“Identidad costeña, memoria y territorio”. Fue la primera de las ponencias del XXVII Congreso Internacional de Ecuatorianistas y también la primera de las tres jornadas que tras su inauguración tuvo el encuentro académico del cual la UArtes fue su sede y coorganizadora. El tema lo abordaron Martha Murga, de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil; Silvia Álvarez, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB); y Marleen Haboud, de la PUCE/Ruhr Universität, Bochum/Programa de Investigación Interdisciplinaria Oralidad Modernidad.
Ubicados en el primer piso de la Biblioteca de las Artes y contando con la presencia de estudiantes, docentes, miembros de la Asociación de Ecuatorianistas y público en general, Marleen Haboud se refirió a la “Reivindicación y resistencia del Pueblo Cholo: de la estigmatización lingüística al reconocimiento político”. Acordé a la postulación de su temática, inscrita en la sociogeolingüística crítica, la ponente partió del análisis del lexema cholo (del kichwa chulu ‘mezclado’) con el fin de escudriñar algunas de las ideologías sociolingüísticas asociadas con dicho término.
Opera simultáneamente como categoría histórica de racialización y subordinación y como índice social de pertenencia y emblema de reivindicación, se indicó. Luego de contextualizar el área de estudio y la metodología utilizada, la presentación se focalizó en la tríada conceptual: geosocioracismo, transracialización y reindigenización estratégica.


En el análisis, su expositora indicó que como un término usado con valor peyorativo –cholo– se resignifica transformándose en bandera de lucha, resistencia, reclamación y justicia epistémica de todo un pueblo, frente a la invisibilidad oficial. Considero también los desplazamientos semántico-pragmático-discursivos de la palabra, así como las actitudes que lo acompañan, condensando procesos históricos de racialización, dinámicas contemporáneas de movilidad social y estrategias de resistencia convertidas en actos sociopolíticos transformadores que reconfiguran la identidad y los derechos del Pueblo Cholo en un Ecuador en permanente (de)construcción.
“Patrimonios del agua y bienestar: los jagüeyes como archivos de memoria y producción cultural en la Costa de Ecuador” fue el tema que abordó Silvia Álvarez, de laUniversidad Autónoma de Barcelona (UAB). El resumen de su ponencia indica que si bien en los estudios sobre tecnologías ancestrales se ha dado prioridad a las funciones que estas cumplen para resolver problemas de supervivencia de las poblaciones locales, poco se han analizado sus repercusiones existenciales en la calidad de vida y en la producción cultural de las comunidades.
Su propuesta fue resaltar cómo los sistemas de agua ancestrales denominados jagüeyes o albarradas, en la Costa de Ecuador, aportan al equilibrio psicológico de las personas al establecer una relación emocional que trasciende la utilidad técnica. Estos humedales artificiales funcionan como espacios de interacción social y de introspección personal donde los conocimientos prácticos y sensitivos se entrelazan. Entendemos los jagüeyes como paisajes construidos y archivos de memoria reivindicados hoy como elementos fundamentales de identidad.


Los testimonios reflejan que la relación con seres humanos y no-humanos –incluyendo concepciones sobre potencias sobrenaturales como los duendes que protegen el espacio común– provoca estados de bienestar y convivencia armoniosa. La percepción social de estos sistemas supera la visión dualista sociedad-naturaleza para incorporarse en marcos de sensibilidad y creencias propias. De este modo, las albarradas se consolidan como espacios de producción cultural viva, donde el patrimonio inmaterial y la gestión del entorno configuran respuestas contemporáneas a las necesidades de bienestar en el Ecuador actual.
Para su exposición, Martha Murga, de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, contó con la participación de David Macías Barrés como coautor de la investigación. El tema abordado fue “El habla como memoria sonora: prosodia e identidad lingüística del pueblo guancavilca de Santa Elena” y el ponente señaló que, en 1933, la novela “Don Goyo”, de Demetrio Aguilera Malta, inmortalizó la figura tutelar de los cholos del manglar elevándola a la categoría de figura fundadora de una ecuatorianidad arquitectónica. Sin embargo, casi un siglo después, la realidad sociopolítica mantiene a sus poblaciones invisibilizadas frente a la sociedad. En Ecuador, el reconocimiento de la identidad originaria depende casi inclusivamente en poseer un idioma ancestral.
Esta política obedece a lo que se conoce como esencialismo lingüístico. Es decir, que es la creencia de que la conservación de una lengua precolombina es una prueba válida y casi exclusiva de autenticidad cultural. A esto se suma una dinámica de discriminación que entrelaza lengua, territorio y clases social para minorizar y estigmatizar a las poblaciones y hablas. En tanto, el pueblo montubio logró su reconocimiento como manifestación lingüística, el pueblo guancavilca no ha sido reconocido como grupo étnico al carecer de este marcador lingüístico que se considera consistente y a la vez diferenciador con los peninsulares de Santa Elena.



Martha Murga, por su parte, sostuvo que la denominación popular de que el habla de los peninsulares de Santa Elena “suena cantadita” constituye una percepción sociolingüística reconocida en la Costa ecuatoriana, pero escasamente documentada. Dicha percepción no es un rasgo anecdótico, sino una memoria sonora que preserva la vitalidad identitaria del pueblo guancavilca frente a los procesos de homogeneización y al geosocioracismo que históricamente ha minorizado las variedades costeras.
A partir de un estudio de fonética experimental con hablantes nativos de zonas urbanas y rurales de Santa Elena, se caracterizan los patrones prosódicos (entonación, ritmo y variación del tono fundamental) mediante análisis acústico asistido con software especializado. El corpus, compuesto por relatos de experiencia personal, se triangula con discursos metalingüísticos de los hablantes, permitiendo contrastar la percepción del “cantadito” con datos empíricos verificables.
Al igual que los demás ponentes, Martha Murga se apoyó en diapositivas donde mostró rangos tonales y métricas rítmicas diferenciados, los cuales le permitieron argumentar que estos rasgos prosódicos funcionan como manifestaciones de agencia lingüística y producción cultural. La voz guancavilca se presenta no como un desvío de la norma, sino como una forma de habitar, resistir y transmitir memoria desde el territorio en el Ecuador contemporáneo.
Texto: Carmen Cortez/Dircom, con material proporcionado por los organizadores del XXVII Congreso Internacional de la Asociación de Ecuatorianistas. Fotos: Mike Punguillo/Biblioteca de las Artes.







