La colectiva Simpoética, integrada por las docentes y artistas visuales Ruth Cruz, Paulina Romero y Andrea Moreira, presentó el pasado 16 de julio la conferencia performática Tecnobrujerías: cómo conjuramos otras formas de conocimiento desde el cuerpo. Tuvo lugar en el Taller de Posgrados del MZ14 Centro de Producción e Innovación UArtes y se desarrolló en el marco de la Minga Multimedia de Arte y Tecnología, mMAT, que organizada por la Escuela de Artes Sonoras llegó este año a su décimo tercera edición.
La propuesta partió de una pregunta común: ¿Cómo puede el cuerpo convertirse en un medio para generar conocimiento? A partir de esta interrogante, tres investigaciones artísticas individuales encontraron un espacio de convergencia a través de una experiencia performática y ritual. El cuerpo se convirtió así en el punto de encuentro desde el cual cada artista convocó sus propios saberes, prácticas y formas de relacionarse con la tecnología.
“Convocamos desde nuestros cuerpos” fue la frase que abrió la conferencia performática y que funcionó también como una declaración de principios. Desde allí, Tecnobrujerías propuso una relación con la tecnología que no parte únicamente de los dispositivos o de las herramientas digitales, sino de las formas en que los cuerpos sienten, recuerdan, imaginan, se transforman y establecen relaciones con otros cuerpos y con otras formas de vida.
La experiencia se configuró como una especie de tecno-ritual. Cada una de las artistas convocó, desde su lugar de investigación, una forma particular de conocimiento atravesada por lo corporal. En este encuentro, las tecnologías no aparecieron como elementos externos al cuerpo, sino como espacios de diálogo, expansión y transformación. El gesto, la memoria, la virtualidad, la materia y las relaciones entre especies se entrelazaron en una experiencia intercorporal en la que las fronteras entre lo humano, lo tecnológico y lo más-que-humano comenzaron a desplazarse.

Paulina Romero abordó el bordado como una práctica de memoria corporal. Durante su intervención, bordó la palabra resistir mientras entablaba una conversación sobre el diálogo material y corporal que se produce en esta práctica. El movimiento repetitivo de la aguja, el contacto con el hilo y la relación sostenida con la materia fueron puestos en conexión con una memoria que no se almacena únicamente como relato, sino también como gesto y experiencia corporal.
Su investigación parte de una experiencia íntima vinculada a la memoria familiar y al aprendizaje de prácticas textiles que, con el tiempo, se han expandido hacia preguntas más amplias sobre el cuerpo, la memoria y la resistencia, sobre cómo el gesto repetido se convierte en una forma de desaceleración frente a la aceleración del mundo contemporáneo.
Desde otra perspectiva, Ruth Cruz exploró las virtualidades del yo a través de la transfiguración del cuerpo en un avatar. Su intervención pensó el cuerpo como una entidad capaz de expandirse hacia una realidad digital, desplazando las fronteras entre el yo físico y sus posibles manifestaciones virtuales. El avatar apareció así no como una simple representación del cuerpo, sino como una posibilidad de transformación: una forma de existencia que permite preguntarse qué sucede con la identidad cuando el cuerpo puede multiplicarse, extenderse y habitar otros espacios.
La virtualidad se convirtió, de esta manera, en un territorio de experimentación del yo. El cuerpo físico y su representación digital comenzaron a relacionarse en un espacio de tránsito, donde la identidad deja de ser una forma fija para convertirse en algo mutable, expandible y potencialmente múltiple.

Por su parte, Andrea Moreira trabajó desde los lenguajes más-que-humanos y la idea de ser semilla. Su intervención entabló una conversación con otras formas de vida a través de una experiencia digital audioreactiva, en la que diversas especies también participaban de este diálogo. Los sonidos y las presencias de otros seres se integraron a la experiencia como formas de comunicación que desbordan los lenguajes humanos y abren la posibilidad de pensar otras maneras de relacionarse, escuchar y producir conocimiento.
Desde la simbiosis y la noción de simpoiesis —concepto desarrollado por la bióloga y filósofa Donna Haraway para referirse a la producción colectiva y relacional de mundos—, la propuesta de Moreira planteó la posibilidad de pensarse como semilla: como un ser en relación, atravesado por múltiples interdependencias y capaz de existir únicamente a partir de sus vínculos con otros seres y entornos.
Así, el bordado, la virtualidad y los lenguajes más-que-humanos se encontraron en un mismo espacio. No como investigaciones que debían ser unificadas bajo una única temática, sino como prácticas capaces de establecer relaciones a partir de sus diferencias. La conferencia performática funcionó como un ritual de convergencia en el que cada artista convocó desde sus saberes específicos, pero también desde su cuerpo.
En Tecnobrujerías, la tecnología se presentó como una práctica de relación. Una tecnología que no se limita a las máquinas, las pantallas o los dispositivos, sino que también puede encontrarse en la repetición de una puntada, en la transformación de un cuerpo en avatar, en la escucha de otras especies o en la construcción colectiva de nuevas formas de conocimiento.

La conferencia performática propuso, de este modo, una aproximación a las tecnologías desde el cuerpo y desde la experiencia situada. Frente a la idea de una tecnología neutral, universal y separada de los cuerpos que la utilizan, Tecnobrujerías convocó otras posibilidades: tecnologías sensibles, encarnadas, relacionales y abiertas a la coexistencia de múltiples formas de conocer.
A través de este tecno-ritual, Simpoética puso en diálogo tres investigaciones que encontraron en el cuerpo no únicamente un tema de reflexión, sino un método. Un cuerpo que recuerda, que se transforma, que se expande hacia lo virtual, que escucha a otras especies y que produce conocimiento a través de sus relaciones.
“Convocamos desde nuestros cuerpos” no fue únicamente la frase que dio inicio a la experiencia. Fue también el gesto que articuló toda la conferencia: una invitación a reconocer que existen otras maneras de conocer y que, muchas veces, esas formas de conocimiento se encuentran en aquello que el pensamiento racional ha dejado en segundo plano: el gesto, la materia, la intuición, la escucha, la repetición, la transformación y la capacidad de establecer vínculos.
Desde allí, Tecnobrujerías propuso conjugar otras formas de conocer a través de los métodos del cuerpo.
Sobre la colectiva Simpoética

Simpoética es una colectiva de creación conformada por Ruth Cruz, Andrea Moreira y Paulina Romero. Su nombre encarna una práctica expandida que cruza el pensamiento de Donna Haraway —la simpoiesis como hacer-con— con una sensibilidad poética que rehúye lo literal. Su obra transita entre lo digital y lo ritual, entre lo vegetal y lo tecnológico, activando relaciones entre imágenes, cuerpos, materias y memorias. Simpoética trabaja desde una lógica no lineal y recursiva, donde el gesto artístico emerge del cruce, la escucha y la invocación compartida. Sus procesos de creación se desarrollan a través de distintos lenguajes y formatos, articulando prácticas performáticas, tecnologías digitales, experimentación audiovisual y experiencias de carácter ritual.
La colectiva también participa en eventos multidisciplinares que vinculan las artes visuales con otros campos de creación. En estos espacios, Simpoética trabaja con videomapping y VJ, generando experiencias audiovisuales en diálogo con la música, el diseño y la performance.
Entre sus participaciones recientes se encuentra Intervalo, evento realizado el 25 de julio de 2026 en Quito, que articuló diseño de modas, artes visuales y música en una experiencia interdisciplinar. En este contexto, la colectiva desarrolló una propuesta audiovisual desde el videomapping y el VJ, ampliando su investigación sobre las relaciones entre imagen, cuerpo, espacio, tecnología y experiencia colectiva.
De este modo, Simpoética continúa desarrollando una práctica artística que se mueve entre disciplinas y formatos, construyendo espacios de encuentro donde la tecnología puede ser experimentada no únicamente como herramienta, sino como materia sensible, lenguaje, relación y posibilidad de hacer-con otros.
Texto: colaboración de Andrea Moreira, expositora integrante del colectivo Simpoética. Fotos: Tyrone Maridueña/Dircom.







