La necesidad de comprender la relación entre el ser humano, la materia y la tecnología desde la periferia llevó al artista y maestrando David Moncayo a trabajar en la instalación performática “Máquina Vernaculares” (2025-2026), su trabajo de titulación del programa de posgrado Artes Visuales y Nuevos Medios de la Universidad de las Artes.
David Moncayo expone en las bóvedas del CIF del MZ14 Centro de Producción e Innovación UArtes, donde el pasado 5 de marzo se inauguró la muestra que enmarca no solo los resultados de sus aprendizajes de la Maestría, sino también la de sus otros doce compañeros de esta segunda corte de Artes Visuales y Nuevos Medios.
En su texto curatorial, el maestrando indica que “Máquinas Vernaculares” está compuesta por las piezas: “Gabinete de artilugios”, mesa de madera, cables, plásticos y materiales en reúso. “Biela y Caña”, caña guadua, metal y engranajes. Y “Generadores eólicos vernaculares”, tubos de PVC, motores y hélices.
“Me interesa pensar la máquina no como objeto industrial orientado a la eficiencia, sino como un artefacto atravesado por saberes populares, improvisación e ingenio surgido de la escasez. Trabajo con materiales reciclados y fragmentos que tuvieron otra vida: caña, barro, metal oxidado, cables rescatados. Cada pieza se construye como un cuerpo que intenta recordar su función original, pero que al perderla encuentra otra posibilidad: no producir, sino provocar reflexión”, indica.
Sostiene que las máquinas en referencia solo funcionan cuando el espectador interviene. Al girar una manivela o activar un interruptor, se enciende una luz o surge un movimiento. La vida de la obra depende del gesto humano; sin ese vínculo, se apaga. “Me interesa ese límite entre lo animado y lo inerte, entre dependencia y autonomía, entre control y rendición”.
En su proyecto de titulación, David Moncayo rescata los saberes del Litoral ecuatoriano –potencialmente de la sierra–, donde las comunidades inventan herramientas con lo disponible. En esas prácticas existe una inteligencia material que la modernidad suele invisibilizar. “Mis máquinas son homenaje a esa inventiva y, al mismo tiempo, una crítica a la ilusión de progreso de la tecnología globalizada”.
Asegura continuar con su trabajo en una búsqueda iniciada en “Herramienta de Dios”, donde cuestionaba la figura del creador, y desarrollada en “Máquina Gilgamesh”, que vinculaba mito y tecnología para reflexionar sobre la inmortalidad. “Hoy, ‘Máquinas Vernaculares’ sitúa esa reflexión en un territorio más cercano y encarnado: la precariedad como postura ética y estética. Desde allí, la máquina se vuelve cuerpo dependiente, extensión de mí mismo y criatura autónoma que existe apenas un instante antes de apagarse”.
Texto: Carmen Cortez/Dircom. Foto: Tyrone Maridueña/Dircom.







