Se anunció como una mañana llena de ritmo, movimiento y bienestar para los adultos mayores y toda la familia, pero “Baila la Calle” en su doceava edición, organizada en colaboración con la Universidad de las Artes, brindó mucho más, pues fue notorio el entusiasmo y el dinamismo generados en los participantes.
“Baila la Calle” es un producto cultural de Conciencia Positiva, movimiento y centro cultural autogestivo de Guayaquil que dirige Ana Rivas y se enfoca en promover el bienestar integral, la salud mental, el arte, el encuentro y la participación ciudadana, así como la recuperación del espacio público a través del disfrute de la danza y la música.
Inició el 21 de noviembre de 2025 y con la desarrollada el pasado 28 de junio en la Plaza Pública del MZ14 Centro de Producción e Innovación de la Universidad de las Artes son doce las ediciones realizadas en distintos espacios de la ciudad, logrando convocar a públicos de todas las edades y sectores de Guayaquil.
La doceava edición se planteó como una edición especial orientada a público adulto mayor con el fin de activar en la Plaza Pública una mañana dominical como dispositivo de vinculación comunitaria y familiar.

En ese sentido, se contó con una intervención lúdica dirigida por la docente Sofía Mera y sus estudiantes, desde el proyecto de vinculación con la sociedad de la carrera de Danza de la Escuela de Artes Escénicas titulada “SOMA: Prácticas corporales para el cuidado de la salud y la consciencia corporal”. Hubo luego baile social, donde el DJ puso música tropical: salsa, cumbias y merengue para que las personas de la tercera edad bailaran.
El evento contó también con la presencia de dos emprendimientos creativos, uno de fotografías instantáneas y otro de bebidas naturales; así como también, de asistentes provenientes de agrupaciones e instituciones aliadas de la Universidad, como el Coro Ánima, el Club Años Dorados, el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas (ISSFA) y la Hermandad de Ferroviarios Jubilados (HFJ) de Durán.
En diálogo con InfoUArtes, Ana Rivas, su directora, explicó que “Baila la calle” es un proyecto de transformación social que busca utilizar la danza como una herramienta de salud mental y de mejoramiento de la calidad de vida de todas las personas. Trabaja con dos ejes, el primero es la apropiación y la expansión territorial. A través del baile, dijo, van conociendo nuevos espacios de Guayaquil, como museos, explanadas, calles, bares, terrazas, a fin de que la gente habite de una forma diferente a la ciudad, sin exceso ni alcohol, solo bailando.

El segundo eje es la gobernanza y la sostenibilidad personal, es decir, todo lo relacionado con el bienestar. “Baila la calle”, agregó Rivas, se convierte en una herramienta de transformación y cohesión social porque une a la gente. “El sociólogo francés Émile Durkheim habla de la fiesta y del concepto de la efervescencia colectiva, que es el sentido emocional que se crea cuando mucha gente se reúne a bailar. En sus líneas de investigación de sociología habla la solidaridad humana, la energía que se crea cuando muchas personas se reúnen a celebrar la vida”.
Eso es Conciencia Positiva, eso es baila la calle, refirió. En el primer “Baila la calle”, que nació debajo de donde vive –en Imbabura y Panamá– se inscribieron 50 personas y llegaron 500; a la siguiente edición fueron 2.000 personas y a la tercera edición unas 3.000.
Rivas reveló que con “Baila la calle” se han realizado alianzas con la academia, los museos, bares y lugares privados para que quienes gustan del baile se apropien desde diferentes esferas o energías de la ciudad. Ahora que se están viendo los resultados de un trabajo articulado y conjunto siente alegría y compromiso para seguir llevando estos espacios. Pluraliza, dijo, porque la iniciativa la apoyo un amigo DJs, en suma, son los miembros de Conciencia Positiva quienes han hecho posible su expansión.

Ana Rivas confiesa que la doceava edición de “Baila la calle” realizada en articulación con la UArtes la ablandó, porque jamás pensó en que hacer un evento para personas de la tercera edad iba a tener tanto éxito e iba a llegar a tantos corazones. Con palabras, abrazos y llorando le comentaron que se sentían olvidados por sus hijos y la sociedad.
“Más que una jornada de música y movimiento fue un encuentro profundamente humano donde el espacio se volvió un nexo para conectar y que quienes se han sentido olvidados volvieran a sentirse vivos. No hay eventos para nosotros, me dijeron y agradecieron por haber pensado en la edad de oro”.
Todas las ediciones desarrolladas han tenido sus fortalezas y significados, pero la realizada el último domingo de junio fue una de las más significativas. “Fue histórica, memorable y ojalá que podamos replicarla como una práctica mensual. Desde la mirada social y antropológica diría que más que ejercitarnos fue un proceso de reconocer la dignidad de las personas a través del baile”.
Del evento en la Plaza Pública, Ana Rivas señaló como inolvidable la participación de Marianita, de 91 años. “Se me acercó y dijo que estaba encantada con el evento, que se los haya invitado y convocado; pidió que no sea la única vez, sino que se replique todos los domingos. “Cuando la gente te dice eso te sientes más comprometida a seguir generando estos espacios para las personas en la edad de oro”.
Conocer a Marianita, verla bailar y ver su energía admirable le dejó como aprendizaje de que para tener ganas de vivir la edad no es un limitante, anotó Rivas. “Todo está en tu corazón, en el entusiasmo y el amor que le pongas a la vida. Esta edición también me reafirmó que Conciencia Positiva se sigue consolidando como un proyecto de la transformación social que sigue trabajando en cooperación, fortaleciéndose y utilizando el baile como una herramienta que abraza el corazón de las personas, que las hace sentir bien y compartimos emociones”.

Texto: Carmen Cortez/Dircom y Eleinn Rivera/Escuela de Literatura. Fotos: Rocío Martínez/Dircom.







