Compuesta por ocho piezas, la obra “Genealogía de lo in-visible” del artista y maestrando Jimmy Lara Gutiérrez se exhibe en una de las salas del Museo Nahim Isaías y es parte de la exposición colectiva “Tierras Raras” de la Maestría en Artes Visuales y Nuevos Medios de la Universidad de las Artes.
El espacio expositivo señalado es una de las seis sedes que tiene la muestra donde se presentan los trabajos finales de los maestrandos. En la descripción de sala de “Genealogía de lo in-visible”, el artista detalla cada uno de sus componentes: Como “Cámara transparente” (2024 / 2025) tituló a un objeto de acrílico transparente recortado en láser, pegado y armado con tornillos y bisagras metálicas.
“Visor órgano-lógico” (2025) es un acrílico de 4mm cortado en laser y termo formado, cuyas piezas fueron armadas con tubos y lentes de cristal, y “Caja negra”, una interacción performática controlada y programada por arduino y sensores de movimiento.

Igualmente, como una interacción performática describe a “Tragando virtualmente 98 MILLONES” (2026), la cual es activada por la cámara de un dispositivo “tablet”. “Huellas” (2026) son fotografías análogas de una instalación bidimensional. “Conexión de universos” (2026) es un pigmento fotográfico en óleo. “Devolver el gesto” (2026) es un dispositivo celular manipulado y termo formado, una instalación desde el suelo hasta 170 cm. Y “Interruptor biopolítico” es un pigmento fotográfico, una lámina adhesiva smart film.
Su propuesta artística, subraya Jimmy Lara, “se articula a partir de una genealogía de la imagen que transita desde la mancha, pasando por el grano, hasta el píxel, los cuales entiendo no solo como transformaciones técnicas, sino como modos históricos de construir y comprender la visualidad”.
Explica que la mancha lo remite a la pintura como gesto corporal, “como un espacio de indeterminación y presencia material donde la imagen emerge desde lo sensible y lo táctil. El grano, vinculado a los procesos fotográficos análogos, introduce para mí la huella físico-química de la luz como registro del mundo, estableciendo una relación directa entre imagen, tiempo y territorio”.
Finalmente, indica que el píxel representa la codificación digital de la imagen, donde la visualidad se convierte en dato, en flujo programable y reproducible dentro de sistemas tecnológicos interconectados.

“En mi práctica integro procedimientos pictóricos con pigmentos fotográficos y óleo en gran formato, experimentación fotográfica análoga mediante cámaras transparentes y papel fotosensible, desarrollo de dispositivos interactivos a través de programación creativa por medio de interfaces como: p5.js y FaceMesh, intervenciones escultóricas en pantallas móviles, sistemas electrónicos con arduino y el uso de materiales inteligentes como láminas de control de transparencia. Estas estrategias me permiten configurar un ecosistema de obras donde exploro la imagen como fenómeno material, perceptivo y tecnológico, evidenciando los dispositivos que median nuestra experiencia visual”.
Añade que, en el contexto contemporáneo de sociedades hiperconectadas, donde predomina una cultura de exposición constante y circulación masiva de información visual, reflexiona sobre las tensiones entre dar a ver y des ver, así como entre transparencia y opacidad. “Considero que la promesa tecnológica de acceso total y visibilidad permanente convive con sistemas de vigilancia, extracción de datos y automatización de la percepción que operan de forma muchas veces invisible”.
Jimmy Lara concibe la opacidad como un gesto crítico que le permite cuestionar las estructuras de control visual y recuperar espacios de incertidumbre y experiencia sensible. “Desde esta perspectiva, entiendo la imagen no como un medio neutro, sino como un territorio político donde se negocian relaciones entre cuerpo, tecnología, memoria y poder dentro de la cultura visual contemporánea”.
Texto: Carmen Cortez/Dircom. Fotos: Tyrone Maridueña/Dircom.







