyecciones de itinerancia cultural y reafirmando en la artista el valor de la seguridad en escena, la investigación y la colaboración comunitaria.
Con Nohla Lynch, en la producción intervinieron sus compañeros intérpretes Michael Ordóñez, Douglas Solís, Melanie Cruz, Gibell Bueno, Bryan Guadamud y Ashen Herrera, estudiantes todos del cuarto semestre de la carrera; los dirigió el docente Lalo Santi.
Nohla Lynch comparte con InfoUArtes y en primera persona las experiencias en el montaje teatral “Un hombre es un hombre”, así como los pasos dados en el ámbito cultural y artístico, los cuales la encaminaron hacia la Universidad de las Artes para profesionalizar los conocimientos y saberes ganados:
“Para mí, este montaje ha sido una experiencia muy importante dentro de mi formación. No solamente por el resultado de la obra, sino por todo lo que significó llegar hasta ahí. Siento que este montaje fue un puente entre la artista que ya era y la creadora teatral que estoy construyendo.

“Mi relación con el teatro viene de hace muchos años. Mi trayectoria artística comenzó en los escenarios, en una época en la que las historias cobraban vida frente al público y donde el teatro convivía también con la radio y la televisión. A lo largo de ese camino he trabajado como actriz y productora y he participado en diferentes proyectos audiovisuales. Después de ese recorrido, estudiar Creación Teatral en la Universidad de las Artes significó para mí volver al teatro desde otro lugar: desde el aprendizaje, la investigación y la posibilidad de preguntarme qué quiero decir como creadora.
“En este montaje partimos de ‘Un hombre es un hombre’, de Bertolt Brecht, y de la propuesta del docente de alejarnos del naturalismo, tomando como una de las referencias la estética de Robert Wilson. Esto nos llevó a pensar de otra manera el cuerpo, el espacio, el vestuario, la imagen, el ritmo y la presencia del actor en escena. Poco a poco fuimos descubriendo que el personaje no tenía que construirse solamente desde lo psicológico, sino también desde el cuerpo y desde todos los elementos que componen la imagen escénica.
“En mi caso tuve la oportunidad de asumir tres responsabilidades dentro de la obra: interpreté a la viuda Begbick, participé como narradora y también canté. Begbick fue un personaje que me interesó mucho desde el comienzo. Me atrajo su fuerza, su manera de enfrentarse a las circunstancias y su capacidad para moverse dentro de un mundo donde todo parece estar en constante negociación. Trabajarla desde una propuesta no naturalista fue un desafío que disfruté, porque me permitió explorar otras posibilidades como actriz y pensar el personaje más desde la presencia, el cuerpo y la imagen.

“El proceso no estuvo libre de dificultades. Como ocurre en todo trabajo colectivo, tuvimos desacuerdos, cansancio, situaciones personales y momentos que pusieron a prueba nuestra capacidad de trabajar juntos. Pero también aprendimos que una obra de teatro necesita del compromiso de todos. En algún momento comprendí que el montaje termina siendo algo que debemos cuidar entre todos, porque cuando uno de nosotros falla, de alguna manera afecta a todo el proceso.
“Finalmente llegamos a las funciones y realizamos ocho presentaciones: seis para estudiantes de colegios y dos abiertas al público general, todas con lleno total. Para mí fue muy gratificante ver la respuesta del público y, especialmente, sentirme segura y feliz en escena. Creo que esa sensación es una de las mayores satisfacciones que me llevo de este proceso.
“También me emocionó comprobar que la obra podía trascender el aula. Tuvimos una buena acogida y surgieron propuestas para presentarla en otros espacios, incluso el interés de llevarla a la Amazonía para acercarla a niños y jóvenes y motivarlos a conocer el teatro. Eso me hizo sentir que aquello que comenzó como un proceso formativo podía convertirse en algo que llegara a otros públicos.
“Me quedo con muchas enseñanzas de este montaje. Como actriz, descubrí una mayor seguridad en mí misma; como estudiante, aprendí de todo el proceso de creación; y como creadora, confirmé que el teatro es un trabajo colectivo en el que cada elemento y cada persona tienen un papel importante.
“Al terminar las funciones siento que no solamente representamos una obra. La construimos, la vivimos y finalmente la entregamos al público. Y para mí, eso es lo hermoso del teatro: uno comienza trabajando sobre un texto y termina descubriendo algo de sí mismo, de los demás y de la realidad que nos rodea”.
Texto: Nohla Lynch/Escuela de Artes Escénicas de la UArtes. Edición y fotos: Carmen Cortez/Dircom.







