En la inauguración “De letras y anclajes”

“Pretender controlar las fuerzas del todo, el ímpetu del caos y el aura de generaciones que han habitado las calles, es un imposible. Un salto al vacío. Esta séptima edición de ‘Arte, mujeres y espacio público’, marca un encuentro con la dimensión política y ritual del arte de calle”. Es el texto de sala de la muestra “De letras y anclajes”, curada por la docente titular UArtes, María Fernanda López, inaugurada el viernes 22 de mayo en su tercera y última jornada en la Galería del CIF del MZ14 Centro de Producción e Innovación, donde permanecerá hasta el 18 de junio próximo.

Mafo López, como se da a conocer artísticamente, es la mentalizadora y organizadora de la cita, lo cual realiza con el apoyo de la Universidad de las Artes. En el CIF, de la muestra se observa “un conjunto de caligrafías que se resisten a entrar en la lógica capitalista que exalta la bondad estética, la forma complaciente y el deber ser del arte”. A la apertura de la exposición asistió no solo la comunidad universitaria, sino un público diverso que experimentó el trabajo de artistas urbanos locales y de la internacional Eneri, procedente de Sao Paulo, Brasil, considerada –según destacó la curadora– como “una de las mujeres más influyentes de la cultura urbana global”.

Junto a ella, Dunia con su estilo vandal, el pixo andino y la sonoridad popular, desde Cuenca. El caligraffiti de Amy Jaramillo, artísticamente Bananita, representando a la escena local que resiste en los muros y la gestión. Desde Quito, tirando línea y placa Lin, así como los locales Yinsu 96, Pley 109 y Baxter 42 con el chapeteo, una herencia caligráfica guayaca única en su especie.

El chapeteo es la escritura endémica de Guayaquil. Más allá de su estética, esta expresión visual es el reflejo de una generación marcada por la crisis económica, el éxodo masivo y la búsqueda de identidad. Es mucho más que un estilo de graffiti; es una caligrafía orgánica y exclusiva de la urbe porteña.

A nivel visual, sus rasgos comparten similitudes con expresiones urbanas de impacto internacional, como la pixação brasileña, los característicos “ganchos” de Monterrey o las “flechas” originarias de España. Sin embargo, su ADN es netamente guayaquileño, expresó la curadora de la muestra, quien comparte la docencia en la UArtes con la investigación y la gestión cultural.

Agregó que, aunque diversas investigaciones de colectivos urbanos apuntan a que los primeros vestigios de esta escritura surgieron a finales de la década de los ochenta, el movimiento cobró una fuerza sin precedentes durante uno de los episodios más duros de la historia ecuatoriana: el feriado bancario y la posterior dolarización a principios de los años 2000.

En el análisis de los inicios del chapeteo, Mafo López mencionó también la debacle económica que obligó a miles de padres de familia a migrar al extranjero en busca de oportunidades, dejando atrás una estela de hogares fracturados. Como consecuencia, una gran cantidad de niños y adolescentes quedaron al cuidado de abuelos, tíos o familiares lejanos. Este vacío afectivo, sumado a la sensación de soledad, impulsó a los jóvenes a buscar refugio y pertenencia en las calles.

Fue en este contexto de abandono estatal e inestabilidad económica que los jóvenes comenzaron a agruparse. Lo que en sus inicios nació como pandillas con un fin afectivo y de hermandad, eventualmente evolucionó hacia otro tipo de dinámicas sociales. No obstante, en medio de ese proceso de supervivencia comunitaria, el chapeteo se consolidó, dijo.

Hoy en día, esta escritura sobrevive en las paredes de Guayaquil no solo como un rasgo de la cultura callejera, sino como un archivo histórico visual. Es el grito de una generación que tuvo que inventar su propio lenguaje tras ver a sus familias partir. “Esta no es una exhibición”, expresó en la inauguración la docente UArtes, asegurando que era un ritual, “una acción de gracias por todas nuestras hermanas que han transgredido el orden desde tiempos inmemorables. Esto es un rezo, un altar y un legado. Lo me que ancla. Lo que me inspira. Ayer hoy y siempre, la calle”.

En su texto curatorial, añadió que las letras están ahí y es necesario analizarlas en el contexto académico, “como memoria y no como exotización, sino como un análisis de lo que está pasando en la ciudad contemporánea para las nuevas generaciones. Es como una antropología contemporánea y lo que nosotros hacemos es una arqueología del futuro. Al poder revisar estos patrimonios contemporáneos estamos abriendo camino para los investigadores que vendrán y van a tener un archivo de estas escrituras en Guayaquil”.

De Eneri en la Galería del CIF está la intervención “La calle es magia” en una dimensión muy ritual porque en esta séptima edición de “Arte, mujeres y espacio público” también se visualiza a la calle “como un ritual, como algo sagrado, como una dimensión afectiva que no se ve”.

Amy Jaramillo, Bananita, hizo una intervención de caligrafía y se la llevó muy duro porque estuvo también en la producción y en la línea gráfica y comunicacional como gestora cultural de Gato Negro, anotó López, destacando la participación colectiva de quienes estuvieron detrás del encuentro de este proyecto sostenido de investigación, producción, circulación y revisión de prácticas creativas liminales, periféricas, marginales o abyectas.

Texto: Carmen Cortez/Dircom. Fotos: Rocío Martínez/Dircom y cortesía de la producción de “Arte, mujeres y espacio público”.

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