La memoria es una red que no atrapa todos los peces
y a veces captura mariposas que no existen.
Rebecca Solnit
Primero se invocó la memoria, después la luz del sol atravesó una cortina media abierta mientras partículas de polvo atravesaban el aire como un caleidoscopio que apunta hacia el universo interior de la narradora. Así comienza el tráiler del documental “El viento y todos los tiempos” de Carla Valencia, estudiante de la Maestría de Cine Documental de la Universidad de las Artes.
La película documental fue seleccionada oficialmente para la vigésima cuarta edición del Festival del Otro Cine (EDOC) y tuvo su estreno en el mes de septiembre de 2025, posteriormente se proyectó en el exterior durante el International Documentary Film Festival Amsterdam (IDFA) en Holanda. Y en la actualidad, se estrenará en la Sala Sur de la FLACSO en la ciudad de Quito este sábado 7 de febrero a las 17:00, y contará con un foro abierto con la presencia de la directora. Otros horarios en los que se podrá observar “El viento y todos los tiempos” son el miércoles 11 de febrero a las 19:00, y los siguientes miércoles 18 y 25 a las 17:00.
Sobre el proceso para tejer este documental Valencia nos comentó: La construcción de esta película fue un camino largo. Inicialmente iba a ser sobre un viaje en particular, un viaje que hice sola hace algunos años por Uruguay. Un recorrido en bicicleta en el que filmé y escribí un diario, pero poco a poco la película comenzó a transformarse en otras películas. Con el paso de los años una fue dando lugar a la siguiente. Fue un proceso bastante solitario; filmé, escribí y edité sola. Incluí materiales de diversas fuentes y soportes, algunas cintas rescatadas de 16 mm, otras de Súper 8 compradas en mercados de pulgas de distintos lugares -sin saber qué contenían-, y también un reciclaje de archivos personales, tanto en Súper 8, filmados hace muchos años, como en formato digital.

Una recopilación de nostalgias y formas orgánicas de historias reconstruyeron una memoria audiovisual. La directora también compartió con el Infouartes que el ADN de la película viene de ejercer la soledad, la escritura y abordar esas otras narrativas que muchas veces heredamos y conforman la vida. Sobre el proceso de edición Valencia decidió que jugar era una de las mejores opciones para abordar el tema central del documental: Cuando entendí que debía tomarme el tiempo necesario para terminarlo, dejé de estresarme y empecé a jugar: con el montaje, con los textos, con los materiales. Pienso que mi experiencia como montajista también me permitió disfrutar el proceso, especialmente en la última etapa de montaje. Por circunstancias externas a la película viví dos años en Uruguay y regresé hace poco tiempo. Ese período me permitió poner en práctica algunas ideas porque podía salir a filmar, volver a editar y probar si lo que quería funcionaba o no.
“El viento y todos los tiempos” también tiene un trabajo sonoro realizado al detalle. El sonidista y docente de la Escuela de Cine de la Universidad de las Artes, Raymi Morales, junto a la directora, estuvieron grabando y colocando cada Foley (técnica de cine en la que se crea y graba efectos de sonido cotidianos para mejorar el ambiente o la narrativa de un trabajo audiovisual), respiración y movimiento del sonido en la sala de cine sin perder elementos importantes para la narrativa del documental. Destacó también que disfrutó mucho este proceso y el aprendizaje porque se tuvo la oportunidad de experimentar: Pienso que el sonido de la película se siente orgánico y sutil, pero esa sutileza es un montón de trabajo.

Realizar un documental tal vez se trate de componer una experiencia que aborde y atraviese lo real, pero visto desde varias perspectivas, internas y externas. Sobre las lecciones que le dejó este documental, Carla enfatiza la exploración de lo íntimo como un campo que necesita paciencia y respeto: entendí que la mejor forma de trabajar en este tipo de proyectos íntimos, “artesanales”, es darles el tiempo que necesitan. Lo más lindo es poder disfrutar de cada etapa del proceso, y el hecho de haber trabajado prácticamente sola a lo largo de todo el recorrido también me dio una libertad que aprendí a valorar muchísimo.
El documental de Carla Valencia continua su recorrido nacional e internacional. Apostando por mostrar a la audiencia una ventana hacia los paisajes íntimos de alguien que decidió compartir sus procesos sensibles, entre fragmentos de recuerdos y viajes en el tiempo. Todo esto sin dejar de lado aquello que en la vida se conoce como jugar en serio, de verdad, con la memoria en la mano derecha apuntando hacia los afectos y el futuro en la mano izquierda, invitándonos a caminar, solo caminar.







