Debajo de veintitantos pasos rectos, encontramos a la vuelta y para la derecha, el Café Internet, un espacio que se atreve a dudar sobre la neutralidad con la que nos acercamos a los dispositivos tecnológicos. Esta exposición toma prestado el espacio ciber (donde se hacen copias y prestan computadoras) para presentar el trabajo de artistas que han decidido repensar las tecnologías de uso cotidiano en su función dudosa e incógnita, y escarbar en las posibilidades de diálogo partiendo de varias interrogantes: ¿Cómo nos comunicamos con las máquinas? ¿Qué hemos confiado en decirles? ¿Qué harían si nos respondiesen de vuelta?
Tepuyica (Claudia Meléndez) y Anthonella Cruz son las curadoras autoras del texto cuyo primer párrafo compartido es también el primero de esta entrega sobre la exposición colectiva “Café internet: esquina de humanos y máquinas”, que se inauguró el viernes 14 de agosto en la sala La Rotativa, ubicada en la planta baja del patrimonial edificio El Telégrafo.
La muestra es parte de la “Bitácora. De aquí para allá, entre procesos y posibilidades”, que consta de varias entregas donde los y las estudiantes presentan, a través de sus propuestas artísticas, lo trabajado durante el semestre. En este año, el evento hito de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad de las Artes llegó a su quinta edición; inició el martes 11 de agosto y extenderá hasta el martes 18, poniendo a consideración de la comunidad universitaria y el público los procesos formativos de los alumnos.
En “Café internet: esquina de humanos y máquinas” fueron diecinueve los trabajos desarrollados por estudiantes de las asignaturas Introducción a las Herramientas Tecnológicas y Programación, a cargo de los docentes Ruth Cruz, Luis Ramírez y Pablo del Pozo.



En el texto curatorial, Tepuyica y Anthonella Cruz anotan que, de las investigaciones concebidas desde las artes visuales, observan tres pautas que sitúan las imágenes producidas: “Herramientas medición, que calculan la extensión de lo que no se distingue fácilmente; artefactos interactivos, que necesitan ser atravesados por el cuerpo para cobrar consciencia; respuestas autónomas articuladas por las máquinas para interpelarnos y convertirnos en sus oyentes”.
Agregan que los procesos de creación se han gestado desde la intimidad, delimitando los márgenes que conforman la vida diaria para trasladar hacia la imagen electrónica sensaciones de nostalgia, ironía y las contradicciones que surgen al habitar una ciudad como Guayaquil.
Tras la apertura de la muestra, el docente Pablo del Pozo consideró genial ver los trabajos de los estudiantes y reveló que unos no habían tenido aproximación hacia la tecnología, pero verlos que concluyan el semestre con un proyecto que tiene mucho de esta conversación tecnológica, de temas personales y otros, satisface. Los estudiantes, dijo, conceptualizaron primero sus propuestas, luego lo que querían hacer y motivaba; los resultados fueron de gran evolución.
El profesor Luis Ramírez anotó que las materias en las que se desarrollaron los proyectos dialogan con las tecnologías. Su curso tiene que ver con un concepto del arte posinternet “y era como conectarlos con estas ideas de arte un poco más contemporáneas que ya vinculan el internet y, a partir de ahí, poder generar reflexiones personales en relación a esas temáticas que están conociendo ahora”.


Los estudiantes ya son nativos digitales y están mucho más conectados con este tipo de visualidades e imágenes, precisó Ramírez, quien sobre los recursos empleados indicó que los alumnos aportaron dentro de sus posibilidades y hubo bastante gestión. Andrea Moreira, funcionaria de apoyo académico, estuvo a cargo de los montajes y los profes estuvieron pendientes y también pusieron equipos para que la muestra se desarrollara lo mejor posible.
Asimismo, se contó con el Semillero de Curaduría, lo cual ayudó mucho, sobre todo por la relación del artista con el público. Es un ejercicio para ambos lados, añade Ramírez. “Los curadores y artistas se van acercando a las dinámicas de trabajo porque es algo que enfrentarán cuando se gradúen”.
La docente Ruth Cruz comentó que dentro de su clase expandieron el concepto de tecnología, entendiéndola desde una aguja hasta el último avance. En la Escuela de Artes Visuales, indicó, los alumnos de la malla Generalista ven el uso de los llamados Nuevos Medios y la asignatura Introducción a las Herramientas Tecnológicas, pero se consideró necesario que también las vieran los chicos de pintura, tridimensional y demás itinerarios.
“Surgieron situaciones interesantes, como encontrarse dentro del aula a estudiantes que habían escogido el itinerario de Curaduría y desde la experiencia que he tenido no hay nada mejor que trabajar con ellos porque ponen en acción todo lo que están aprendiendo en ese ámbito, como escribir el texto curatorial, armar un recorrido museográfico, hacer la selección de las piezas y la gestión”.

Para la exposición, las curadoras visitaron semanas antes la clase de Pablo, Luis y Ruth para construir a partir de los proyectos que iban viendo una idea o propuesta curatorial. “Es cuando empiezan a desarrollar el texto (curatorial), obviamente, con el respaldo de sus profesores de curaduría y museografía”. Así surgió la propuesta de armar un ciber, pensando en esa relación entre el ser humano y la máquina, pues las primeras computadoras con las que nos relacionamos eran los cibercafés.
Vale anotar que, en La Rotativa, se evidenció el gesto del computador, así como en un ciber. “En la materia que desarrolla Pablo, Programación para las Prácticas Artísticas, los estudiantes aprenden a programar y se empieza a fusionar con la materia Herramientas de Introducción, donde ven sistemas electrónicos, procesado y corte láser”, sostuvo Ruth, precisando de que hay un aprendizaje no profundo porque no es una carrera de electrónica pura.
“Muchos de los trabajos expuestos fueron propuestos y desarrollados en colectivo. Uno asumió los visuales; otro, el circuito; otro, la programación… Es super interesante ver el proceso. También hay cosas que no pueden controlar porque no es lo mismo hacer una exposición de pintura, en el sentido de que se está seguro de que lo pintado no se va a descuadrar, que presentar algo que funcionó en casa, pero puede no funcionar en la sala expositiva: que si la luz, el sensor, el cable, la computadora, se bajó el internet o la señal”.

En el recorrido por “Café internet: esquina de humanos y máquinas”, InfoUArtes dialogó con dos estudiantes expositoras: Malva Chacón, quien pensando en el contacto que tenemos con el río Guayas y su cuerpo de agua con los cuerpos que habitan en su orilla desarrolló “Ejercicios interactivos; ecos”, una especie de metraje interactivo en touchdesigner para lo cual colocó unos parlantes y un micrófono al pie de una pantalla que proyectaba el video del río y cuya imagen se alteraba cuando el visitante lanzaba una pregunta o establecía una comunicación desde sus percepciones. Todo funcionando mediante el software.
Otra de las propuestas expuestas en la sala La Rotativa fue “En casi de duda”, que se presentó como una caja de emergencia con arduino, sensor de frecuencia cardiaca y pantalla LCD a la que Annet Villa, del cuarto semestre de la carrera, invitaba a acceder, plantearse sin decirla una pregunta poniendo un dedo en una luz verde y esperar la respuesta en un pequeño visor. No se trató de un acto de esoterismo, sino de frecuencia cardíaca.
“La pregunta es personal y la respuesta básicamente la tienes, lo que hace la máquina al visibilizarse “sí, no o tal vez” es medir la frecuencia cardíaca de quien cuestiona: calma, ansiedad, duda… Se trató de una especie de interacción entre el humano y la máquina que Annet trabajó, según se detalló en la descripción de la cédula con Samuel Fuentes, Darío Medina e Iván Bermeo.
Texto y fotos: Carmen Cortez/Dircom.







