Del dramaturgo Roland Schimmelpfennig, “El dragón de oro” es una obra contemporánea con una estructura fragmentada en la que múltiples historias aparentemente independientes terminan conectándose entre sí. Su historia, que se desarrolla en un espacio compacto y al mismo tiempo diverso, fue llevada al Salón Patrimonial del MZ14 Centro de Producción e Innovación UArtes, en el marco de “Aula Escena”, evento hito de la Escuela de Artes Escénicas, y como exposición de resultados de los procesos formativos del estudiantado.
“El dragón de oro” se presentó los días 13, 14, 15 y 16 de agosto en seis funciones cuyos horarios facilitaron, en muchos casos, que nuestras autoridades universitarias pudieran asistir, como el rector Saidel Brito, al igual que docentes, estudiantes e invitados. Sus intérpretes, estudiantes de cuarto semestre, manejaron con total seguridad la comedia, la sátira y el drama e hicieron suyas las temáticas de migración, trata de personas y explotación sexual.
La obra comenzó con un tono cómico y satírico dentro de un restaurante de comida asiática administrado por personas vietnamitas. Sin embargo, a medida que avanzó la historia, la aparente cotidianidad del establecimiento reveló un escenario marcado por actividades clandestinas, como los juegos de azar y la trata de personas.

Uno de los relatos centrales fue el de una joven desaparecida que era obligada a prostituirse en el local cuando el telón del restaurante se cerraba. De esta manera, la puesta en escena mostró cómo la violencia y la explotación pueden permanecer ocultas detrás del funcionamiento habitual de ciertos negocios.
“La migración desde la vulnerabilidad” era el mensaje planfletario y recurrente durante la puesta en escena. La obra “El dragón de oro” expuso la falta de protección que enfrentan las personas migrantes en situación irregular. Sus personajes no pueden acudir al médico, incluso cuando sufren un intenso dolor de muelas, ni recurrir a la Policía cuando son explotados, obligados a prostituirse o víctimas de violencia.
También abordó las consecuencias extremas de esta desprotección, entre ellas, el maltrato y la muerte a manos de quienes se aprovechan de la vulnerabilidad de las víctimas. El miedo a ser detenidas o deportadas convierte a estas personas en blancos de abuso y dificulta que denuncien los delitos cometidos en su contra.



Mediante el contraste entre el humor inicial y la crudeza de los acontecimientos posteriores, los estudiantes construyeron una propuesta que invitó al público a reflexionar sobre la discriminación, la desigualdad y la ausencia de derechos efectivos para quienes migran; escenas que al inicio jugaban un todo muy dramatizado lograron conmover e infundir empatía por la desigualdad de derechos.
La presentación convirtió al teatro en un espacio de denuncia social, pues cuestionó las temáticas antes anotadas, las cuales con frecuencia permanecen invisibles, y llevó al público a notar que lo planteado en la obra sigue ocurriendo en nuestros barrios, porque en todo barrio por muy humilde que sea existe un “chifa”. Es en este espacio donde coinciden trabajadores migrantes, explotados, vecinos y clientes, relevando sus problemáticas, la necesidad de sobrevivir y la posibilidad de encontrar vínculos en medio de la adversidad.
Texto: Carmen Cortez/Dircom y Eleinn Rivera, estudiante de la escuela de Literatura. Fotos: Rocío Martínez/Dircom.







