“Crónicas del nunca más”, arte escénico que evoca la huella, el clamor y las voces contra la explotación del caso Furukawa

Maitté Martínez, Aylin Vásquez, Dayanna González, Sabaa Guerrero, Milena Baque y Pablo Flores, estudiantes en proceso de titulación de la UArtes, presentaron la obra “Crónicas del nunca más: caso Furukawa” en el Espacio Muégano Teatro. La puesta en escena formó parte de Aula Escena, evento hito de la Escuela de Artes Escénicas que exhibe los resultados de los procesos formativos de su alumnado.

Bajo la dirección de Matías Belmar, fundador de Círculo Artes Escénicas, y con la sonorización en vivo de Jorge Grefa, el montaje tuvo tres funciones los días 21, 22 y 23 de agosto y evoca las sombras de la explotación laboral y de servidumbre de la gleba impuestas durante casi seis décadas en Ecuador por la empresa abacalera de capital japonés Furukawa Plantaciones C.A.

Cientos de familias –en su mayoría afrodescendientes– habitaron a lo largo del periodo señalado las haciendas de abacá, desprovistas de agua potable, electricidad, salud, educación y contratos laborales formales. Sus días transcurrieron en jornadas extenuantes bajo un yugo que la justicia reconocería más tarde como una trágica forma de esclavitud moderna.

La puesta en escena resultó una denuncia a la esclavitud moderna, en la que el cuerpo humano es capaz de contar un sinfín de historias desde el gesto y la ocupación del espacio, pero también marca a su audiencia cuando relata medio siglo de sufrimiento a las narices de una democracia en decadencia.

En el montaje, los actores no cumplen roles fijos; son cronistas corporales de la historia del país, desde la óptica de los obreros de las plantaciones de un grupo japonés que empezó a producir en 1964.

Construyen imágenes sin necesidad de utilería compleja: una soga de abacá no representa literalmente un avión, sino que los cuerpos lo materializan. Un actor es la silla, el otro es el pasajero, e intercambian funciones en escena para luego convertirse en obreros distintos, sin salir de la acción ni requerir radicales cambios de vestuario. El relato avanza sin cortes, exigiendo a un espectador activo que acepte esta multiplicidad de roles.

No hay intromisiones, pausas, ni silencios continuos. A través de su sonorización y la resonancia de las voces variopintas del elenco, el paso del tiempo se describe entre la crudeza y la gracia. Pequeños chistes no opacan la denuncia, sino que se mezclan con la transformación física para definir el absurdismo que atraviesa la historia nacional cuando se la interpreta desde el dolor obrero.

De cómo el país entró a un régimen militar, de cómo vivió la caída de presidentes, de cómo retornó a la democracia y, globalmente, se llegó a la luna y derribaron barreras fueron algunos de los momentos que, siendo históricamente hitos, resultaron irrelevantes dentro de una explotación que fue abanderada como esclavitud moderna.

Texto: Carmen Cortez/Dircom, con la colaboración de Mario Correa, a cargo de la producción de Aula Escena. Fotos: Mario Correa.

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