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“Estuve en la cárcel”: la experiencia inmersiva que “Nosotras” llevó al CIF

Una experiencia inmersiva dentro del Centro de Rehabilitación Social Femenino de Guayaquil, revisitando el archivo audiovisual generado entre 2018 y 2020, fue lo que propuso “Nosotras”, la instalación que se inauguró el 9 de mayo en la Galería del CIF, en el MZ14 Centro de Producción e Innovación UArtes, donde estuvo abierta al público hasta el sábado 11.

En su realización, producción y posproducción intervinieron 16 estudiantes de la Escuela de Cine de la Universidad de las Artes, así como un grupo de mujeres que durante los años mencionados se encontraban privadas de su libertad. La dirección y conceptualización de la propuesta estuvo a cargo de los docentes Priscila Aguirre y Raymi Morales, trabajo al que se sumaron los también profesores UArtes Diego Falconí, en la iluminación, Arsenio Cadena y Alicia Herrera, como asesora de arte.

Como antecedente, Priscila Aguirre trajo a la memoria que la obra deriva del proyecto de investigación “ATLAS: Laboratorio de creación e investigación cinematográfica”, cuyos orígenes se gestaron en el proyecto de vinculación con la sociedad e investigación “Reconstrucción de la Identidad Femenina en el Centro de Rehabilitación Social Femenino de Guayaquil” que se realizó en la cárcel de mujeres entre 2018 y 2020.

A través de la experimentación sonora y audiovisual, la instalación “Nosotras” propició en los visitantes un acercamiento a distintos sentires y pensamientos que atraviesan la experiencia de privación de libertad. Todo el material visual fue grabado en colaboración con sus protagonistas, buscando que, mediante sonidos e imágenes de la cárcel, cientos de voces traspasen los muros físicos y sociales.

Desde la opinión y el sentir del público

De cómo fue la instalación “Nosotras” y lo experimentado, dos estudiantes UArtes comparten sus apreciaciones. Eleinn Rivera, de la Escuela de Literatura, y Micaela López, de la Escuela de Cine, estuvieron en la inauguración; la segunda de las mencionadas, incluso, tomó nota de los sentires de compañeros, quienes, pidiendo el anonimato, expresaron lo que fue “estar en la cárcel”.

Eleinn Rivera: Una experiencia impactante que nos transportó a las entrañas de la cárcel de mujeres de Guayaquil. El ingreso a la instalación fue una recreación del también ingreso a la Penitenciaría, sumergiendo al espectador en un ambiente caótico y opresivo, donde cada detalle –desde ser sellados en el brazo con el mensaje “Estuve en la cárcel” hasta la disposición de dejar pertenencias personales en un librero– contribuyó a la sensación de vulnerabilidad y desorientación, pues no se permitió el acceso de celulares.

El documental presentado por trozos en las esquinas de la sala nos llevó a adentrarnos en el archivo audiovisual, generado en colaboración con las propias privadas de libertad entre 2018 y 2020. Este enfoque permitió que las voces y las imágenes de las protagonistas traspasaran los muros físicos y sociales de la cárcel, brindando una perspectiva única y auténtica sobre la vida dentro de esta institución penitenciaria.

Es especialmente relevante destacar el contraste entre la realidad cruda y desoladora de la cárcel –descrita con frases impactantes como “un cementerio de muertos vivientes” o “un lugar que huele a humedad del total abandono”– y la humanidad y la fuerza de las mujeres que habitan este espacio. La actuación de las estudiantes en el papel de las reclusas, rodeadas de colchones en el suelo y literas de metal, jugando cartas o adivinando el tarot, brindó una representación poderosa y conmovedora de la vida cotidiana en prisión, incluso en el tendedero de ropa resonaban historias como: la soledad la única que no te abandona y donde nos olvidan. En uno de los cortos, una mujer revelaba que la enjuiciaron injustamente por un asesinato porque así lo quiso Dios y porque el muerto estaba en el umbral de su puerta.

En un contexto donde la población penitenciaria es frecuentemente estigmatizada y marginada, “Nosotras” nos permitió una mirada íntima y empática hacia un lugar poco conocido y comprendido: la cárcel de mujeres. Este proyecto desafía las percepciones convencionales sobre la prisión, invitando a la reflexión y el diálogo sobre la justicia, la dignidad y los derechos humanos en el sistema penitenciario ecuatoriano.

Agudizando los sentidos

Micaela López: “Nosotras” dio la oportunidad a los espectadores de adentrarse y conocer lugares como la cárcel de mujeres, a los que no se puede llegar sin permisos previos y motivos.

Los sonidos fueron fundamentales en la obra, pues nos hizo sentir el ambiente, agudizándonos sentidos como la vista, el oído, el tacto e incluso el olfato, ya que (el lugar real objeto de la recreación) no tiene un olor agradable (y eso también se logró transmitir). Es oscuro y lúgubre, habitado por mujeres de distintas edades con distintos pecados (delitos).

La instalación “Nosotras” nos llevó a experimentar qué se siente ser prisionera. En lo personal, me sentí encapsulada, sentía que me faltaba el aire, me desesperaba, quería salir de ahí lo más rápido posible, los ruidos me perturbaban, no podía estar más en el lugar.

A continuación, las opiniones de cinco de los estudiantes que estuvieron y recorrieron la propuesta expositiva, y que pidieron mantener su anonimato: “Me pareció muy crudo, entiendo que esa fue la intención: sentir esa incomodidad; para nada estar dentro de la instalación me hizo sentir agradable, pero cumplió muy bien con el proceso de mostrar lo que ocurre”.

“Entrar en esta puesta en escena con cada detalle, cada objeto que cuenta una historia con un gesto de inhumanidad que sentí al principio –al entrar–, por el maltrato que reciben quienes acuden a visitar a una privada de la libertad, me hizo sentir parte de, sumando los testimonios que escuché. Los llantos es algo que solo el arte logra hacer posible. Fue un encierro más que todo mental”.

“Me cuestionó mucho la idea de nosotros como personas que llegamos a un lugar privado a invadir la privacidad del otro, con qué derecho revisas sus cosas, sus esmaltes, sus ropas, sus uñas con qué derecho”.

“Una experiencia demasiado fuerte e incluso real, una de las habitaciones a las que entré tenía un olor desagradable, seguramente el mismo que tienen los centros para los privados de libertad”.

“Primero ves la verdad de cómo funciona una cárcel latina, no es como te las pintan. Se ve a las personas tras las rejas como si fueran animales encerrados dentro de un zoológico. Me pareció denso verlos entre las rejas y ver cómo es su vida. Me sentí mal y consciente de cómo es vivir dentro de una cárcel, me abrió los ojos ver cómo el sistema carcelario está como está”.

Fotos: Carla Santana y Micaela López, estudiantes en PPP/Dircom UArtes

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