Que en la jornada se hablaría con escritoras y un escritor de lo que es escribir en Guayaquil, dijo la docente de la Escuela de Literatura Siomara España al abrir el diálogo acerca de “La Literatura guayaquileña del presente”, en el marco del XXVII Congreso Internacional de la Asociación de Ecuatorianistas del que la Universidad de las Artes fue sede y coorganizadora.
La mesa de diálogo que la también coordinadora de la carrera de Literatura moderó tuvo como ponentes a las escritoras Mariella Manrique García, Andrea Crespo Granda, Tatiana Landín Ramírez, Victoria Vaccaro García y Carlos Villafuerte.
Tras leer cortas reseñas de la producción literaria de los expositores, Siomara España los invitó a romper la monotonía de los diálogos con una dinámica que consistió en escoger de una cajita tres palabras y en torno a ellas hacer confesiones literarias y lo que con esa palabra se podría resumir lo esencial de sus escrituras. Les dio, asimismo, la opción de pensar en qué su literatura era culpable. La propuesta llevó a los cuatro ponentes a reflexiones sobre sus respectivas obras y procesos. Entre las palabras que se fueron descubriendo estuvieron: vergüenza, urbano y monstruo; castigo, simulacro y tiempo; transición, mitología, inestabilidad; y ciudad, frontera y miedo.
Los expositores respondieron luego inquietudes en torno a su producción literaria. Tras compartir su pensar en cómo la ciudad es un escenario permanente de sus cuentos, y no necesariamente solo de Guayaquil, Siomara España le preguntó a Carlos Villafuerte cómo construye esa ciudad inquietante y que rol juega en el espacio urbano para la configuración de su narrativa. El escritor y docente, autor del libro de cuentos “Historias sin sosiego”, respondió que popular y funable y confesó no gustarle la urbe porteña.

“Ese disgusto que siento por la ciudad, el clima y el desorden de sus calles es lo que configura el entorno y espacio de mi narrativa, que no solo acompaña a los personajes y acciones, sino que termina asfixiándolos en una especie de complicidad porque la ciudad es también un espacio de oscuridad y del anonimato, que es buen amigo del deseo”.
A la poeta y novelista Andrea Crespo le preguntó si la poesía tiene alguna misión y si creía que podía generar identidad, la también docente UArtes respondió que la palabra misión era súper fuerte. “Creo que, durante diferentes momentos históricos, los poetas, las poetas, les poetas han tenido estos alumbramientos. Hay poetas que han tenido la necesidad de incendiar el mundo, la necesidad de contar lo que está pasando, son diferentes corrientes”.
Añadió Crespo que ciertamente la poesía no tiene sentido en lo programático de la construcción de una agenda. Hay algo en la poesía que nos permite tener una reverencia hacia la vida y pulsiones vitales, incluso hacia los acontecimientos de mayor horror o tragedia. En el caso de mi poesía, anotó, que creería tener una serie de libros que son extremadamente fuertes y arrojados, donde la voz lírica se va contra todo y quiere incendiarlo todo, “pero también hay una serie de libros que tengo que son lo contrario: es la minucia, la contemplación. Lo que prima no es el elemento de la monstruosidad, sino lo contrario, es pensar en el hábitat; en este momento de escritura me encuentra en el hábita donde viven los monstruos”.
Antes de plantear la pregunta a Tatiana Landín, la moderadora anotó pensar en un poema suyo que habla sobre Guayaquil en el momento pandémico. ¿Cómo ha sido este proceso de reconocerse poeta dentro de esta ciudad tal como está ahora?, preguntó, haciendo hincapié en una reciente publicación de su libro “Simulacro”, su ópera prima.

Haciendo suyas las palabras de Andrea Crespo, la escritora, periodista y académica Tatiana Landín respondió que extraño, pero transitado por los lenguajes que son, tal vez, consecuencia de un proceso de lectura, sobre todo de poesía. Que ha sido muy cauta, dijo, en tratar de descifrar un mundo a partir de leer a otras colegas, a otras literaturas; transitarlo implica esta incomodidad constante en la que estamos viviendo estas narrativas normalizadas. Guayaquil como siempre en el centro de estas tensiones, de este horror, de este constante caminar.
Landín dijo que como escritores es posible usar estos escenarios (como la ponencia en la que participaba en el marco del XXVII Congreso Internacional de Ecuatorianistas) “para poder insistir en que no es normal lo que se está viviendo o de cómo podemos afrontarlo desde nuestros quehaceres literarios (…)”.
Pensando en lo que anotó Landín, Siomara España reflexionó que tal vez se escribe desde la incomodidad y desde la tensión que puede provocar esa incomodidad, y las obras de Victoria Vaccaro García (poeta y activista, autora de “Árbol ginecológico y breve mitología del cuerpo original”) están siempre tocadas por esas tensiones, por lo incómodo. “¿Qué significa para usted escribir desde un lugar donde la palabra no solo cuenta la vida, sino que también funda una nueva forma de ver la vida?”, preguntó la moderadora.
Vaccaro respondió que para ella siempre la escritura, al menos la poética, ha sido casi como escribir un cuento fundacional. Que le gusta pensar en la poesía como el terreno donde crecen las imágenes que vamos portando, “porque no solamente creamos imágenes en la poesía, sino que también develamos imágenes transmitidas, obviamente por nuestras lecturas, por nuestra experiencia, pero también imágenes oníricas, imágenes que vienen del sueño”.

Que le gusta procesar primero la emoción y lo que le hace sentir la imagen antes de ponerla y transcribirla al papel. La poesía como terreno fértil para nuevos imaginarios, imágenes, sustancias e incluso texturas, la presiente como un baluarte. “Ha sido para mí, desde la atención, un punto que me ancla a la memoria, a la tierra; que me ancla a no solamente mi cuerpo individual, sino también a los cuerpos que forman parte de mi cuerpo. Hablo siempre de la genealogía: mis madres, mis abuelas, mis tías. Entonces, obviamente, no los considero cuerpos aparte en mi poesía, sino componentes de mi propio cuerpo. Y así los trato, así los formulo y reformulo”.
Pensando en la memoria del duelo, Siomara España preguntó a Mariella Manrique por la reconstrucción del duelo desde la infancia: “¿Crees que la escritura puede ayudar a comprender esas huellas que dejan quienes permanecen vivos? La narradora y docente, autora de obras como “Te llamo porque es noviembre” y “Ese hilo que se corta”, celebró llegar al tema de la memoria, la cual es siempre duelo.
“Transitar la vida es transitar algo que siempre estás dejando atrás. En mi primera novela, ‘Te llamo porque es noviembre’, trabajé la idea de memoria y duelo desde una escritora ecuatoriana que me atraviesa mucho: Gilda Holts. Me pude liberar de la idea de que la memoria tiene que ser algo lineal, literal y muy apegado a la realidad y de que también hay una memoria interna que no necesariamente tiene que rendirle cuentas al registro externo para existir, ser y ser validada”.
Hubo también una pregunta para todos: “¿Por qué creen que hoy la identidad se representa más como un proceso que como una certeza o un reconocimiento? Carlos Villafuerte indicó que, probablemente, es producto de nuestro contexto actual y de la gran cantidad de bombardeo de información que hay. Vaccaro sostuvo que la época que vivimos es particular por la guerra que vivimos no solamente aquí, sino también en todo el mundo. Andrea Crespo indicó que es algo que se viene diciendo hace más de 40 años y que una de las atribuciones –por llamarlo de alguna forma– que tiene un escritor o una persona que trabaja con el arte o el lenguaje es que uno no solo está ante su tiempo, sino que puede vislumbrar todos estos procesos de la posmodernidad y fragmentaciones. Tatiana Landín se refirió a que viene de una tradición literaria, desde la literatura que se hace posholocausto también, desde estas viejas estructuras, de estos grandes relatos, de esta inestabilidad, de tal vez un periodo posmoderno que en algún momento se etiquetó a este yo fragmentado (…).
El diálogo continuó con el pedido de Siomara España de que los expositores leyeran alguno de sus textos. Sostuvo, finalmente, que cuando recordamos la ciudad como lo hicieron los expositores a través de lo que narran y poetizan recordamos también lo sensorial. “Estas experiencias de ustedes construyen una geografía de lo emocional, de transitar esta ciudad que creo que nos atraviesa de muchas formas”.
Texto: Carmen Cortez/Dircom. Fotos: Mike Ponguillo/Biblioteca de las Artes.







