Aula Escena llegó al Museo Municipal con la obra “Un hombre es un hombre”, una adaptación del teatro épico de B. Brecht

Con la dirección del docente Lalo Santi y la interpretación de los estudiantes Michael Ordóñez, Douglas Solís, Melanie Cruz, Gibell Bueno, Bryan Guadamud, Ashen Herrera y Nohla Lynch, quienes cursan el cuarto semestre de la Escuela de Artes Escénicas, en el Museo Municipal de Guayaquil se presentó la obra “Un hombre es un hombre”.

Su estreno se dio este 20 de agosto y tuvo el 21 una segunda función. El público prácticamente llenó el aforo del auditorio de la pinacoteca municipal y disfrutó de la interpretación de nuestros alumnos en la adaptación de una obra de teatro que fue escrita por el dramaturgo alemán Bertolt Brecht y estrenada en 1926; es una de sus primeras obras en las que comienza a desarrollar las técnicas de lo que más tarde llamaría “teatro épico”.

Como una comedia negra y satírica, la obra explora la maleabilidad de la identidad humana, sugiriendo que un individuo puede ser desarmado y vuelto a armar como si fuera una máquina, dependiendo de las presiones de su entorno social y militar.

La historia se sitúa en la India colonial británica (específicamente en un campamento militar en Kilkoa). El protagonista es Galy Gay, un estibador irlandés de buen corazón, ingenuo y, sobre todo, “un hombre que no sabe decir que no”. Un día, Galy Gay sale de su casa con el simple propósito de comprar un pescado para la cena con su esposa.

Paralelamente, entra en escena un escuadrón de cuatro soldados británicos del ejército imperial: Uriah, Jesse, Polly y Jip, quienes saquean una pagoda local (templo o santuario tradicional) para robar dinero y comprar cerveza. Durante el atraco tienen problemas y pierden a uno de sus miembros, Jip (quien se queda atrás y debe esconderse). Para no ser descubiertos por su sargento, el temible Charles Fairchild (apodado “Cinco Sangrientos”), los tres soldados restantes necesitan desesperadamente encontrar un sustituto temporal que se haga pasar por Jip en el pase de lista.

Los tres soldados se topan con Galy Gay y se dan cuenta de que su personalidad dócil lo hace el candidato perfecto. Con la ayuda de Leocadia Begbick, la astuta dueña de la cantina militar que sirve como proveedora y observadora cínica, los soldados comienzan un proceso sistemático para borrar la identidad de Galy Gay.

A través de una serie de chantajes, manipulaciones comerciales (incluyendo la venta fraudulenta de un elefante de lona y madera) y presiones psicológicas, acusan a Galy Gay de un delito comercial. Para salvarse de ser fusilado, Galy Gay niega ser Galy Gay.

Los soldados organizan un juicio farsa y un simulacro de ejecución. Tras escuchar los disparos (que son al aire) y desmayarse del terror, Galy Gay despierta creyendo que su antigua identidad ha muerto.

El proceso de “lavado de cerebro” se completa con éxito. Galy Gay asume voluntaria y totalmente la identidad del soldado desaparecido, Jip. Se viste con el uniforme militar, adopta un comportamiento violento y despiadado, y olvida por completo a su esposa y su antigua vida pacífica.

Al final de la obra, el nuevo “Jip” no solo es un soldado más, sino que se convierte en una máquina de guerra implacable, liderando al escuadrón en un violento asalto militar contra una fortaleza en el Tíbet.

Texto: Carmen Cortez/Dircom, con la colaboración de Mario Correa, quien estuvo al frente de la producción. Fotos: Rocío Martínez/Dircom.

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