A “Tierras Raras” la artista y maestrante Andrea Moreira llegó con “Anastomos”, un proyecto expositivo presentado como el resultado final del programa de posgrados Artes Visuales y Nuevos Medios de la Universidad de las Artes. Para ella y sus compañeros de esta segunda cohorte, es también la segunda muestra que evidencia los conocimientos adquiridos.
En la primera, denominada “Fantasmas en la máquina”, Moreira expuso dos obras, una de las cuales (“Ser piel con árbol”) forma parte de este nuevo contenedor. “Son ejercicios que venían dándose”, dijo, anotando sus participaciones en la BIENAL SUR (Bienal Internacional de Arte Contemporáneo del Sur) y en Arte Actual FLACSO (espacio expositivo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) con piezas de la misma investigación artística.
Para la producción de la presente muestra final –que se inauguró el pasado 5 de marzo en cinco espacios expositivos y seis sedes, con un cierre previsto para este viernes 27–, Moreira explicó haber elaborado otro cuerpo de obras que responden a las mismas inquietudes e intereses.

Así surgió “Anastomos”, nombre que le dio a lo expuesto en “Tierras Raras”. “Es el primer personaje de la obra de Juan Rodolfo Wilcock, ‘El libro de los monstruos’, generado desde la ficción y caracterizado por tener su cuerpo lleno de espejos por todos lados y que es visto por el ser humano como algo divino e intocable.
“Aunque cuidan de no mancharlo, se reflejan igual en él y pienso que alude mucho a lo que nosotros concebimos como belleza, divino, geométrico y música, como lo relata Wilcock en su libro. Al mismo tiempo, creo que nuestro ojo humano ve a la naturaleza como lejana y olvidamos que somos parte de ella desde su parte más armónica hasta su parte más oscura”, precisó Moreira.
Agregó que “Anastomos” se origina del término quirúrgico de una operación que une dos espacios de un mismo cuerpo, los teje para generar un fluido, para que se recupere el órgano. Esta cirugía consiste en sacar la parte dañada del órgano y conectar lo que queda. “Yo utilizo mucho ese concepto en la muestra, a fin de unir ese espacio de la naturaleza con el espacio expositivo y las relaciones que hay entre estos dos”.
Pensó también en descentralizar la mirada, dijo, para habitar el lugar de naturaleza desde uno horizontal que permita nos afecte desde las sensibilidades del cuerpo. “Me sitúo en estos lugares, los habito y recorro desde la escucha atenta. Por eso, dentro de la misma investigación nacieron ‘Los Escuchadores’, que es una práctica que realicé en el Bosque Protector Cerro Blanco, dentro del marco de BIENAL SUR, y de otra exposición en Quito, en el Parque de la Carolina”.


Hubo dos talleres de “Los Escuchadores”, refirió Andrea Moreira, citándolos como una comunidad más que un taller. “La integran gente muy interesada en habitar los espacios desde la escucha y no solo desde oír con los oídos, sino percibir con el cuerpo nuestro entorno. Es para mí una práctica metodológica para hallar mi investigación artística”.
Se refirió también a la prueba-error de varios de los dispositivos de su muestra, pues estos han ido mutando hacia nuevas obras. “Trato, primero, de impactar en el cuerpo, porque es lo primero que a mí me sucede o nos sucede en general. Es cómo los entornos que habitamos nos atraviesan a partir del cuerpo y cómo esto puede generar conocimiento”.
La muestra “Anastomos” la componen las obras “Sinfonías verdes” (2026), una instalación de dimensiones variables de sonido y fluidos y un video performance de la artista habitando el espacio de Cerro Blanco. La pieza homónima de la exposición (“Anastomos”) es un registro fotográfico de la intervención en el bosque protector, con una instalación de biomateriales y micrófonos de contacto. Y “Ser piel con árbol” (2026), cuerpo de acero inoxidable, con resina, polvo de neón y dibujo sobre lona.
“Anastomos” emerge como una operación encarnada: una trama viva donde espacios, cuerpos y sistemas se atraviesan y transforman mutuamente. La muestra se despliega como un entramado de relaciones en el que ninguna entidad permanece intacta y la autoría se diluye en una red de intercambios continuos.

Entre el cerro y este entono expositivo se extiende un momento intermedio, un continuum (secuencia continua) sensible donde lugares y presencias persisten como una misma respiración que cambia de densidad y de tiempo. Allí se configura un territorio vivo en el que lo humano y lo más que humano coexisten, se encuentran y se afectan mutuamente.
La relación ocurre desde la afectación: roce, fricción, intercambio de densidades. Tocar implica siempre ser tocado por aquello que nunca fue completamente otro. En el encuentro, materialidades, fluidos, sonidos y sistemas tecnológicos participan activamente en la configuración de lo que aparece. Nada permanece intacto; cada presencia modifica y es modificada.
Los fluidos son activados con una bomba de agua, activada a su vez por un relay (interruptor eléctrico) programado en un arduino (plataforma de creación electrónica basada en hardware y software libres) con los datos de humedad de una planta del Cerro Blanco. “Eso se puede visualizar en el video performance donde hay datos de humedad y variables, y está programado para que se mueva cada cierto tiempo. El fluido que está atravesando la muestra”, explicó Moreira.
Añadió que los sonidos que se han grabado en Cerro Blanco, también en el bosque de Nayón (conocido como el “Jardín de Quito”) y de los murciélagos afuera de su casa. “Son paisajes sonoros que han sido modificados, alterados y manipulados, buscando no la representación sino la oscuridad y lo extraño y salvaje de la naturaleza.
De “Anastomos”, el ser colgado que en la muestra recibe al visitante, Moreira destacó que su tejido y estructura, trabajados con biomateriales, fue desarrollado in situ por varias manos, recuperando así el otro discurso de su propuesta: ser colmena. De los visitantes ha recibido varios nombres: capullo, panal, corazón de ballena… Para la maestranda, es el centro de su propuesta, razón por la cual lleva su nombre. Tiene, además, una carga afectiva porque ha sido trabajado como colmena. “Para la tesis escribí un manifiesto que hace referencia a todas esas manos que han trabajado en ‘Anástomos’: el diseño sonoro, la instalación de fluidos, los renders, los feedbacks de los amigos, profesores y colegas artistas. La obra no termina siendo de una sola persona, sino de varias”.
Texto y fotos: Carmen Cortez/Dircom. En la portada, la pieza central de la obra de Andrea Moreira. En las imágenes siguientes, la visita del rector UArtes Saidel Brito al taller lateral de la Galería CIF donde expone la maestranda en Artes Visuales y Nuevos Medios.







