UArtes graduará a 42 magísteres; Cecibel Cortez, la única de su cohorte, centró su tesis e investigación sobre Monte Sinaí

En agosto, la Universidad de las Artes y su Escuela de Posgrados graduarán en solemne ceremonia a los estudiantes que cursaron las maestrías en Artes Escénicas, Escritura Creativa, Composición Musical y Artes Sonoras, Artes Visuales y Nuevos Medios, Gestión de la Cultura y de las Artes y Políticas Culturales y Gestión de las Artes.

Son 42 los egresados en los programas de posgrados UArtes que recibirán sus diplomas. Cecibel Cortez Romero es una de ellos y es también la única en titularse en la Maestría en Políticas Culturales y Gestión de las Artes, que ahora tiene el nombre de Gestión de la Cultura y de las Artes. “Soy la última de mi cohorte”, señala en referencia a que sus otrora compañeros ya son magísteres y revelando que por razones varias no pudo estar a la par en los tiempos, puesto que también cursa estudios de Literatura.

El suyo es un caso suigéneris, pero el diálogo con Cecibel Cortez se da también porque centró su trabajo final de tesis en Monte Sinaí, apuntando a contribuir con su investigación a la generación de políticas y proyectos culturales y artísticos que impulsen su transformación.  

Comunidad, gestora y protagonista

“Aportes de la acción cultural comunitaria a la construcción social del territorio de Monte Sinaí, Guayaquil – Ecuador, 2017 –2025” es como tituló a su trabajo final en el que retrata al populoso sector ubicado al Noroeste de la ciudad, con una población de alrededor de 150.000 habitantes “y con una historia donde la organización de su comunidad ha sido gestora y protagonista de los principales logros en cuanto a la legalización de la tierra, la consecución de servicios básicos y el cumplimiento de derechos”,

No obstante, puntualiza Cecibel Cortez, esta lucha ha estado inmersa en una serie de intervenciones de carácter político partidista de los que tienen intereses, principalmente comerciales, por los macro lotes y, estratégicamente, por los votos de la población en épocas de campaña electoral. Además, en la actualidad, invadida por la violencia y el control del narcotráfico por grupos de delincuencia. Frente a estas realidades, el liderazgo comunitario y juvenil, las organizaciones sociales y otros agentes públicos y privados contribuyen de distintas maneras a la construcción de este territorio, a su transformación social.

Desde hace dos décadas, agrega, Monte Sinaí lucha por la legalización de sus terrenos y el mejoramiento de su calidad de vida en medio de un conflicto de intereses político-partidistas, económicos y otras problemáticas sociales que afectan su convivencia y el bienestar de sus habitantes. “¿Y qué tiene que ver el arte en esta lucha territorial?, que la comunidad del sector es una amalgama de identidades, de diversas culturas: montubios, afroecuatorianos, indígenas, cholos y otros habitantes de dentro y fuera la ciudad que buscan un pedazo de tierra, un hogar para vivir. Son una muestra de la diversidad de nuestro país y de su riqueza cultural.

En su investigación, Cecibel Cortez identificó a los actores culturales, principalmente a la organización social, a los diferentes comités barriales y a sus lideres y lideresas que crecieron en la acción como sujetos políticos. “No solo aportan con la gestión social para el cumplimiento de derechos, sino también en lo cultural porque entienden que sus comunidades tienen una riqueza que está en su identidad, en sus maneras de ver la vida y actuar en ella, en ese sentido de cooperación y unidad que otros ven como amenazas. Se suman el liderazgo juvenil desarrollado bajo la tutela de esas mismas lideresas, quienes no son solamente un referente de la comunidad, sino sus acompañantes y cuidadoras desde que eran niños y niñas, las que han logrado incluso el respeto de los miembros de bandas, sin que por ello no arriesguen sus vidas y salud en ese trajinar por la comunidad y en el periplo por conseguir beneficios para las mismas”.

Resistencia ante la violencia

Como ejemplos de estas acciones, Cecibel Cortez menciona al comité conformado para la consecución de agua potable en Monte Sinaí, la Red de jóvenes, la Red de Mujeres y la Batucada Femenina, que intervienen en acciones conjuntas con otras organizaciones e instituciones públicas y de carácter social, dentro y fuera de su sector con un fin común. También participan en el desarrollo cultural de la comunidad las organizaciones sociales que han tomado consciencia de que deben unirse y hacer fuerza para trabajar por la comunidad.

“Los actores y gestores culturales cumplen un rol que la mayoría de las veces sustituye a las obligaciones que tiene el Estado. Ellos conforman una forma de resistencia ante violencia y el abandono del territorio. Las acciones culturales son pequeños espacios de ruptura ante el sistema maltratante y deshumanizador. Estas experiencias contribuyen a la re-existencia de una comunidad excluida, que busca a través de la participación, de la educación, de las expresiones artísticas y otras manifestaciones culturales, sembrar en sus habitantes –en especial en niños y jóvenes–, una semilla de respeto y de amor por la vida, por la diversidad, por la memoria de sus habitantes; busca crear oportunidades para todos, formar a otros líderes y lideresas y a los gestores y gestoras. En estos ejemplos se comprueba la hipótesis y el sentido político que tiene el arte y la cultura”.

A pesar de un entorno adverso la acción cultural comunitaria se convierte en una herramienta de transformación social, de re-existencia, de resiliencia, un poder para cambiar su realidad, para construir comunidad, en medio del conflicto; son espacios alternativos para proponer, para el crecimiento humano y el cuidado mutuo.

Monte Sinaí vive actualmente un contexto de violencia que está modificando las maneras de relacionarse, alterando su normalidad. “La acción cultural comunitaria entonces se constituye como espacio resistencia y de re-existencia, donde los participantes construyen relaciones de cuidado y un sentido para la transformación social”, indica y añade: Como artistas e intelectuales tenemos la gran responsabilidad de aportar al desarrollo de estas comunidades que han sido marginadas por un sistema al que no le interesa las personas ni la cultura, sino la rentabilidad económica. Espero con este granito de arena aportar al mejoramiento de la calidad de vida de la comunidad y encender algunas luces para saber qué caminos tomar.

Todos los graduados

Al igual que Cecibel Cortez, el 21 de agosto obtendrán sus títulos de cuarto nivel. En la Maestría en Artes Escénicas: Arianna Páez Rosales y Rafael Espinosa Cordero. En la Maestría en Escritura Creativa: Claudia Cardona Montoya, Byron Carrión Jumbo, Rogger Cedeño Rosales, Nelson Estrella Vega, Bismark León León y Manuel Vicuña Espinoza. Maestría en Composición Musical y Artes Sonoras: Tábata Alvarado Palacios, Alex Bastidas Alcaciega, José Miguel Gallardo, Alex Hincapié Palmezano, Eduardo Manzanilla Barón, Carlos Murgueitio Roa, Arturo Parra Riera, Pablo Sosa Endara, Natalia Valladares Salgado y Guido Zárate Fonseca,

Maestría en Artes Visuales y Nuevos Medios: Yimi Lara Gutiérrez, Enrique Landívar García, Fernando Falconí Erazo, José Espinoza Avecillas, Iván Basurto Delgado, David Barberán Cevallos, Gabriel Arroyo Gallardo, Andrea Moreira Chalco, Jorge Velasco Granizo, María Victoria Suárez, Silvia Quezada Aguayo, José Moncayo Navarro y Pedro González Ramírez.

Maestría en Gestión de la Cultura y de las Artes: Andrea Cáceres Torres, Siney Chalá Gálvez, Sara Tobar Olvera, Lenin Solís Cusme, Paúl Velasco Gonzales, Celeste Barrera Quinde, Gianpierre Paredes Fiallos, Luciana Dueñas Vielma, Sisa Pérez Ruiz y Nataly Loza Moreira,

Texto: Carmen Cortez/Dircom, con la colaboración de Cecibel Cortez, egresada de la última cohorte de la Maestría en Políticas Culturales y Gestión de las Artes. En las imágenes, su sustentación de tesis.

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