“Cosecha de Fragores” y “Pisayambo” son las propuestas de investigación y artísticas que José Luis Jácome Guerrero trajo a las jornadas de la Minga Multimedia de Arte y Tecnología, mMAT, uno de los eventos hito de la Escuela de Artes Sonoras de la UArtes. La primera, una conferencia que tuvo lugar el martes 21 de julio, en la Biblioteca de las Artes; la segunda, un concierto de campanas electroacústicas e instrumentos andinos que se desarrolló el miércoles 22 en la torre del patrimonial edificio El Telégrafo.
José Luis Jácome es un artista visual, editor, investigador, músico y gestor cultural ecuatoriano, con una licenciatura en Artes Visuales y una maestría en Fotografía y Sociedad en América Latina, carreras de pre y posgrado que cursó en la Universidad de las Artes. Su trabajo se desarrolla en los cruces entre archivo, memoria, ficción especulativa, tecnologías ancestrales, prácticas sonoras y editoriales experimentales.
Para su conferencia, José Luis Jácome señaló a InfoUArtes que, partiendo de la metáfora “Cosechar fragores” —entendida como la recolección colectiva de ruidos y estruendos que resuenan a través del tiempo—, en el mMAT expuso cómo las prácticas sonoras dejan de ser un depósito estático para transformarse en un ecosistema activo dentro de un territorio en resistencia y, por ende, eminentemente tecnopensante. “En este marco, se concibe la materia acústica como una herramienta de transformación humana donde el territorio opera como un crisol: un espacio geográfico y temporal donde confluyen y se interaccionan ideas, culturas y tecnologías diversas”, expresó.
Para sostener esta visión, el licenciado y magíster abordó el concepto de “esquizofonía” (la separación del sonido de su fuente original) formulado por el compositor canadiense R. Murray Schafer. Esta desarticulación acústica se vincula con la ciencia ficción como un dispositivo de viaje temporal: al grabarse y reproducirse, el sonido se independiza de su origen, desplazándose por el espacio-tiempo mediante la tecnología, conservando su impronta inicial, pero transformándose inevitablemente en el trayecto hacia una naturaleza etérea, fantasmal y cinematográfica.

Esta exploración se articula a través de dos proyectos clave del autor: Khipunk, propuesta que hibrida los quipus ancestrales —releídos como el primer ordenador o sistema de cómputo andino— con la estética del punk y subgéneros especulativos como el steampunk, biopunk y solarpunk etc. Y Ficto, espacio donde se desarrolla la idea del anarquismo científico equinoccial de Atahualpia; a través del uso de tecnologías descartables y vestigios en abandono, se vincula la tecnología radiofónica con proyectos rastreadores en desuso de la NASA asentados en territorio ecuatoriano.
Como síntesis, el artista invoca el pensamiento del radioartista japonés Tetsuo Kogawa: «…En mi interpretación, el arte posmoderno (el arte posterior al modernismo) comienza con la “basura” de Adorno. Su argumento defendía el “arte basura”. Pero considerando sus críticas a los medios de comunicación electrónicos de masas, como la radio y la televisión, podemos afirmar que el material más posmoderno, entendido como “basura”, serían las ondas de radio…»
Ciencia ficción, historia, mito y electro-acústica
Es miércoles 22 de julio y en el cuarto piso del edificio El Telégrafo, en cuya torre se encuentra un reloj de grandes dimensiones, José Luis Jácome presentó una experiencia sonora e inmersiva única: una composición experimental e inédita concebida para campanas, electroacústica y aerófonos andinos.
Bajo el título “Pisayambo”, el artista transdisciplinar la ejecutó con el acompañamiento musical del docente UArtes Roberto Moscoso y el estudiante Anthony Tandazo, a cargo de las campanas, resonancias y percusión metálica; y el también profesor de nuestra institución Luis Carlos Moreno, en los vientos y aerófonos andinos.
De “Pisayambo”, Jácome Guerrero señala que son dos sus relatos fundamentales: El hecho histórico/astronómico y El mito y la oralidad andina. El primero da cuenta de un misterioso informe de trabajo fechado el 22 de julio de 1970, el cual documenta el hallazgo de un meteorito metálico (siderito) de aproximadamente 200 kg en la vía Píllaro. Actualmente, este espécimen reposa en el Museo Geográfico del Colegio Nacional Bolívar de la ciudad de Ambato.
El segundo, hace referencia a la legendaria campana perdida en las profundidades de la Laguna de Yambo, la cual la tradición oral conecta de manera subterránea e hidrológica con la laguna de Pisayambo.

Anota también que la génesis narrativa del proyecto parte de un hecho documentado que transita la frontera entre el registro técnico y la especulación científica. Para el efecto, comparte la transcripción de un fragmento del mencionado informe de trabajo (con fecha julio de 1970): «…Por medio del presente, dejo constancia de la novedad ocurrida hoy, miércoles 22 de julio de 1970, a las cuatro de la madrugada. Mientras me encontraba operando el tractor para la construcción de la carretera Pisayambo – Guapante, en la vía a Píllaro, la cuchilla de la máquina golpeó una roca extremadamente pesada y rara. Era un bloque macizo que pesa, aproximadamente, doscientos kilos. Se nota a simple vista por su color negro intenso que es una piedra cargada de hierro, mostrando una densidad andina enorme. Lo más sorprendente ocurrió al limpiarla un poco: al darle un golpe en la superficie con una moneda que llevaba conmigo, el objeto soltó un eco metálico limpio y resonó idéntico a una campana de iglesia, prolongando el sonido por varios segundos…»
Esta «piedra-campana» o meteorito andino se convirtió en el detonante acústico e ideológico para explorar cómo la materia sideral y el paisaje territorial vibran en la misma tonalidad simbólica, precisó Jácome Guerrero. Agregó que la memoria colectiva de los comuneros más antiguos sostiene que Pisayambo posee una conexión subterránea directa con la Laguna de Yambo: un canal invisible que desafía la geografía superficial. Según la mitología local, una pesada campana que era trasladada por tren desde el Cuzco (Perú) hacia Quito cayó y se perdió en las profundidades de Yambo; sin embargo, años después, los objetos que caían en esta laguna aparecían misteriosamente flotando en las aguas de Pisayambo.
Durante los 22 minutos de duración de la obra —registrada en video y transmitida en tiempo real a través de la Radio UArtes—, el oyente es conducido por una atmósfera donde la tecnología no reemplaza al mito, sino que lo amplifica y reinterpreta.
El Meteorito: Jácome Guerrero estructura el eje compositivo a partir del registro fónico e impulsos acústicos (field recording) tomados directamente del meteorito exhibido en el Museo del Colegio Bolívar de Ambato. Esta sonoridad alimenta una síntesis electroacústica que actúa como hilo conductor sobre el cual transitan las demás capas idiofónicas y texturas envolventes.

Texturas y resonancia: Las campanas del sistema del reloj del edificio El Telégrafo, ejecutadas por Roberto Moscoso y Anthony Tandazo, recrearon la resonancia metálica, rica en armónicos no armónicos y de larga envolvente de decaimiento (decay) que describía el informe de 1970. Mediante el procesamiento electrónico en tiempo real a cargo de Jácome Guerrero (usando modulaciones, retardos y reverberaciones convolutivas), estos golpes metálicos evocaron tanto la densidad del meteorito de Píllaro como el tañido sumergido de la campana fantasma de Yambo.
La respiración andina: Luis Carlos Moreno aportó una dimensión orgánica y ceremonial a través de aerófonos andinos. Las melodías, multifónicos y soplos microtonales interactuaron dinámicamente con las capas sintéticas, simulando las corrientes de aire y la presión atmosférica de los páramos de Pisayambo, construyendo así un puente sonoro entre la litósfera andina y el firmamento.
Bajo la dirección de Jácome Guerrero, la pieza no operó como un concierto tradicional, sino como una investigación-creación viva basada en las prácticas artísticas contemporáneas del autor, las cuales transitan de forma fluida entre la ciencia ficción, la archivística y la narrativa especulativa.
El espacio arquitectónico del edificio El Telégrafo funcionó como una caja de resonancia histórica: un artefacto acústico dispuesto para invocar nuevas realidades. Pisayambo demuestra la potencia de las artes sonoras contemporáneas para rescatar la memoria documental y la cosmovisión andina. Al tomar un reporte técnico de infraestructura vial de hace más de medio siglo y cruzarlo con el mito ancestral, la propuesta de la UArtes trasciende el mero experimento acústico para consolidarse como un ejercicio de arqueología sonora y poética de los territorios tecnopensantes, concluyó José Luis Jácome.
Texto y fotos: colaboración de José Luis Jácome Guerrero, licenciado y magíster por la Universidad de las Artes.







