En el 2024, el entonces proyecto escénico “Niña madre, Madre santa. ¿Y si la madre no fuera virgen?” conquistó el concurso de Producción de Artes Escénicas y Artes Vivas del Instituto de Fomento de las Artes, Innovación y Creatividades (IFAIC), fondo que le dio meses de trabajo y un estreno. En este año, la obra es ganadora para Gira Nacional IFAIC 2026: Territorios en diálogo.
Dirigida por Yajaira Napa, quien es también su dramaturga, y con un elenco en el que participan alumni, estudiantes y un docente, la obra da inicio a una nueva etapa: su circulación en el territorio ecuatoriano. Darla Alarcón, graduada de pre y posgrado en la Universidad de las Artes, hace un preámbulo acerca de la génesis de la propuesta escénica y también entrevista a su directora:
“Todo empezó en un barrio de Pedernales (Manabí) llamado Brisas del Pacífico. Ahí, Yajaira Napa trabajaba talleres con niñas, niños y adolescentes junto al colectivo Pata E’ Pájaro Teatro, y algo se le quedó grabado: familias que se repetían a sí mismas, embarazos demasiado tempranos, relaciones que se armaban y se deshacían rápido, padres y madres que salían a trabajar de madrugada y volvían de noche. No era un dato, era algo que se veía todos los días”.
“Esa inquietud se quedó dando vueltas hasta la pandemia, cuando Yajaira empezó a escribirla. Con el tiempo dejó de ser solo una preocupación social y se volvió otra cosa: una obra. ‘Niña madre, Madre santa. ¿Y si la madre no fuera virgen?’ tomó forma como una pieza fragmentada, física, sin una historia lineal que contar cuerpo, voces, coro, luces, videomapping y música en vivo, y fue sumando gente en el camino: estudiantes, graduados, docentes y artistas de distintas disciplinas y territorios que terminaron armando entre toda una propuesta interdisciplinar”.

“En su nueva etapa, la de circulación, ‘Niña madre, Madre santa. ¿Y si la madre no fuera virgen?’ volverá a Pedernales y llegará a otros territorios, lo cual no es simplemente repetir la función en otro escenario. Es volver a poner esas preguntas frente a públicos distintos, dejar que cada lugar también le diga algo a la obra”.
De cómo se está pensando en ese regreso, es Yajaira Napa quien responde las siguientes inquietudes:
¿Qué significa para ustedes que el proyecto vuelva al territorio que dio origen a la obra? Pensamos que es, tal vez, una forma de reciprocidad con el lugar donde nació la obra. Pedernales es uno de los cantones donde presentaremos la propuesta, que en su momento fue una percepción sensible en ese y de ese entorno, sobre el machismo, la violencia y sus formas de manifestarse. Hoy vuelve convertido en un lenguaje escénico trabajado durante meses. De alguna manera es un diálogo, sabiendo que el tiempo no se ha detenido. Es dialogar desde una pregunta que allí nació, para ver cómo nos reconocemos en las inquietudes que aborda la obra, cómo se siguen sosteniendo o cómo se ha transformado las dinámicas. Qué tiene ese territorio para decirnos ahora y qué tenemos nosotros y permitirnos permear el proceso.
Después de haber llevado la obra a un proceso de creación interdisciplinar y haber recibido un primer fondo para su producción, ¿qué cambia ahora al contar con recursos para la circulación nacional? El primer fondo nos permitió producir un lenguaje escénico para llegar a un estreno. Pero creo que una obra que solo se estrena y no vuelve a presentarse cumple apenas una parte de lo que se propuso. Contar con recursos para circular nos significa una manera de que la obra deje de pertenecer a un lugar donde se produjo y empiece a pertenecer a otros espacios, a ponerse a prueba en contextos que no tuvimos en mente durante la creación: otros públicos, otras formas de recibir el tema. Por eso, ahora nos hemos obligado, a repensar la obra técnicamente, adaptarla sin la estructura de truss original, para que pueda sostenerse en territorios con menor capacidad técnica instalada. En ese sentido, la circulación es como una segunda etapa de maduración del proyecto, tan exigente como la creación misma.



¿Cómo piensan evitar que una gira nacional sea solamente llevar una obra de una ciudad a otra y, en cambio, convertirla en un proceso de encuentro con cada territorio? Pensamos llegar en diálogo, si bien nos vamos a presentar también vamos a construir junto al territorio que recibe. Por eso antes de cada función hacemos un taller corporreflexivo: un espacio de mediación pedagógica donde trabajamos, con el cuerpo, la metodología del proceso de construcción y reconstrucción constante de la obra, en conversación directa con las violencias micromachistas que nos atraviesan (esas semillas que germinan en violencias más grandes que, de una forma u otra, todos llevamos enraizadas, sin importar el territorio del que vengamos). El diálogo se construye desde ahí, antes de que empiece la función. Esto lo haremos en los tres lugares a los que por ahora iremos: Pedernales, Rocafuerte y Olón.
¿Qué aprendizajes de la primera experiencia de financiamiento del proyecto les ayudaron a construir una propuesta más sólida para este nuevo fondo? El más importante tiene que ver con el acercamiento al público. Antes del estreno, probamos el taller corporreflexivo en algunas zonas de Manabí y fue revelador ver cómo esa mediación permitía conectar con la obra incluso sin haberla visto todavía. Ese proceso también nos hizo reflexionar sobre nuestras propias decisiones de abordaje del tema. Nos enseñó, sobre todo, que la obra conecta de maneras distintas según la edad y el entorno de quien la recibe, algo que terminó siendo la base para diseñar esta gira pensando en públicos diferenciados en cada territorio.

¿Qué esperan que ocurra con la obra después de esta gira: que termine el circuito de presentaciones o que este fondo sea un punto de partida para consolidar una red de circulación y colaboración entre artistas y territorios? Queremos que sea un punto de partida. La obra fue pensada originalmente con una escenografía que se arma y se desarma en cada escena, pero por tiempo terminamos optando por una estructura de truss; nos gustó el resultado, pero al planear esta gira nos dimos cuenta de que ese mismo truss iba a encarecer y complicar la circulación hacia los territorios que queríamos alcanzar, considerando, sobre todo, que Manabí cuenta con pocos espacios técnicamente equipados. Por eso, para esta gira decidimos aligerar la obra técnica y logísticamente como una versión pensada para poder seguir circulando después de esta gira, en otros territorios y con otras alianzas que se presenten, tener la opción a ser adaptables según el espacio.
Al final, la gira de “Niña madre, Madre santa. ¿Y si la madre no fuera virgen?” es una obra volviendo al lugar que la hizo nacer, pero ya distinta, después de haber pasado por meses de trabajo colectivo e interdisciplinar. Y en ese regreso hay algo que solo se puede hacer escuchando: notar qué de esa pregunta original sigue viva, qué cambió y qué preguntas nuevas aparecen cuando la obra se topa con otros cuerpos y otros públicos.
Por eso este nuevo fondo no se trata solo de poder presentarse fuera de Manabí. Es la posibilidad de que la obra hable con más gente, de aprender a adaptarse a espacios distintos, y de dejar tendidos algunos hilos, alianzas y complicidades para que el recorrido no se cierre cuando termine esta gira.

Ficha técnica de la obra
Dirección: Yajaira Napa. Integran el elenco los alumni María Aspiazu, Erika Sánchez y Yuliana Quille, de Creación Teatral; Darla Alarcón, de Danza; Alexandra Sánchez, de Artes Visuales, y Armando Sislema, de Artes Sonoras; el docente, Remigio Vásconez; los estudiantes de Artes Escénicas en proceso de titulación: Otty Palma, Paula Lescano, Jorge Alcocer y Jesús Sánchez, y Willians Zambrano, quien cursa el cuarto semestre. Los artistas manabitas, Héctor Palma, Lizeth Zambrano, Coral Perero, Luis Fernando Carguaitongo y Eric Zambrano. Narcisa Veliz y Cale Junco están a cargo del vestuario y la parte técnica de la obra, respectivamente.
Texto y fotos: colaboración de Darla Alarcón, graduada de pre y posgrado UArtes. Edición: Carmen Cortez/Dircom.







